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Crítica de Lawerson


Lawerson
29 enero 2019
La rebelión de la reina es la primera parte de una trilogía de fantasía dispuesta a quedarse en nuestras estanterías gracias a su toque diferente, y a una historia que consigue atraparte dentro de una ambientación en la que seremos partícipes de una guerra que está a punto de explosionar entre ambos reinos. Contado en todo momento en primera persona a través de los ojos de Brienna, la protagonista principal, el libro se encuentra claramente diferenciado en cuatro partes. La primera de ellas es la que más sirve de introducción y, por tanto, es la más extensa del libro. Será, a medida que avanzamos por sus páginas, donde conozcamos la historia que hay detrás de Brienna, su vida actual como estudiante de la pasión del conocimiento, aquellas personas que considera como sus hermanas y la ambientación que nos presenta Ross a través de sucesos históricos, leyendas y fábulas que Brienna conoce o sigue aprendiendo. Se podría decir que esta parte es la menos intensa de todas, no suceden grandes cosas y es, sobre todo, una lectura bastante lineal que, aunque parezca la parte más aburrida, no es para nada así ya que tiene toques interesantes con los que tenerte atenta y medio enganchada. Una de estas cosas es que ya, desde este comienzo, la autora introduce pequeños viajes al pasado que dejarán un aura de misterio que te guiará a través de la lectura con esa curiosidad que sientes por saber más, algo que cogerás más fuerza en las siguientes partes y que será algo esencial para que la historia funcione. Entrando en la segunda parte del libro, el comienzo sigue el esquema y estilo de las páginas anteriores, hay más detalles de la ambientación, hay nuevas historias y hay nuevas visiones del pasado, pero también es una segunda parte que guarda en su interior el comienzo de una misión que acapararán la tercera y cuarta parte, teniendo también aquí primeros momentos de acción y peligro que avivan la lectura de cara al resto de la trama que aún nos queda por descubrir. Así pues, partimos ya de un momento en el que hay estrategias sobre la mesa, en el que hay planes, en el que hay rebeldía. Y todas esas cosas se unirán en la tercera y cuarta parte, donde las escenas de más peligro estarán presentes, donde la vida de Brienna corre peligro a todas horas. Son escenas rápidas, que ya no se centran tanto en los detalles para conocer mas de la ambientación, sino que se centra en la lucha, en ser sigilosa, en aparentar para que no te pillen y puedan matarte. Son momentos más tensos, más emocionantes, con más acción, mirando ya hacia un final que lo da todo, una lucha completa que tendrá muerte, derrota y también una victoria que servirá de base para el siguiente libro de la trilogía.

Lo mejor que tiene el libro, sin dudarlo, es su ambientación. En especial, la manera con la que es creada poco a poco. Como he dicho, el libro es denso y extenso con respecto a eso en la primera parte del libro, pero no cansa. La manera que ha tenido la autora de ir poniendo detalles, sin resultar abusivo y combinándolos con la vida de Brienna consigue que la creación de este mundo sea completo, interesante y muy diferente. Se ha notado desde el primer momento que Rebecca Ross lo tenía todo ideado e imaginado, ha sabido crear unos reinos capaces de andar solos gracias a toda la historia que cuentan. Sin bien es cierto que he echado en falta más escenarios, más ciudades y más interacción de estas cosas, toda la información que la autora nos proporciona ya cumple la función de crear el escenario perfecto por el que andar, con sus matices, virtudes, defectos y realismo. Es posible que a muchos y a muchas esta primera parte os resulta más pesada y abultada porque no tiene más que descripciones y sucesos históricos, hechos y conocimiento por todos lados, pero ha sido un aspecto que me ha gustado cómo se ha llevado, así de pausado, ya que me ha ayudado a estar presente en un mundo que está bien construido. Otra de las cosas que quiero destacar de este libro es que no hay mucho romance. Ha sido un acierto que la autora haya hecho que la protagonista se centrara más en la misión de intentar restaurar la monarquía que Maevana necesita a mantenerla entretenida con un romance que, si hubiera tenido mucho más protagonismo, seguramente no hubiera funcionado del todo. No quiero decir que no lo haya, porque sí lo hay, pero es ya tan al final que permite que la importancia de la trama, el tema principal y lo más importante, se desarrolle sin ningún tipo de problema y sin que nada le haga sombra.

Pero a pesar de que he disfrutado completamente del libro, es cierto que lo he hecho más en las tres primeras partes que en la última. No os podría describir el final que esperaba para este libro, pero sí os puedo decir que no era en absoluto, como el que tiene realmente. Tan solo os digo que tiene un final cerrado, y que si me dijeran que este libro es autoconclusivo, me lo creería. Mi primer pensamiento en cuanto he acabado el libro ha sido preguntarme de qué van a ir los dos siguientes libros, sobre todo el segundo, cuando en este primero la autora lo ha resuelto todo. Y es lo que más me ha chirriado. La cuarta parte ha sido, para mí, demasiado precipitada. Los sucesos se han quedado cortos, incompletos, se han resuelto demasiado deprisa. No hay tiempo para andar por ellos como es debido, para saborearlos, los notas de pasada. Todo se relaja demasiado en esta última parte a pesar de que lo tiene todo, pero no se hace tan emocionante como se venían sintiendo las cosas hasta ese momento. No he entendido muy bien el por qué la autora ha elegido ese camino. Esperaba tener un final mucho más abierto, incompleto, que diera pie al segundo libro, que dejara claras las cosas, los problemas, lo que todavía se tiene que resolver. Porque, de verdad, no sé qué es lo que va a contarnos Rebecca en el siguiente libro cuando ya está todo solucionado en este. Yo hubiera optado por una historia que tuviera continuidad en sus continuaciones, que no hubiera una finalización y una nueva historia que contar en el siguiente libro. Y el otro fallo tiene relación con la magia y con algunos de sus personajes. Es cierto que, al ser trilogía, todavía nos queda mucho por ver. Pero el tema de la magia ha sido muy escaso para la importancia que tiene, y la aparición de muchos de sus personajes secundarios, igual. Me hubiera encantado tener más relación con ellos, sentirlos mejor, pero no ha sido así. Espero que los siguientes libros arreglen eso.

Sin embargo, Brienna como protagonista me ha gustado. En algunos momentos sí que es cierto que la he visto demasiado plana, como que no me decía nada, actuaba porque así se lo indicaba la historia y el libro, la narración, pero no hablaba conmigo. Pero me ha gustado su determinación. Las decisiones que toma, todo lo que hace para alcanzar lo que se propone, aunque ella misma se arriesgue. Y, sí, de ella estoy totalmente segura que vamos a tener más, pero sus sueños, su templanza, su fidelidad, me han gustado mucho, la han hecho ver un personaje fuerte.

En conclusión, La rebelión de la reina es una primera parte intensa y muy bien planteada, el perfecto pistoletazo de salida para esta historia y Rebecca Ross. Con una ambientación deliciosa que se va construyendo poco a poco y una protagonista con las ideas claras, es cierto que el final se hace precipitado y podría no ser lo que esperabas, pero es una trilogía que hay que tener muy en cuenta por todo lo que ofrece y seguirá ofreciendo.

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