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Crítica de Antoched


Antoched
02 septiembre 2019
Lauren Oliver es una de mis autoras favoritas desde hace 6 años más o menos cuando la descubrí al leer Before I fall. Se robó mi corazón desde entonces y fue una de las autoras que impulsaron mi gustito por los dramas juveniles y por las Unlikable Female Protagonists. Amo el estilo de esta mujer aunque siento que a veces se censura un poco con los finales (Pánico y Vanishing girls podrían haber sido re turbios y me dejó a medias ahí). Y Delirium fue con lo que se hizo más conocida mundialmente, así que RE quería leer esta trilogía aunque tenía un poco de miedo porque el hype juega en contra. Pero... qué me pareció Delirium entonces? Les cuento!
Empecé el libro con todo el entusiasmo del mundo, amé reencontrarme con su pluma y los primeros capítulos me tuvieron intrigada y emocionada. Pero medio se fue desinflando la cosa cuando vi que la historia avanzaba a su ritmo como los días de verano, sin muchos hechos impactantes salvo algunas excepciones. Me sorprendió que siendo una distopía, en teoría, no pasaran cosas super turbias y chocantes como acostumbran otros libros del género que salieron durante el boom. Aunque no me malinterpreten, no es todo color de rosas en este Estados Unidos Oliveresco. El problema acá radica en que el amor fue declarado una enfermedad, la más peligrosa y letal de todas y encontraron la forma de curarla, salvar a la población del amor deliria nervosa como la llaman. La solución es sencilla, cuando cumplen 18 años todos los ciudadanos deben pasar por el procedimiento donde serán curados de esta enfermedad. No pueden ser tratados antes porque es una operación riesgosa y suele tener consecuencias graves si se opera en personas más jóvenes. Además la sociedad tiene sus normas y forma de organizarse, emparejan a las personas curadas según cómo les va en los exámenes que les hacen en una especie de matrimonio arreglado. Pero los curados actúan como robots, porque una vez los operan parecen no tener más sentimientos de ningún tipo, así que no sienten cariño alguno por sus familias, amigos, nada... esos vínculos se toman más como un deber. Y existen vigilantes que andan al pendiente de posibles infectados o simpatizantes, las ciudades están amuralladas y fuera de ellas es territorio salvaje donde dicen que viven los inválidos, aquellos que no pertenecen a ninguna ciudad y están seguramente infectados por el amor deliria nervosa.

Mis primeras impresiones al adentrarme en este mundo fue que era todo muy exagerado, onda se dedicaron a curar el amor por ser la enfermedad más peligrosa y letal pero no curaron el cáncer que sigue matando a las personas irremediablemente. Y también tienen serios problemas energéticos que se mencionan en hechos como el ahorro de energía que deben realizar, el no desperdiciar el agua o que casi no se utilizan vehículos de ningún tipo o los que lo hacen son aquellos más pudientes e incluso la gente acomodada tiene autos en sus jardines a modo de decoración ostentosa.
También se me ocurrió que la cura del amor fue una forma excelente de mantener a la población controlada, asegurarse que no haya rebeldes, opositores, agitadores y cosas así. El control que existe en esta sociedad es notable, aunque lo dan por hecho, como si los estuvieran protegiendo.

Fuera del mundo hay que hablar de la historia principal, acá tenemos a Lena, nuestra protagonista. Lena tiene 17 años y está contando los días para ser curada, no ve las horas de que le practiquen el procedimiento y quedarse tranquila de que no sufrirá peligro de contraer la enfermedad. El miedo de Lena radica en la historia de su familia, su madre estaba infectada y le tuvieron que practicar el procedimiento varias veces porque fallaba. Y su hermana mayor también contrajo la enfermedad cuando tenía más o menos la edad de Lena. Y a pesar de que Lena quiere ser curada, ser normal y cortar con la tradición familiar tiene sus momentos de duda. Esto empieza a notarse durante su evaluación donde se sale del guión que tenía estudiado y responde de forma honesta algunas preguntas de los evaluadores, lo que levanta algunas señales de advertencia. Hasta que ocurre un accidente en los laboratorios que interrumpe el examen y ahí ve por primera vez a un muchacho riéndose de lo que ocurre y que le guiña el ojo. Este muchacho, llamado Alex, no tarda en volver a aparecer despertando la curiosidad de Lena y su espíritu rebelde. Y como es de esperarse, Lena se termina enamorando de él. En un mundo donde el amor es una enfermedad y está prácticamente prohibido, estos jóvenes tendrán una especie de romance de verano bastante intenso que le revela muchas verdades a Lena.

No cuento más nada y quiero hablar de otras impresiones que me fue dejando la historia. Empecemos por la mejor amiga de Lena, en un principio me hacía mucho ruido la relación de ellas dos porque Lena tiene bastantes inseguridades y medio envidia bastante a Hana. Incluso es un poco mezquina y deshonesta con ella, no le dice la verdad de lo que piensa o siente y su relación empieza a enfriarse casi al mismo tiempo que Alex aparece en escena. Por suerte hacia la mitad de la novela se sinceran y su relación se vuelve más unida y cómplice, lo que me dejó un poco más tranquila porque lo poco que conocemos de Hana me gustó y la chica se ganó todo mi aprecio.
Otro tema, la madre de Lena es todo un gran misterio. Lena nos cuenta numerosas anécdotas sobre cómo era su madre, las cosas que hacía, la madre cariñosa que era (algo que parece tonto pero recuerden que es un mundo sin amor así que por lo visto querer a tus hijos está mal visto) y el destino que corrió nos deja varias dudas. Así que tengo unas ganas tremendas de leer la historia corta sobre ella porque me hice un par de teorías sobre ella que necesito comprobar.
Un tema que discutimos con las chicas que me acompañaron durante esta lectura radica en las fallas de esta sociedad. Cómo hacían los curados para criar a sus hijos, chicos que aún tienen emociones, que no son unos robots como ellos? Hay una leve mención sobre que algunos padres llegaban a asesinar a sus hijos porque sí, porque no sentían cariño alguno por ellos. Y si bien la sociedad no tiene emociones, en teoría, la maldad sigue imperando y no se la ve como tal. Los reguladores, una especie de vigilantes civiles, son bastante violentos y densos con el tema de descubrir posibles simpatizantes o infectados. Hay un capítulo donde hacen una redada y van chequeando algunas casas para asegurarse que todo esté bien y como el perro de los vecinos ladraba mucho lo muelen a golpes y lo dejan tirado en la calle moribundo, me dolió un montón este hecho pero es significativo para Lena que empieza a notar estas cosas. A esto le sigue durante el mismo capítulo la redada que hacen los reguladores en una fiesta clandestina donde no les tiembla el pulso para moler a golpes a los que se encontraban ahí y tirarles a los perros también, esa escena es sumamente violenta y da pavor. Hay un par más de escenas que nos espantan un poco por el lado oscuro de esta sociedad.
Y el final! Los último capítulos tienen algunas revelaciones sorpresivas y toda la parte final medio te mantiene comiéndote las uñas con lo que puede llegar a pasar. Me parecieron re exageradas las escenas finales pero las últimas dos páginas son todos los feels y, cómo no, la Oliver lo hizo de nuevo y terminé este libro emocionada y lloriqueando.
Ahora tengo más ganas de tirarme de cabeza a leer las historias cortas antes de empezar el segundo porque necesito algunas respuestas y después estaré lista para el sufrimiento que doña Oliver me quiera tirar.
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