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Crítica de Maral


Maral
27 mayo 2020
Me parece dificil hacer una reseña de un clásico porque todo lo que yo diga del libro ya lo habrá dicho alguien antes, y que necesidad hay de leer las mismas cosas escritas por personas diferentes una y otra vez. Así que evitando hablar de la influencia de Flaubert en esta obra, del contexto histórico y de las influencias e inspiraciones que todos podemos leer en las introducciones de las diferentes ediciones me centraré en mi experiencia personal en el transcurso de la lectura y en la conclusión final de la misma.

En el libro he visto los colores de Ruan a través de los ojos de Emma, he sentido las hierbas mojadas del campo que la rodean, he vivido en las casas decoradas con alfombras y cortinas de rayas, he sentido la textura de las telas que coforman sus vestidos y las vestiduras de sus casas, he compartido con ella esa calle de Yonville en la que las paredes eran de papel y los gritos o sonidos de las mismas eran eco en todas las demás. He viajado con ella en los coches de caballos, en la “Golondrina” y he sentido su frustración sus deseos y sus locuras, sus pasiones y sus odios y como no esa carcel dorada que no la dejaba respirar y por la que tantas malas decisiones tomó. Una mujer que no es solo víctima de una sociedad en la que la figura de la mujer no es más que una objeto de posesión, una forma de perpetuar la existencia a través de los hijos, sino que también es víctima de su temperamento visceral que la lleva a decisiones fatales. Me he reído con el farmaceútico, primero porque creo que pone esa nota de personaje poco profundo al principio y porque se enfrenta a esa sociedad en al que priman esos valores católicos con los que el choca hasta tal punto de mantener un duelo de palabras con el cura en medio de un velatorio...Me he enfadado con los Rodolfo del mundo por la cobardia de sus engaños, por la utilización de frases embaucadoras con un único propósito, y también con los vendedores de todo que se enriquecen de la ignorancia de las personas poco hábiles para las cuentas. Cada personaje, gira alrededor del personaje principal, de una Emma que no deja impasible a nadie ( me imagino lo que supuso Emma, la real, la inspiración de Flaubert en Ruan en aquel momento...). Me he estremecido con la Emma ausente como madre, con ese desapego que me ha dejado boquiabierta de sobremanera sobre todo cuando habla de la fealdad de su propia hija. Ha habido tantos y tantos momentos en los que me he detenido a pensar en lo que Flaubert tan hábilmente transmite aún después de más de cien años este libro ha conseguido ser uno de esos que la gente llama sus favoritos. El único punto negativo que he encontrado ha sido que en algún capítulo, la descripción demasiado exhaustiva de la escena te saca de la historia te cansa, te descentra y te obliga a descansar.

Spoiler

Para mi esta obra ha resultado ser el estudio psicológico de una mujer a lo largo de toda su existencia. Dividido en tres partes, casi diferenciadas por los hombres que forman parte de la vida de esta, también en ellas hay tres Emmas diferentes. En la primera parte he visto a una Emma niña, dócil de apariencia de sueños extraídos de los libros que lee, que pierde la figura materna demasiado pronto y que el padre endilga al primer hombre con posibles que aparece oportunamente ( va a ser que todas las desgracias traen algo bueno y la rotura de una pierna, pensó el padre, le traía un yerno). Esa boda con sus esperanzas se convierte demasiado pronto en una tumba de sueños para Emma y ahí se forja el principio del fin.

En la segunda parte un Don Juan aparece en su vida despertando en ella unas pasiones que había conseguido controlar con un Leon tímido borracho de sentimientos que supo detener a tiempo unas pasiones que no le llevarían, tal como al final se desmotró, a ningún lado. Pero Rodolfo, no se detuvo a tiempo, primero hizo acopio de una buena colección de sentimientos y emociones y cuando estas fueron desmedidas, cuando Emma se fue despojando de sus capas y se fue convirtiendo en una mujer posesiva, celosa, controladora y manipuladora, temió la pérdida de su tan preciada libertad y como buen cobarde se despide de ella, no con un beso y una flor, pero si con una cesta y una carta. Y adios para siempre adios, puso tierra de por medio, hasta la ecatombe final. Emma sucumbe entonces en esa depresión agonizante en la que Charles ignorante (me ha costado lo mio creer semejante ceguera), le proporciona cuidados no dudando para ello, empeñarse económicamente, más aún de lo que yo la había hecho su buena mujer.

En la ya tercera y última parte, partiendo de la recuperación ecomocional de una Emma muy venida a menos, se desata el amor con el último de sus amantes, pero aquí las capas de finura de Emma, de señora de gustos exquisitos de delicadeza extrema ya estaban demasiado mermadas, y pronto pasa de nuevo a esa necesidad de control y a ese hastío en las relaciones que por más que ella ha soñado y ha querido reproducir en su vida real extrayendo escenas imaginarias de esos libros que tanto incentivaron su imaginación. Las deudas contraídas en las compras compulsivas a modo de resarcimiento de sus insatisfacciones vitales, desencadenan un final desgraciado en la que ella se vende sin remedio al primer salvador que quiera salvarla, pero no encuentra ninguno y arrastra su dignidad hacia el veneno que finalmente acabará con su sufrimiento existencial.

Emma es al final el símbolo de un pensamiento femenino independiente que no quiso acatar las normas y el sitio que ocupaba en la época que le tocó vivir y pagó por ello un precio alto. Han pasado más de cien años y me pregunto sobre la vigencia del precio que se sigue pagando por las infidelidades femeninas sobre todo en algunas zonas del mundo. Quizás y solo quizás la evolución cultural va más lenta de lo que nos imaginamos, y quizás lo que en los años 60 parecia una revolución sexual y una liberación de la mujer, no lo era ... y se ha vuelto a poner de manifiesto en diferentes movimientos a lo largo del mundo el papel de la sexualidad de la mujer y de tal liberación que bajo mi punto de vista a día de hoy sigue reprimido.
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