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ISBN : 8417996044
Editorial: Ediciones Siruela (30/10/2019)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
Aunque el mundo adulto se cierne sobre ellas, las tres hermanas Carne se resisten a marcar las fronteras entre la fantasía y la realidad. Deirdre, la mayor, trabaja como periodista; Katrine es una actriz principiante, y la joven Sheil aún tiene institutriz. Juntas llevan una vida al margen en su bohemio hogar londinense e, irreprimiblemente imaginativas, siguen inventando historias, tal y como han hecho desde niñas. Así ocurría con sus juguetes parlantes, y así suce... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 21 octubre 2020
Qué ganas le tenía a Las Brontë fueron a Woolworths... Publicada a inicios de los años 30, una autora que no conocía de nada, una lectura excéntrica, promesa de personajes encantadores, british-british-british... ¡Nada podía fallar! ¿O sí que ha fallado algo? Mis labios están sellados... pero mis dedos no XD. Os va a tocar leer para descubrirlo.
La familia Carne está compuesta por una madre y sus tres hijas tras el fallecimiento del cabeza de familia unos años atrás. La mayor de las hermanas, Deirdre, es la narradora de buena parte de los capítulos, trabaja en un periódico cubriendo noticias de poca importancia y está escribiendo su primera novela; la mediana, Katrine, está en una escuela de arte y tiene aspiraciones a convertirse en actriz, pero no parece que el talento sea lo suyo; y la pequela, Sheil, todavía una niña, estudia en casa y está a cargo de una institutriz, la señorita Martin. Esta familia, aparentemente normal, tiene una peculiaridad: han creado un mundo de fantasía y personajes imaginarios completamente integrados en su día a día. Eso quiere decir que reciben regalos navideños en nombre de cada uno de esos personajes, los sientan a la mesa a comer, hablan con ellos por teléfono, crean historias en torno a ellos, les dan unas personalidades, los mandan a cenar o al teatro... no es simplemente que se los inventen y ya, sino que les dan dimensionalidad, les dan vida, y forman parte de la familia hasta un punto que cualquiera consideraríamos... raro. Algunos de estos personajes están basados en personas reales de carne y hueso, personas con las que se han cruzado alguna vez, que ha salido en los periódicos... y jamás se les ha ocurrido que puedan conocerlas en el mundo real (cosa que supondría un choque de trenes al tener que enfrentar al personaje creado por ellas con el verdadero ser humano). ¿Dónde está la complicación en toda esta historia? Que acaban conociendo a uno de ellos, y a su esposa, y se meten en su casa, y deciden contarle toda esta chifladura... ¿cómo reaccionará este matrimonio? ¿Les seguirá el juego?
Tal y como digo la narradora principal es Deirdre, impulsora en apariencia de toda esta forma de vida que tanto sus hermanas como su madre siguen a rajatabla. Ella denomina "saga" a cada una de estas familias o grupos imaginarios, como si cada una de ellas representase una estirpe de su propia familia: la saga de los Saffyn (el cabeza de familia es un pierrot real), la saga de los Toddington (el cabeza de familia es un juez real), etc... A pesar de lo complejo y embrollado que pueda parecer esto, todas tienen clarísima la línea que separa la ficción de la realidad, y son muy conscientes de la fantasía que viven de puertas para dentro de su casa, así como de la realidad fuera de ella... bueno, todas, menos Sheil, todavía una niña, que ha mamado todas estas invenciones desde que nació, y que todavía no tiene la madurez mental como para discernir que esas vidas inventadas seguramente no coincidan en absoluto con las vidas reales de esas personas. Ella es la que más puede sufrir si llegan a conocer en carne y hueso a algunas de las personas que inspiran sus fantasías, y es a ella a la que hay que proteger de ese posible golpetazo de bruces con la realidad.
Muy complicado todo, ¿verdad? Menos mal que tenemos un punto de cordura, que viene de la mano de la institutriz, Agatha Martin, que es el otro punto de vista presente en la narración, aunque en su caso es omnisciente. La señorita Martin recuerda a muchas institutrices de la literatura victoriana que tienen que salir de su casa para no seguir siendo una carga familiar, que están enamoradas en silencio de un pastor (anglicano, de los que tienen parroquia) y que, al fin y al cabo, tienen una vida carente de emociones mientras esperan que suceda algo interesante. Si a todo esto se suma que la pobre señorita Martin ha dado con una familia como la de las Carne, a las que no comprende, que le parecen más raras que un perro verde y que le ponen de los nervios con sus historias fantasiosas, pues que la pobre hace lo que puede. Sé que las que tienen que resultar fascinantes y maravillosas son las Carne, pero a mí me ha gustado mucho el personaje de esta institutriz, me parece muy necesaria para que no se desmadre la trama y el lector sepa a qué atenerse en muchas ocasiones.

Y ahora viene lo más complicado de esta reseña, que es saber explicaros mi opinión, porque ni yo misma la tengo clara y conforme voy escribiendo me van surgiendo pensamientos que tenía un tanto diseminados y que hasta ahora no había sabido hilar. Mi primera sensación fue que me había gustado el libro, pero no tanto como esperaba. Y me sorprendió, me sorprendió mucho porque mis esperanzas en este libro eran muy grandes. Lo tenía todo para encandilarme, pero no fue así. de hecho me recomendaron que dejase reposar la lectura antes de hablar sobre ella para comprobar si cambiaban las sensaciones, y aunque tiempo para reposos es precisamente lo que no tengo (¡no tengo días libres de reseña hasta el 31 de diciembre!), sí que tengo que admitir que ha cambiado y mejorado bastante una de las cosas que menos me cuajaban de la historia, y es el uso que hace la autora de las hermanas Brontë. No sé, me sabía a poco. Estaba tan centrada en el hecho de que las protagonistas no me parecían nada encantadoras (siguen sin parecérmelo, lo siento) y que la historia no me parecía tan divertida como esperaba (sigue sin parecérmelo, lo siento), que los árboles no me dejaban ver el bosque, y ese bosque es la presencia omnipresente del mundo Brontë a lo largo de buena parte de las páginas, algo que supongo que en un estado mental normal resulta evidente pero que a mi mente cansada y agotada de 2020 le ha costado procesar.

Hay que partir de la base de que el propio apellido de esta familia, Carne, ya es un homenaje, pues concretamente la abuela materna de los hermanos Brontë se llamaba Anne Carne. Pero lo más importante es que todo este mundo de fantasía que os he comentado es una referencia manifiesta e indiscutible al propio mundo de fantasía que los hemanos Brontë crearon siendo unos niños y que les acompañó durante buena parte de su vida. La Ciudad de Cristal (creada por los cuatro hermanos) y las posteriores Angria (ya solo a cargo de Charlotte y Branwell) y Gondal (a cargo de Anne y Emily) tenían una complejidad en cuanto a personajes, gobierno, sociedad, administración, etc... que aun a día de hoy resulta sorprendente en unos niños/adolescentes que además hicieron de esos mundos su vida, y un universo imaginado, menos complejo en su estructura pero completamente vivo y eficaz es lo que crean las Carne en los años 30 londinenses. También la propia figura de la institutriz Martin respira brontianismo por los cuatro costados. Así que, en resumidas cuentas, el espíritu de las Brontë pulula por todas las páginas del libro de muchas maneras distintas. Si las Brontë están presentes de otra manera que no os cuento es algo que tendréis que descubrir leyendo el libro pero, como diría aquel, no se vayan todavía, aún hay más (guiño-guiño).

Entonces, en este camino de baldosas amarillas hacia la ciudad de la iluminación divina, ¿ha cambiado tanto mi opinión como para decir ahora que me ha encantado al lectura? No, sigo pensando que me ha gustado pero menos de lo que esperaba. Sí que creo que mi comprensión de la lectura y de las intenciones de la autora es mucho mejor que en el momento en que cerré el libro. de verdad que disfruto mucho de las historias peculiares, me encantan las historias que se salen de lo normal con protagonistas atípicos, y esta cumple todos los requisitos, pero no sé, quizás no era el momento para leerlo. Es de esas novelas que sé que tendré que releer en algún momento para comprobar si las sensaciones se mantienen.

Y ahora viene el otro quid de la cuestión, ¿lo recomendo así alegremente como una lectura cuqui y tal? No, qué va. Yo de hecho no me atrevo a recomendar este libro ni a lectores que sé que son muy afines a mis gustos, porque el mundo que retrata es de esos que o te sumerges de cabeza en él cual sirena y haces natación sincronizada, o chapoteas en la superficie sin saber muy bien si nadar a perrillo o de espaldas. Y yo no quiero ser responsable de que a nadie se le arruguen los dedos si no estoy segura de que va a hacer piruetas con el Bolero de Ravel de fondo. Es una historia demasiado especial, demasiado particular, como para ser de esas lecturas que recomiendas a cualquier persona que le guste leer. Quien conecte con la lectura se lo va a pasar bomba, pero no lo pone nada fácil y hay que tener muy claro el tipo de libro que se tiene delante.
Ah, y porque no he querido meter la zarpa en el tema Anne Brontë, porque sé lo que ha sido el tema Anne Brontë durante muchas décadas y sé que la autora solo refleja lo que era el tema Anne Brontë cuando escribió el libro... pero creedme, he sufrido mucho. Con eso y con algunas opiniones vertidas sobre algunos de mis escritores y libros favoritos. Y sé, sé que la autora solo está tirando de sarcasmo y que su intención es precisamente la de no dejar títere con cabeza, y que quiere burlarse un poco de todo y de todos y poner en tela de juicio tanto las adoraciones literarias como los prejuicios, además de algunas teorías disparatadas de la época... pero yo tengo mi corazoncito. Deirdre y yo jamás compartiríamos club de lectura, eso lo tengo claro :)

A ver como resumo todo este batiburrillo de ideas tan disperso. Las Brontë fueron a Woolworths (que se mire por donde se mire es un título maravilloso cuyo significado no comprendemos hasta el final) es un libro que empieza muy confuso porque no tienes ni idea de lo que pasa en esa casa pero que poco a poco va cobrando sentido y vas sabiendo diferenciar fantasía de realidad, y personajes reales de personajes imaginados. Para mí va de menos a más, conforme avanzan las páginas el lector va sintiéndose más cómodo y se beneficia de los cambios puntuales a los capítulos protagonizados por la institutriz (supongo que esto será opinión impopular porque son los capítulos que bajan la historia a la tierra y no son tan ingeniosos y fantasiosos... pero me reafirmo, los considero muy necesarios). La historia es aguda e inteligente, y el espejo que la autora usa para reflejar la vida de las Brontë en la vida de las Carne está muy conseguido, aunque también creo que hay que conocer aunque sea superficialmente la vida de las hermanas de Haworth para asociar todas las ideas. Peeeeeeeero yo no he terminado de saborear plenamente el encanto de la historia, no me sentí en ningún momento enganchadísima a lo que me estaban contando, y es lo que me sigue llevando por la calle de la amargura porque precisamente este tipo de historias es MI tipo de historias. Pocas veces me pasa que tenga la monumental sensación de que tendría que haber leído un libro en otro momento, y esa es la conclusión a la que estoy llegando conforme escribo. Que lo mismo vuelvo a leerlo y sigo pensando igual, pero ahora mismo tengo esa china en el zapato y me molesta. Me molesta mucho.

Si necesitáis tomaros una aspirina después de todo esto no sois vosotros, soy yo. Por si teníais alguna duda.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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