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AlmaLectora
 02 diciembre 2019
Una edad dificil de Anna Starobinets
Hoy nos encontramos ante un libro de relatos del cual había oído hablar bastante. Decidí leerlo en octubre tanto para la iniciativa de #leoautorasoct como para las lecturas de terror. Pero estos relatos más que de terror son perturbadores y hacen reflexionar sobre temas actuales y posibles futuros.



Este libro se compone de diez relatos entre los que se encuentran el que da título a la obra y se nos cuenta la historia de una pareja de gemelos de diferente sexo viven felices con su madre hasta que el chico empieza una transformación tanto física como de carácter.También tenemos el que sucede en un Moscú postapocalíptico una mujer intentar rehacer su vida con un clon de su marido fallecido. O el de  un pasajero de tren descubre que su vida no es la que recuerda sino que otra familia le reclama.  Y el de un mediocre hombre a quien se la para el corazón, sigue haciendo vida normal hasta que se certifica su defunción tras lo cual al estar legalmente muerto todos sus conocidos le hacen el vacío. Hay otros textos pero estos son los que más me han gustado. 



Todos tienen influencia de otros autores como puede ser King, K. Dick o el mismo Kafka. Pero la autora le da su toque personal que me dejo después de la lectura de cada uno de los relatos con un sabor de boca bueno pero al mismo tiempo amargo. Fue una lectura lenta porque al terminar cada relato me tenía que parar. No podía leer más de dos relatos el mismo día porque te absorben energía, se llevaban pedacitos de mi. Pero es el tipo de relatos e historias que a mi me gustan leer. Los que te hacen pensar, los que no te dejan indiferente tras su lectura. Y estos relatos lo han conseguido. Además que en ningún momento sabías como iban a desarrollarse o terminar cada historia por lo que me mantenían en constante tensión.



En conclusión, un libro de relatos que he disfrutado mucho. Cada relato me ha dejado su poso. Ha sido una lectura intensa, perturbadora y que me ha mantenido en tensión de principio a fin de cada relato. Y es que la autora tendrá influencia de autores "clásicos" de género pero a sus historias les sabe dar un toque personal que atrapa al lector. Sin duda repetiré con la autora.
Enlace: https://almalectora.wordpres..
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Inquilinas_Netherfield
 30 octubre 2019
Una ciudad asediada de Margaret Oliphant
El año pasado hice un especial de Halloween reseñando cuatro clásicos que, por diversas circunstancias, pudieran encuadrarse en estas fechas, y este año he decidido repetir experiencia. Siempre escojo alguna obra que sea conocida pero, por lo demás, suelen ser libros que pasan bastante más desapercibidos porque de eso se trata, de darlos a conocer. Intentaré que sean reseñas lo más breves posibles (spoiler... en esta no lo he conseguido...) tanto por vosotros, que no se os haga pesada la semana, como por mí, porque me ha pillado en una época en la que por falta de tiempo realmente tengo que hacer un esfuerzo extra muy grande para traer tanta entrada al blog. Al tajo.



Hoy, como habréis visto, os traigo Una ciudad asediada. Margaret Oliphant es de esas autoras victorianas con las que me he propuesto ponerme muy pesada en el blog, aunque muy a mi pesar está claro que no interesa demasiado a las editoriales españolas. A principios de año ya reseñé Lady Mary, una novela corta que ya tenía como protagonista a una fantasma y que bien podría leerse también por estas fechas. Para esta semana tenía en la estantería otras dos historias de esta autora que podían ajustarse al tema y me decidí por Una ciudad asediada y, aunque la historia no ha ido por donde yo pensaba que iría (la sinopsis tiene mucha culpa... la alusión al antecedente zombi despista bastante), me ha gustado muchísimo igualmente.



Estamos en Francia, en un pequeño pueblo amurallado de la Alta Borgoña llamado Semur. La historia comienza con las afirmaciones de algunos de sus habitantes donde dicen que su Dios es el dinero, que el otro Dios no les da de comer ni les sirve para gran cosa, y ante este credo impío no deja de escucharse la frase "si los muertos se alzaran de sus tumbas...". Y de pronto la oscuridad se cierne sobre Semur, el caluroso verano se torna en un frío y una negrura que ni siquiera han visto en invierno, no hay luz ni de día ni de noche y los que vienen de fuera y cruzan las murallas dicen que fuera todo es normal, que estas tinieblas solo afectan a Semur... entonces se empieza a sentir una multitud rodeando las murallas, una multitud invisible que sin embargo roba el aliento y aprieta como miles de seres humanos congregados en poco espacio, y empiezan a aparecer advertencias clavadas en la puerta de la catedral en las que los muertos ordenan a los vivos que abandonen la ciudad, pues ya no son dignos de vivir en ella. Una mañana ese ejército espectral e invisible traspasa las murallas y, educadamente pero con firmeza, empuja a cada uno de los habitantes de Semur fuera del pueblo y, cuando no queda nadie en él (casi nadie), cierra las murallas y toma posesión de lugar. Los seres vivos quedan fuera, desconcertados bajo un sol veraniego resplandeciente, sin saber todavía muy bien qué ha pasado ni lo que se espera de ellos; las almas de los muertos quedan dentro, rodeados de una nebulosidad negra y opaca, y no piensan volver a abrir las puertas de la ciudad hasta que los seres vivos de afuera comprendan lo que se espera de ellos.



Lo primero que hay que dejar claro sobre esta obra es que es una historia de fantasmas, pero no es una historia de terror. Oliphant tenía una visión del Más Allá muy particular e incluso criticaba el susto fácil y el abuso del horror angustioso, así que en sus escritos huía de eso. Sí que tenemos un suspense con un tono gótico muy acusado en las primeras setenta páginas, hasta que se produce la expulsión de los habitantes de la ciudad. La ciudad se ve envuelta en tinieblas, se siente una poderosa presencia extraterrenal que abruma, los habitantes pierden su libre albedrío hasta que se ven fuera de las murallas, y ni esas personas ni los lectores tenemos ni idea de qué quieren esos fantasmas, sus intenciones, si les van a hacer daño o por qué han decidido tomar la ciudad. A partir de esa expulsión el tono cambia, o más bien se retira la cortina y Oliphant descubre su pretensión inicial, y por eso nos encontramos ante una fábula que, sin resultar moralista ni pretender adoctrinar, se adentra en el terreno del "si sigues haciendo esto, te puede pasar esto". ¿Os suena a un tal Dickens y su Canción de Navidad? Sí pero no... sí, se adentra en esa línea, pero no van por ahí los tiros: la historia de Oiphant enfrenta conceptos mucho más espirituales y mucho más propios de la sociedad victoriana en que vivía.



Pero repito, que nadie extraiga de lo que digo que este es un cuento con moraleja porque nada más lejos de la realidad. Más bien al contrario, el poso que deja el libro no es ni mucho menos esperanzador porque los seres humanos tenemos muy mala memoria y tendemos a repetir nuestros errores una y otra vez. La visión de Oliphant es que la vida terrenal transcurre paralelamente a la espiritual, que las almas de los muertos conviven con nosotros y saben de nuestras flaquezas, que los vivos somos incapaces de ver más allá de nuestras narices y que los muertos se desesperan porque son incapaces de transmitir su mensaje de manera que los vivos lo entiendan. La narración está impregnada de desilusión y frustración por ambas partes, los expulsados y los invasores, por esa incapacidad de comunicarse, y porque el final que desean unos y otros es totalmente diferente y, por tanto, imposible de alcanzar de tal modo que todos queden satisfechos.



Oliphant usa varios narradores para contar la historia, y aunque la voz cantante la lleva el alcalde de Semur, Martin Dupin (no creyente y, por tanto, alejado en su narración de diatribas religiosas), también conoceremos cómo transcurren esos días para las mujeres y los niños (que emigran en bloque a la casa de verano del propio Dupin) o para Lecamus, el único ser vivo que queda dentro del pueblo cuando se cierran las puertas y que ejercerá de emisario de las almas invasoras. La narración es característica de la autora: muy rica, a veces incluso florida, pero nada pedante ni rimbombante. Oliphant necesitaba escribir para vivir y alimentar a su familia y su obra es muy, muy numerosa, pero eso no se traduce en absoluto en prosa facilona o vulgar ni en una historia frívola o liviana. Más bien al contrario; las descripciones son precisas, muy sensoriales y sugerentes (en ocasiones, cuando empiezan a repicar esas campanas ocultas por la negrura, o cuando sienten esas ráfagas de aire cada vez que un espíritu pasa junto a ellos, te pone los pelos de punta), y sobre todo trabaja mucho el aspecto humano, con sus dudas, sus miedos, su agotamiento, su desconcierto, su necesidad de ver, saber, conocer y su impotencia cuando sus recursos y capacidades se demuestran limitados para hacerlo. Se preocupa por los personajes tanto como por envolver la historia en un tono evocador, y abre muchos frentes, muchos más de los que yo puedo abarcar aquí sin extenderme mucho más de lo aconsejable, que invitan a reflexionar sobre la época en la que fue escrita la historia, la propia sociedad británica (por mucho que aquí se la lleve a Francia) y la conexión espiritual con nuestros muertos.



Así pues, y por ir finalizando, estamos ante una ghost story, pero al estilo Oliphant, en la que hay fantasmas (muchos, un ejército), pero vienen en son de paz: solo quieren transmitir un mensaje, hacer recapacitar a los habitantes de esa ciudad, y la única manera de conseguirlo es sacarlos de sus casas y forzarles a comprender qué está ocurriendo y qué se quiere de ellos. Otorga a la historia un realismo que no se discute, como si un ejército invasor de almas fuese algo plausible. Y por muy curioso que pueda parecer, la invasión fantasmal se solapa y convive con la rutina diaria tanto de los hombres que quedan fuera de las murallas como de las mujeres y niños que se alojan en una casa de verano, lo que dota a la historia de la inevitable pátina de costumbrismo habitual de la época en que fue escrito. Por si todo esto fuera poco, aún va más allá y realiza una crítica social sobre lo que creemos que somos y el lugar que creemos que ocupamos en la escala social, sobre la hipocresía, la incapacidad de asumir nuestras faltas y lo poco confiables que somos. ¿Historia de fantasmas? Sí. ¿Historia de terror? No. Inquietante sobre todo en el primer tercio, pero que nadie se acerque a ella buscando pasar miedo. No es lo que pretendía la autora.



Esta reseña se queda muy corta para todo lo que me gustaría contar, y aun así ya no he cumplido con la brevedad prometida al principio y me he pasado de extensión (tengo un problema para abreviar, ya lo sabéis... no tengo el don de la concisión). En cualquier caso, quien se haga con el libro y lea el magnífico prólogo de Jesús Palacios comprenderá el alcance total de la historia en todas sus vertientes (aunque aconsejo leerlo después de haber leído el libro, no antes). Palacios sintetiza con genio en pocas páginas tanto las circunstancias que rodearon la desgraciada vida de la autora como su visión de las ghost stories que le dieron fama. La traducción es del escritor Jon Bilbao, y la edición corre a cargo de Fábulas de Albión, sello de la editorial Nevsky que no tengo muy claro si a día de hoy sigue publicando o no, pero este libro en concreto, aunque consta como agotado en su web, todavía se puede encontrar y comprar sin problemas.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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macarenamamone
 05 junio 2019
Una edad dificil de Anna Starobinets
Hay cuentos excelentes y otros que no me convencieron del todo, pero hay que admitir que esta mujer escribe increíblemente bien. Crea unos mundos que parecen, en un principio, cotidianos, banales, pero que se van deformando poco a poco hacia lo extraño, hacia lo absurdo. “Una edad difícil” y “Vivos” son excelentes por donde se los mire. Quiero leer más de esta autora ya
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