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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
08 junio 2018
Ya os hablé de mis retos atemporales en otra entrada y, quien decidiera pasarse por el enlace que puse, vería que uno de ellos es leer todos los libros de Agatha Christie desde el principio y por orden. No hace falta que hagáis cuentas, os lo digo yo: más de 70 libros, cuentos incluidos. Me está dando la risa floja (literal) mientras lo escribo. Casualidades de la vida, decidimos hacer este reto casi al mismo tiempo Nitocris (Un libro en un tris) y yo... pero ella es mucho más aplicada y acaba de reseñar el tercero, así que he decidido ponerme las pilas y empezar de una vez por todas. Encima, este primer libro, El misterioso caso de Styles, ya ha salido en las nuevas y preciosas ediciones de Espasa, así que era la excusa perfecta para hacerme con ella (mentira, soy compradora librera compulsiva, no necesito excusas).

Styles, aunque el título en castellano pueda dar lugar a confusiones, no es una persona, sino una mansión. A este hogar, propiedad de los Cavendish, llega el joven Arthur Hastings mientras está convaleciente y disfruta de un permiso en el frente. La acción se sitúa durante la Primera Guerra Mundial, y aunque la contienda tiene lugar muy lejos, repercute en mayor o menor medida en el día a día de los ingleses, y el hogar de los Cavendish no es menos. En la mansión viven un número variopinto de personas: la dueña, su joven y recién estrenado marido, su secretaria y amiga desde hace años, sus dos hijastros, la esposa de uno de ellos, una sobrina, varios criados... y encima un toxicólogo pasa por allí de vez en cuando. En resumen, muchos posibles sospechosos entre los que elegir cuando la señora de la casa muere a la vista de buena parte de ellos de un aparente ataque al corazón que, como podréis suponer, tiene más bien pinta de asesinato. ¿Y quién vive en ese mismo pueblo como refugiado belga, siendo además un viejo conocido del bueno de Hastings? ¡Ese mismo que pensáis! ¡Hércules Poirot! Y si Poirot is in town, el culpable no tiene la más mínima posibilidad.

Parece mentira que un personaje con el recorrido y la fama de Poirot, y que llegó a protagonizar nada menos que 33 libros, naciese de la primerísima novela publicada por Agatha Christie, pero así es, y en cuanto aparece ya tenemos la descripción física que le ha hecho célebre:

"Poirot era un hombrecillo con un aspecto fuera de lo común. Mediría un escaso metro sesenta de estatura, pero su porte era muy digno. Su cabeza tenía la forma exacta de un huevo y acostumbraba a inclinarla un poco hacia un lado. Llevaba un bigote engominado de aspecto militar. La pulcritud de su atuendo era increíble: dudo que una herida de bala pudiera dolerle tanto como una mota de polvo. Sin embargo, este curioso personaje, que por desgracia ahora padecía una acentuada cojera, había sido en sus tiempos uno de los miembros más destacados de la policía belga."

Además de su apariencia también tenemos ya muestras de sus excentricidades, de su exasperante costumbre de guardarse todo lo que averigua y no decir nada a las claras, de sus intentos por hacer que Hastings (y, por ende, el lector) llegue a la mismas conclusiones que él teniendo los mismos medios e información para hacerlo... Esos mon ami! ya forman parte de la historia de la literatura, y Poirot, un excéntrico extranjero, la antítesis de Sherlock Holmes, se convirtió en el rey de la novela de detectives británica.

No sé hasta qué punto es conocido el modo en que nació esta primera trama de Agatha, pero por si acaso aquí va una breve explicación. Christie trabajó como voluntaria durante la Primera Guerra Mundial como dispensadora de medicamentos en un hospital pero, además de eso, se pasaba horas y horas en la farmacia de su Torquay natal observando al farmaceútico hacer las mezclas para obtener las medicinas, fascinada por el hecho de que un ingrediente añadido al final pudiese convertir esa misma sustancia en venenosa. Comenzó a rondarle la idea de escribir una novela de detectives en la que el veneno fuese el arma homicida, y su hermana Madge le retó a idear una historia en la que el lector, con las mismas pistas que el detective, pudiese descubrir al asesino. Agatha tardó cuatro años en pulir esa novela, y el resultado fue el que hoy reseño, El misterioso caso de Styles. No fue un éxito de la noche a la mañana pero se vendió bastante bien, y sentó las bases de la Golden Age.

¿Qué bases son esas? La mansión en la campiña como lugar cerrado y aislado en el que cometer el asesinato, un buen puñado de sospechosos reducido a los habitantes o visitantes de esa mansión, secretos de los personajes, relaciones entre ellos que en principio se desconocen, testamentos, mapas para que nos situemos en la mansión... y un detective que marque la diferencia, que sea peculiar, que sea agudo pero que además cale y empatice con el lector. Todos esos elementos ya están en esta novela, y a partir de ella vinieron todas las demás (las suyas y las de otros autores).

Hastings es el otro personaje agathiano que ya conocemos desde esta primera historia. Narrador en primera persona de la trama, es un treintañero enamoradizo que se deja embaucar fácilmente por las jovencitas atractivas y que, en este primer caso en el que colabora con Poirot, todavía no sabe muy bien qué pensar del belga. A ratos le parece que está loco, a ratos le parece un genio, a ratos se enfada con él porque menosprecia sus teorías y está seguro de que son buenas... duda, duda mucho de que Poirot realmente siga conservando todo aquello que le hizo célebre en la policía belga, pero resulta evidente que al final del libro sus caminos quedan entrelazados para siempre y es el comienzo de este duo que, de primeras, puede sonar a algo parecido a Sherlock y Watson, pero que tiene sus propias reglas e idiosincrasias.

No os he contado mucho de la trama, ¿no? Es que no debo hacerlo. Christie lo plantea muy claro: tenemos una persona que muere asesinada, tenemos al menos seis sospechosos de ese asesinato, tenemos los movimientos previos al momento de la muerte de todos esos sospechosos, tenemos varios móviles factibles para el crimen... ahora solo falta averiguar en qué sustancia se escondía el veneno, quién tuvo la oportunidad de ponerlo ahí y qué motivo tenía para usarlo contra la fallecida. Mes amis!, la dama del crimen quería que trabajásemos las células grises, y no seré quien dé pistas sobre la trama que os faciliten el trabajo. Quien quiera saber qué pasa en Styles, ya está tardando en agenciarse el libro :)
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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