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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
30 October 2023
Siempre digo que me tomo la lectura de los libros de Josephine Tey con tranquilidad para darle tiempo a Hoja de Lata a que vayan sacando sus libros, y de que me he querido dar cuenta ellos se han puesto las pilas a base de bien y yo me he quedado en la babia, taza de té en mano y contemplando las musarañas... pero vamos, que tampoco supone un problema, si lo sigo racionando así de bien tengo Tey para mucho tiempo. El caso es que este año le tocaba a Un chelín para velas, el segundo caso de mi adorado y venerado inspector Alan Grant, y he disfrutado de él y de la trama tanto como siempre.

La historia comienza con la aparición de una joven muerta en traje de baño en un paraje conocido como la Hondonada cerca de un pueblecito llamado Westover... No lleva documentación encima, pero aparece otro personaje, un joven llamado Robert Tisdall, que dice conocerla, que es algo así como su casera, pero que no tiene ni idea de cómo se llama. El bombazo cae cuando se descubre que se trata nada menos que de Christine Clay, estrella de cine que había llegado a Inglaterra para protagonizar tres películas. Más extraño se vuelve todo cuando nada parece indicar que la muerte no sea accidental salvo un botón enredado en su pelo. ¿Ha sido asesinada? Pues tiene toda la pinta, pero lo de apuntar a un sospechoso claro está complicado porque no parece que nadie la quisiera mal pero tampoco que su muerte haya haya dolido demasiado, y encima la prensa sensacionalista no piensa desaprovechar el filón y no da ni un respiro a la policía. Por si faltaba algo, una médium famosa entre la alta sociedad predijo su muerte un año atrás. al final las papeletas apuntan al señor Tisdall, pero el inspector Grant no lo tendrá fácil para desenmarañar un caso enrevesado en el que las cosas no terminan de encajar. Menos mal que tendrá la ayuda ocasional de una jovencita de diecisiete años tan peculiar como, afortunadamente, tozuda cuando cree en algo... o en alguien.

Pues ya tenemos aquí a mi maravilloso inspector Grant, de esos personajes de los que estás medio enamoriscá (me encanta este palabro) y que, como sabes que tienen una duración determinada y los libros que protagoniza son los que son (seis nada más, si no me equivoco... porca miseria), lo vas espaciando para saborearlo más y durante más tiempo. Lo conocí en La hija del tiempo (fue la primera novela que leí de la autora y sigue siendo mi favorita, os hablé de ella aquí) hace ya unos seis años y ahí perdura mi amor, constante como las estrellas en el firmamento y perdurable como mi falta de motivación para dejar el chocolate.

Como digo al principio, Un chelín para velas es la segunda novela protagonizada por Grant (la primera la publicó Hoja de Lata el año pasado... ya tenemos las seis en castellano, si no me equivoco, aunque hayan salido desordenadas), y la he disfrutado un montón. En realidad con Josephine Tey voy sobre seguro, es de esas autoras que están en mi zona de confort y con quien sé que no hay peligro de una mala lectura. Desde el comienzo de la novela ya empieza a campar a sus anchas esa socarronería elegante tan británica, ese flow que tienen muchos libros de la época que te ponen la sonrisa en la boca por el modo que tienen de contar las cosas y la gracia con la que describen el típico carácter inglés con sus manías e idiosincrasias y la flema con la que se enfrentan a cualquier situación, por muy desagradable que sea. ¿Que hay un cadáver en la Hondonada? Joer, es que estos turistas ya podían irse a palmarla a cualquier otro sitio, bastante tienen ellos ya con lo suyo. Y sí, estamos ante una novela de misterio, hay un asesinato y hay que cazar a un asesino, pero ese tono cozy, amable, salpimentado de humor y ligero (en el sentido más positivo de la palabra) no desaparece en ningún momento. Muchos libros de las décadas de los 40 y 50 intentaron esta mezcla tan variopinta, no todos lo consiguieron o se quedaron a medio gas, pero Tey le tenía pillado el punto.

En esta novela nos movemos entre el pueblecito de Westover (el más cercano a donde aparece el cadáver y donde había alquilado una casita la fallecida) y Londres, alternando con paseos en coche por la campiña que no tienen desperdicio y cuya finalidad no os cuento. Tey es fiel a su compromiso con la creación de buenos personajes y su talento para acercárselos al lector de tal manera que acabas encariñado de ellos, ya sea Grant (lo adoro, ¿lo he dicho ya?) como cualquiera del elenco que pivota a su alrededor durante toda la novela y se convierten en cómplices suyos en la resolución del crimen. Y eso que Grant en esta novela peca de precipitación, cree que lo tiene todo resuelto muy pronto, va a encontrarse con un caso complicado donde van surgiendo todo tipo de personajes susceptibles de sospecha y donde va a tener que recibir ayuda inesperada que le vaya despeando el camino. Además hay varios factores a tener en cuenta en cuanto a posibles sospechosos; por un lado las relaciones profesionales de la fallecida, ya que en un mundo como el del celuloide las envidias están a la orden del día, por no hablar de supuestos romances que pueden (o no) haber derivado en celos y ansias de venganza; por otro las relaciones familiares, que Christine Clay ha guardado bajo llave desde el mismo momento en que legó a Hollywood y que, tras su muerte, inevitablemente, salen a la luz cuando las investigaciones dan sus frutos... y, como suele pasar, cuando alguien se esfuerza en tanto en no desvelar de donde viene, es que ese lugar apestaba lo más grande.

A todo esto se suma que la autora introduce dos factores muy interesantes. Uno es el aspecto hollywoodiense de la trama, ya que al ser la fallecida una actriz muy famosa, tenemos no solo a la prensa sensacionalista hambrienta de carnaza y presionando a los investigadores para una colaboración "amistosa" bajo amenaza de publicar cosas que pueden perjudicar la investigación, sino la vida tras bambalinas de unas actrices que pugnaban por los mismo papeles, actores que no se soportaban entre ellos, egos desmedidos por ser la estrella de la función... y el auge de la comedia musical en la gran pantalla, que arrastraba a las multitudes a las salas de cine y se convirtió en el género de moda de la época. Esto me lleva al otro factor; estamos en época de entreguerras, cuando muchos judíos huyeron de Europa con su talento a cuestas y recabaron en una ciudad como Los Ángeles donde el sueño americano era más sueño que nunca (si no rascabas mucho, claro) y cualquier podía triunfar viniese de donde viniese y tuviese a la espalda la mochila que tuviese. Eso hizo que los judíos hicieran prácticamente suya la meca del cine en muchas y muy varias profesiones, y aquí tenemos la representación en un compositor musical al que se rifan las grandes producciones y que es autor de algunas de las canciones más famosas de la época. El ambiente de la novela. en plena campiña inglesa, está muy alejado de Hollywood, pero Josephine Tey coge una pizca de todo ese entorno y esa atmósfera de claroscuros y nos la sirve espolvoreada por toda la novela.

Por lo demás, tenemos un buen misterio (como siempre), unos grandes personajes (como siempre), un maravilloso inspector (como siempre) y un tono muy british (que es una expresión que usamos todos los fanáticos del susodicho tono y que es muy difícil explicar sin repetirse y muy complicado de transmitir si no lo llevas en vena). Un chelín para velas es una lectura muy recomendable, que duda cabe. ¿Os he contado algo de la investigación? No. ¿Os he contado algo de la trama en sí misma? Pues más bien poco. Por no hablar es que no os he dicho el nombre de ningún personaje salvo el de Tisdall. ¿Hace falta con este topo de libros? No, y además ya sabéis que estoy en contra. de las novelas de misterio y detectives hay que contar la mitad de la mitad de la mitad. Es un tipo de novela con un público muy definido así que todo lector interesado sabe que estos libros están ahí esperándole.. ahondando más, quien ya ha leído a Josephine Tey sabe que ofrece mucho más que una novela de misterio y que para ella unos buenos personajes y las interacciones entre ellos eran primordiales (los diálogos fantásticos, como siempre). Hay que leer a Josephine Tey, vaya.

Postdata. Como siempre os digo, no sé si os preguntáis de donde viene ese "chelín para velas" del título. Sin entrar en detalles, aparece en el testamento de la fallecida y es el legado que le deja a su hermano... un hermano que hasta ese momento nadie sabía que existía. Más allá de eso, mis labios están sellados xD.

Postdata 2. Esta novela fue adaptada por Hitchcock en 1937 (todavía en la considerada su etapa inglesa) bajo el título de Inocencia y juventud (no, en inglés el título tampoco se parecía mucho al libro original: Young and Innocent en UK y The Girl Was Young en USA). Hace siglos que vi esta peli, pero por lo que recuerdo de ella es una adaptación al estilo tito Hitch: cojo la idea del libro y hago lo que me da la gana. No es de sus mejores pelis pero yo soy muy parcial con las obras del maestro y todas me gustan, así que si la tenéis a mano (se puede ver completa en Youtube), pues no perdéis nada con echarle un vistazo, os lo vais a pasar bien.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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