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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
Emma Woodhouse solo tiene veintiún años y es casi de pleno derecho la señora de Hartfield. Allí vive sola junto a su padre desde que su hermana se casó y se marchó a vivir a Londres. Bella, rica, mimada y consentida, con una aguda inteligencia, y con un sentido muy arraigado de su superioridad en la escala social sobre todos sus vecinos de Highbury, está convencida de que es la artífice del buen matrimonio que su amada institutriz, la señora Taylor, ha hecho con el señor Weston. Y decide que es tan buena organizando y encauzando las vidas de los demás que se dispone a hacer lo mismo por más vecinos. Harriet Smith, jovencita abandonada en la niñez, hija de no se sabe quién, y que vive en una especie de escuela para señoritas, es su siguiente víctima. La convierte en su nueva amiga del alma, la convence de que a pesar de sus dudosos orígenes es hija de un caballero, que debe aspirar a mucho más que lo que dictan las convenciones sociales, y escoge para ella al señor Elton, párroco de la localidad. Está dispuesta a todo con tal de conseguir que este matrimonio se lleve a cabo.

Por otro lado, la aburrida sociedad de Highbury espera con ansias la llegada del hijo del señor Weston, Frank Churchill, cuya fama y virtudes, en su mayor parte proclamadas por su propio padre, le preceden. Emma sabe que por la cabeza de los señores Weston ronda la idea de un matrimonio entre el señor Churchill y ella, y aunque ella misma no es muy proclive a esa idea, su reputación llama poderosamente su atención y está deseando conocerle. El señor Knightley, caballero sensato y cuñado de Emma, 16 años mayor que ella, ni ve con buenos ojos lo que está haciendo con Harriet Smith y el señor Elton, ni tiene muy buena opinión sobre Frank Churchill, y jamás se ha callado nada ante ella. Es un hombre de modales bruscos y poco galantes que ha guiado sus pasos desde que Emma nació; siempre le dice lo que piensa, cuando cree que se equivoca, y no piensa dejar de hacerlo ahora.

Emma presenta quizás a la heroína protagonista más atípica de las seis novelas principales de Jane Austen. Creo que llegó a decir, antes de escribir el libro, que iba a dar vida a una protagonista que no le caería bien a nadie más que a ella, y aunque no es del todo cierto (con todos sus defectos, la prefiero a otras heroínas muchísimo más queridas... lo dejaré ahí xD), sí que es verdad que, a priori, es con la que menos se empatiza, sobre todo en una primera lectura. Te enfadas con ella, y al rato entiendes que no tiene malicia ninguna. Pero ves cómo se equivoca de nuevo, y la lectura se convierte en un tira y afloja con un personaje que está en su camino de madurez y aprendizaje en la vida a lo largo de las casi seiscientas páginas de historia.


Las diferencias empiezan con su situación social y familiar. No tenemos una familia de clase media donde hay varias hermanas, ni la protagonista es una mujer sin dote posible ni perspectivas de un buen matrimonio porque, de hecho, ni siquiera busca dicho matrimonio, como ocurre en casi todas sus novelas. No, Emma es todo lo contrario. Emma vive sola con su padre, es rica, dueña y señora de la mansión del lugar y pertenece a la familia de mayor posición social de la región, razón por la cual todos le deben deferencia. No piensa casarse ni en enamorarse nunca, porque ni tiene predisposición a ello, ni lo necesita: ya posee una fortuna, ya tiene la posición social, ya es la más importante en su círculo social y su padre la adora y no ve defecto alguno en ella. No cree que vaya a encontrar a ningún hombre que supere todo eso, y no piensa en casarse. Como lo tiene todo en la vida, se dedica a intentar arreglar las de aquellas que están por debajo en el escalafón... es tan arrogante, que cree que puede y debe arreglar la vida de todos a su alrededor. Siempre tiene que salirse con la suya, imponerse sobre los demás, y además tiene un concepto sobre sí misma demasiado elevado.

Pintada así, parece insufrible. Y lo es en muchas ocasiones. Incluso cruel con aquellos que son muy inferiores a ella en inteligencia y posición social, como la pobre, extenuante y pesada señorita Bates, dando lugar a una de las escenas más famosas de la obra entre ella y el señor Knightley, único ser que ve sus defectos y se los reprocha. Pero al tiempo Emma se hace querer, y tiene muchas buenas cualidades que comenzarán solo a prevalecer conforme las vidas de los que le rodean giren y cambien en torno a sus decisiones. Esta historia no es una historia de jovencitas y caballeros y sus enredos amorosos, sino la de una joven que lo tiene todo, que se aburre con mucha facilidad, que persuade y manipula, y que transita su camino hacia la madurez y la sensatez en unas páginas en las que vierte las primeras lágrimas de su vida ante nuestros ojos cuando es consciente de las consecuencias de su vanidad y mal juicio.

No os voy a decir lo de siempre, que este libro es un retrato maravilloso de la sociedad de la época, los distintos personajes que formaban parte de ella y sus pautas sociales. Estas singularidades están presentes en toda la obra de esta autora y sería redundar en lo ya dicho. Sí que os puedo decir que contiene probablemente la más realista de todas las historias de amor de sus novelas. Y que su protagonista masculino es probablemente el mejor, como hombre y como caballero, de todos sus protagonistas masculinos, siendo solo igualado moralmente por el coronel Brandon de Sense and sensibility. Ni el orgullo y los prejuicios de Darcy ni el rencor y el resentimiento de Frederick Wentworth, son comparabales a la elevada catadura moral y recto comportamiento del señor Knightley. Pero ya se sabe que los mejores siempre permanecen en la sombra :)

La reservada y cauta Jane Fairfax, su cargante y fatigosa tía la señorita Bates, el extremadamente hipocondríaco señor Woodhouse, el altanero y falso señor Elton, la arpía y engreída de su esposa, el simpático aunque caprichoso Frank Churchill, el feliz matrimonio Weston, la ingenua y moldeable señorita Smith... son los vecinos de Highbury que forman parte de la vida de Emma Woodhouse y que son tocados en mayor o menor medida por la varita de sus decisiones. Hay escenas maravillosas, como las de los dos bailes, que sobre todo con las relecturas ganan en perfección en cuanto a la imagen que ofrecen sobre todos y cada uno de estos personajes. En esas relecturas te das cuenta de algo que solo puede apreciarse cuando ya se conoce el destino final de cada uno de ellos: la muchísima información que Jane Austen da sobre las circunstancias de cada uno, de lo milimetrado que está todo lo que se narra en la historia, y de que realmente no hay ni un solo cabo suelto.


Hace poco me dijo una amiga que la genialidad de Jane Austen estaba en que sus libros cambiaban para el lector según su edad, sus vivencias... que dependiendo del momento en el que estemos de nuestras vidas vamos empatizando más con unos que con otros porque sus historias y sus personajes son tan reales que conectamos con el momento que viven. Tiene mucha razón, y Emma en concreto es el libro que más se ha beneficiado de este transcurrir de los años. Lo he comprendido mucho más en las relecturas que la primera vez que lo leí muy jovencita. Y cada vez que lo releo, me parece más genial, más agudo y más benevolente con las carencias y debilidades del ser humano, con el aprendizaje que supone en sí misma la vida. Emma no solo es la heroína Austen más diferente, sino también quizás la más imperfecta, y aun así es fácil comprenderla en sus defectos y perdonarla en el reconocimiento de sus errores. Y veo además mucho cariño de la autora en su protagonista precisamente por eso: no se lo pone nada fácil, le hace cometer muchas injusticias, muchas equivocaciones que de cara al lector no le favorecen en absoluto, y aun así Jane sabía que la entenderíamos y no la juzgaríamos, y que de hecho acabaríamos cogiéndole cariño.

Si digo que Emma es otra joyita me estaría repitiendo. No quiero hacerlo. Pero me resulta imposible no decirlo, porque lo es. Y no sé si al final he conseguido no extenderme demasiado; probablemente no, pero creedme que he metido tijera y solo he dejado lo que creo imprescindible que debe estar aquí.
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