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Crítica de lavidademisilencio


lavidademisilencio
23 noviembre 2020
Alemania, 1939. La familia von Dranitz, perteneciente a una estirpe de barones, vive apaciblemente en su mansión. Mientras tanto, las semillas de la Segunda Guerra Mundial ya han germinado. No era consciente Franziska, la mayor de las hijas, que la tranquilidad con la que había vivido hasta ahora llegaría pronto a su fin. Rodeada de sus padres, sus hermanos Heinrich y Jobst y su hermana pequeña Elfriede, Franzi estaba viviendo, sin saberlo, los mejores años de su vida. Tras desatarse la guerra, todo lo que había conocido hasta entonces empieza a derrumbarse. Sus hermanos son llamados al frente y, la relación con su hermana, que ya de por sí nunca había sido especialmente estrecha, sufre las consecuencias de un amor compartido: el del comandante Walter Iversen.

Alemania, 1990. Muchos años han pasado desde que la guerra despojó a la familia von Dranitz de la mansión que les pertenecía por derecho. Tras la caída del Muro de Berlín, Franziska encuentra el momento oportuno para regresar al lugar que la vio crecer. A sus 70 años aún mantiene la esperanza de poder recuperar lo que la guerra le arrebató. A pesar de no ser un camino fácil, Franziska se aferrará a sus recuerdos y luchará con uñas y dientes por devolver a la mansión a sus años de esplendor. No lo hará sola, pues por el camino hayará el apoyo de su nieta Jenny y de habitantes del pueblo que, poco a poco, dejarán de ser extraños para convertirse en familia.

La mansión. Tiempos gloriosos es una novela estructurada en capítulos de longitud media y sin numerar; en su título encontramos la voz del narrador. En esta primera entrega contamos con cuatro perspectivas: Franziska, la principal narradora, Jenny, Mine y Elfriede, que narra sus vivencias en forma de diario.

La novela está contada en dos tiempos: 1940 y 1990. Con una guerra de por medio, el alzamiento del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, estos saltos temporales son la mar de interesantes, pues en ese vacío cargado de historia se hallan multitud de secretos y experiencias que la autora nos irá desgranando poco a poco.

Es gracias a esta elección narrativa que el ritmo de la historia es excelente; mientras lees lo que ocurre en el presente, no puedes evitar entrar en cavilaciones sobre qué ocurrió para llegar a ese punto. En esa tensión e incertidumbre radica uno de los puntos fuertes de la novela, pues el lector está constantemente sumido en conjeturas y queriendo saber más.

En cuanto a la pluma de la autora, a pesar de ser muy hábil a la hora de ambientar la historia, a mi parecer se ha excedido en las descripciones. Por suerte, este detalle no ha mermado mis ganas de seguir leyendo ni ha disminuido en ningún momento mi ritmo de lectura; sin embargo sí se hacía pesado en algunas ocasiones y hubiese preferido una narración más ligera.

Respecto a la trama principal, he disfrutado muchísimo cómo se nos ha presentado la mansión y todo lo referente a ella. Poco a poco, la autora nos va presentando los recuerdos de Franziska entre esas cuatro paredes y el cariño que tiene ella por la casa se traslada ya no solo a los otros personajes —que terminan convirtiendo la lucha de Franziska en su propia lucha—, sino también al lector. El afán por recuperar las ruinas de un lugar con tanto valor sentimental es realmente fascinante.

Otro punto fuerte de la trama es cómo la autora va tejiendo el presente con el pasado, dejando siempre incógnitas entre medias para mantener en vilo al lector. En ese baile entre lo que sabemos y lo que no sabemos, vamos haciendo conjeturas que se van resolviendo a lo largo de la trama. Esta dinámica genera mucho interés, haciendo muy ágil la lectura.

Otro detalle que también me ha gustado es que me ha recordado a Expiación de Ian McEwan. Ambas historias están ambientadas en una mansión y en la guerra e, incluso partes de la trama (sobre todo las referentes a Elfriede, la hermana pequeña de Franziska) tienen elementos en común. Según iba leyendo, me venían fragmentos de la historia de McEwan, que también disfruté muchísimo.

En cuanto al final, me parece el adecuado por tratarse de una saga. A pesar de que sí da pie a una continuación, queda cerrado y deja al lector satisfecho si no quiere continuar con la historia más allá de la primera entrega.

Los personajes son otro punto fuerte de la historia. Tanto la evolución de cada uno de ellos, sobre todo los principales, hasta la relación que se establece entre ellos, es un aspecto a destacar. Además, a pesar de presentarse muchos personajes a la vez, cada no tiene un papel importante y algo que aportar a la trama.

AÑOS 40

Franziska (19) es una protagonista decidida y madura, que no se deja amedrentar por nadie y que lucha por lo que quiere. En contraposición a su hermana pequeña Elfriede (13), que hace gala de una actitud infantil y consentida que no acepta un no por respuesta. La personalidad de ambas chocan muchísimo y no terminan de congeniar.

Walter Iversen La gente, amigo de Jobst, otro de los hermanos Dranitz, aparece en la vida de las hermanas y vuelve su relación todavía más complicada. Él, interesado en Franziska, comienza a cortejarla y se crea entre ellos un vínculo que Elfriede ni entiende, ni acepta.

En estos años, los personajes viven una vida pacífica y feliz, que recordarán como su época más gloriosa cuando pase el tiempo y miren atrás.

AÑOS 90

Franziska regresa a la mansión Dranitz a los 70 años, cuando ya ha caído el Muro de Berlín y Alemania entra en proceso de reunificación. La madurez y la experiencia la ha vuelto a conectar con sus orígenes y quiere recuperar lo que se le arrebató durante la guerra. A su lucha se une Jenny, su nieta, que tras un desengaño amoroso y profesional, acude a su abuela en busca de refugio. La relación entre ambas es lo que más he disfrutado en la novela, pues crece el vínculo entre dos personas que, a priori, solo estaban unidas por la sangre, y la pasión por Dranitz empieza a aflorar también en Jenny, que no llegó a vivir sus años de esplendor.

En esta época también se nos presentan a otros personajes secundarios que, residentes del pueblo, se verán involucrados en el proyecto de Franziska y Jenny de recuperar la mansión. Destaco entre ellos a Mine a , que sabe mejor que nadie lo que supusieron los años dorados de Dranitz, así como a Mücke, Uilli y Kalle, a quienes se les coge cariño inevitablemente.

Estas paredes han presenciado ciento treinta y cinco años el devenir de la familia von Dranitz, han acogido nacimientos y muertes, diversión y dolor, amor y odio, respiran mi historia, me pertenecen, y yo a ellas.
Ay, la guerra. Esa guerra cruel y sin sentido. ¡Lo había destruido y aniquilado todo! ¿Se curarían algún día las heridas que había abierto?
La guerra, reflexionó Franziska. ¿Cómo se le podía explicar a esa joven, que había crecido en el bienestar y la seguridad, lo que significa la guerra? Arbitrariedad. Nada de leyes. Odio que se descarga sobre los débiles. Sobre los inocentes. Porque los culpables no están al alcance.
Ahora sé que no necesitamos héroes. Necesitamos personas que pese a todos sus errores y deficiencias sean capaces de quererse...

En definitiva...

Una emocionante primera parte de una saga familiar en la que se nos presentará a Franziska, una mujer que lo perdió todo en la guerra, pero que está dispuesta a luchar hasta sus últimas fuerzas para recuperar lo que es suyo. A ella se unirá, junto a otros personajes, su nieta Jenny, que vagando sin un propósito en la vida encontrará un refugio en la mansión que vio crecer a su familia.
Enlace: http://lavidademisilencio.bl..
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