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Crítica de Novela_romantica_erotica


Novela_romantica_erotica
11 mayo 2021
Una trilogía que ha despertado el interés de muchísima gente y yo, como siempre, llegando tarde a la fiesta. Debo decir que tenía mis reservas. Hacía muchísimo tiempo que no leía novela fantástica propiamente dicha y tenía miedo de no poder conectar con la historia. al parecer, esto es como nadar – normalmente se dice que es “como montar en bici”, pero resulta que yo no he aprendido a mis veinte años a ir en una, así que vamos a dejarlo estar –, no se olvida nunca. Puedo deciros que El nombre del viento es una joya. Una joya de las de verdad. Un libro que levanta pasiones, ¡y con razón!

La historia podría dividirse en cuatro partes, al menos a mi juicio. La primera corresponde a unas pocas páginas, todas ellas narradas en tercera persona. La segunda sería la infancia de Kvothe. La tercer sus desgracias. La cuarta, el resurgimiento. Sí, creo que eso sería un resumen bastante ajustado a lo que se espera de la novela. Ahora bien, esto no quiere decir, ni mucho menos, que el libro siga un patrón. Todo lo contrario.

La novela empieza, si queréis mi opinión, de un modo perfecto. Hablar de un modo tan sublime sobre los silencios, el triple silencio, a mí me arrancó una sonrisa. Una novela perfecta. Perfecta porque sí. Pero no quiero ponerme sentimental. Kote es un posadero normal y corriente, o al menos eso quiere dar a entender a sus pocos clientes. al parecer, la economía no está en su mejor momento y nuestro señor posadero pelirrojo tiene que contentarse con unas pocas visitas, algunas historias y los silencios. Ay, los silencios. Si añadimos a la ecuación a Bast, su aprendiz, entenderéis que yo era la mujer más feliz del mundo leyendo la novela.

Entre las historias contadas en la posada de Kote hay un momento que marca un antes y un después. Cárter, el herrero, entra en la posada con el cuerpo hecho jirones. Un ataque, dicen. ¡Y vaya ataque! No estamos hablando de un asalto en el camino, ni siquiera de una pelea callejera. Estamos hablando del ataque de una bestia, una asquerosa araña – autores y autoras del mundo, ¿por qué siempre elegís una puñetera araña? ¿Es qué no hay nada menos asqueroso, maldita sea? – gigante que tiene las patas afiladas como cuchillas. A nadie le sorprende que se hable de demonios. A nadie, mucho menos a Kote.

Me estaba perdiendo algo maravilloso. Ya no hablo sólo de la historia, que es genial, no. Hablo de la prosa. Hacía años que no me encontraba con algo tan bien escrito, algo tan sumamente maravilloso y cuidado. Patrick Rothfuss hace un trabajo de diez, así de sencillo. Su texto está pulido. Prosa convertida en verso. Verso que deriva en prosa. Canciones, silencios y magia. ¿Qué más se puede pedir de una novela, eh?

Decía que el incidente de la araña gigante no sorprende a Kote. Él sabe qué es esa cosa. Sabe qué tiene que hacer. Bast también lo sabe. Pero tranquilas, tranquilos, hay algo que nuestros chicos no saben. Lo que ninguno de los dos espera – al menos en apariencia – es que un día se presente en la posada un escribano. Un hombre que se presenta a sí mismo como Cronista. Alguien que ha oído las historias de Kvothe el Sin Sangre y el sinfín de nombres que se le dan a ese personaje.

Cronista sabe que Kote es, en realidad, Kvothe. Bast también lo sabe. Ahora sólo queda esperar que nuestro posadero acceda a contar su historia.


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


Redonda, así es la historia. Decía más arriba que tenía mis reservas. Ya sabéis, todo el mundo tiene miedo de empezar una novela que a todo el mundo le ha encantado. Miedos infundados el noventa por ciento de las veces, sí, pero miedos al fin y al cabo. Eso ha sido lo que me ha pasado a mí con este libro. No sólo me ha maravillado cómo el autor juega con las palabras y las historias, sino que me ha fascinado ver la facilidad con la que logra atrapar a la persona que lee. Me explico. El nombre del viento es un libro ambicioso, un proyecto que, si queréis mi opinión, podría quedar grande a cualquiera. Pero no a Rothfuss. Ese hombre sabe lo que se hace, creedme. Tanto es así que no podía dejar de darle vueltas a las peripecias por las que pasa nuestro dulce Kvothe. Porque sí, tal vez acabe siendo un monstruo, alguien que irá a por todas a cualquier precio, pero de momento sólo es un niño. Nada más que un niño.

Me encantó la primera parte de la novela. Esos momentos en los que no sabes nada, esos en los que poquito a poco te sumerges en el mundo medieval que nos regala el autor. Me gustó más todavía que Kvothe decidiera contar qué fue de su vida, por qué ha llegado hasta dónde ha llegado.

Decía que sólo era un niño. Lo mantengo. Una criatura de poco más de doce añitos tremendamente inteligente. Un chico que tiene muchísimo que aportar al mundo, hasta que un día, sencillamente, su vida se va a la mierda. Me dolió. Me dolió horrores ver (leer) por todo lo que tuvo que pasar tras la muerte de su familia. Su troupe era eso, a fin de cuentas, su familia. Pero hubo algo que me dolió mucho más. Su vida en Terbean, sí. Por amor de Dios, ¡se portan fatal con él! Un niño no debería vivir, jamás, de esa manera. Desamparado, sin un plato de comida caliente, recibiendo golpes de otros niños y, lo que es aún más despreciable, adultos. Estuve a punto de llorar tantas veces que llegué a plantearme seriamente si no sería que me estoy volviendo terriblemente sensiblera.

Debo decir que mi parte favorita de la novela es la que corresponde a toda su educación en la Universidad. Personajes como Simmon o Wilem, el cambiante Elodín, los profesores Elxa-Dal, Kilvin y Arwyl… dieces. Eso son, todos ellos. Personitas maravillosas que van allanando de forma casi imperceptible el camino por el que danza nuestro Kvothe.

Pasando a temas más escabrosos, quiero comentar toda una serie de cosas que me han maravillado de la novela. Me gusta la transparencia, la forma cómo nuestro protagonista afronta sus problemas económicos. Él no es rico. de hecho, es terriblemente pobre. Un chico que sabe lo que es no tener nada que llevarse a la boca. Probablemente hablo (escribo) por hablar (escribir), pero si lo que Rothfuss pretendía era reivindicar la situación económica de todo el puñetero mundo, yo sólo puedo inclinarme ante su grandeza. Los ricos son demasiado ricos. Los pobres son demasiado pobres. Y luego están las personas que van viviendo el día a día. Un desfile de personalidad que van de lo mejor a lo peor de todas y cada una de nosotras, de todos y cada uno de nosotros. Gente, gente maravillosa y gentuza. Hablando de gentuza, ¿nadie va a matar a Ambrosse? Porque estoy hasta las narices de ese niñato. ¡Menudo desgraciado, el campeón!

Siguiendo con temas más bien turbios, no quiero perder la oportunidad de hablar (escribir) sobre Denna. Esa chica me tiene intrigada. Por un lado me gusta el personaje. Me fascina que sea de esas personas que no pueden estar demasiado tiempo en el mismo sitio. Que sea un espíritu libre, por decirlo de algún modo. Y es que la descripción que hace Kvothe sobre ella se ajusta muy bien a la imagen que da. Una chica que no es de nadie, ni siquiera de sí misma.

Trigo de otro costal, son Fela y Auri. Si queréis mi opinión, esas dos chicas son un par de soles. La primera porque es sencillamente encantador y la segunda porque enamora. Nada más que decir.

La historia cuenta con toda una serie de momentos que me pusieron los pelos como escarpias. No, no digo (escribo) esto porque diera miedo, a lo que me refiero es que se pasa mal. Mal, porque nuestro protagonista es, en cierto modo, un héroe. Un héroe al que el tiempo castiga, según lo que podemos entrever en la posada de “Kote”. Kote. Kvothe. Que bonitos, los nombres, y cuánto poder guardan, como muy bien se encarga de recordarnos Elodín.

Mirad, el libro es largo. Terriblemente largo. Esto viene a colación de que no sé ni por dónde empezar para que entendáis lo maravilloso que es. Cada página vale la pena. Cada palabra, cada sonido. Porque el libro esconde magia, leyendas y misterios. Si bien es cierto que Kvothe ha tenido una vida dura, una de la que aquí sólo conocemos una ínfima parte, el presente es el mayor enigma. No sé como un Fata pudo llegar a convertirse en el aprendiz de alguien como nuestro protagonista, al igual como no sé por qué Kvothe tiene la certeza de que va a morir. No sé por qué se habla de los silencios. Realmente, no sé nada. Sólo puedo deciros que el libro es genial. Jodidamente genial, de hecho. Brilla con luz propia, si queréis que me ponga poética.

Antes de dejar la reseña, quiero hacer dos últimas menciones. Una para el presente y otra para el pasado. Respecto al ahora, quiero saber qué es lo que lleva a un mercenario de esas características al refugio que entre Bast y Kvothe han creado. Un refugio que más bien es una cárcel, como muy bien dice nuestro Fata – en serio, yo me he enamorado de ese chico –. Ya no es tanto las preguntas que pueda hacerme, que son demasiadas, sino las reflexiones que saco en claro. Me gusta el mensaje de Bast, el de darle una patada en el culo a lo malo y afrontar la realidad. No sé qué ha hecho Kvothe que sea tan terrible, pero me muero de ganas por descubrirlo.

Sobre el pasado… bueno, miles de preguntas. Todas ellas con dos constantes: los Chandrian y Denna. Veréis, no puedo quitarme de la cabeza las palabras de Wilem. Y es que ese chico tiene razón. ¿Por qué iba alguien tan escurridizo como Denna a obligar a Kvothe a buscar a alguien que sabe que ya no está en el bosque? Porque mis conclusiones son terribles, la verdad. No sé qué tendrá que ver esa chica con los Chandrian, ni siquiera sé si estoy en lo cierto; pero sea lo que sea, me da en la nariz que los secretos de Denna son muy oscuros.


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