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ISBN : 8491050582
Editorial: AGUILAR (15/10/2015)

Calificación promedio : 4.12/5 (sobre 20 calificaciones)
Resumen:
Penguin Clásicos nos brinda esta preciosa edición de Emma para conmemorar el bicentenario de la publicación original de la novela en 1815.«Jane Austen es una maestra en dibujar emociones más profundas que las que aparecen superficialmente. Nos estimula a añadir lo que no está.» Virginia WoolfEmma cuenta la historia de una inteligente y laboriosa joven empeñada en hacer de celestina de todas sus amistades. Cuando su institutriz, amiga y confidente decide contraer mat... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (9) Ver más Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 28 noviembre 2017
Emma Woodhouse solo tiene veintiún años y es casi de pleno derecho la señora de Hartfield. Allí vive sola junto a su padre desde que su hermana se casó y se marchó a vivir a Londres. Bella, rica, mimada y consentida, con una aguda inteligencia, y con un sentido muy arraigado de su superioridad en la escala social sobre todos sus vecinos de Highbury, está convencida de que es la artífice del buen matrimonio que su amada institutriz, la señora Taylor, ha hecho con el señor Weston. Y decide que es tan buena organizando y encauzando las vidas de los demás que se dispone a hacer lo mismo por más vecinos. Harriet Smith, jovencita abandonada en la niñez, hija de no se sabe quién, y que vive en una especie de escuela para señoritas, es su siguiente víctima. La convierte en su nueva amiga del alma, la convence de que a pesar de sus dudosos orígenes es hija de un caballero, que debe aspirar a mucho más que lo que dictan las convenciones sociales, y escoge para ella al señor Elton, párroco de la localidad. Está dispuesta a todo con tal de conseguir que este matrimonio se lleve a cabo.
Por otro lado, la aburrida sociedad de Highbury espera con ansias la llegada del hijo del señor Weston, Frank Churchill, cuya fama y virtudes, en su mayor parte proclamadas por su propio padre, le preceden. Emma sabe que por la cabeza de los señores Weston ronda la idea de un matrimonio entre el señor Churchill y ella, y aunque ella misma no es muy proclive a esa idea, su reputación llama poderosamente su atención y está deseando conocerle. El señor Knightley, caballero sensato y cuñado de Emma, 16 años mayor que ella, ni ve con buenos ojos lo que está haciendo con Harriet Smith y el señor Elton, ni tiene muy buena opinión sobre Frank Churchill, y jamás se ha callado nada ante ella. Es un hombre de modales bruscos y poco galantes que ha guiado sus pasos desde que Emma nació; siempre le dice lo que piensa, cuando cree que se equivoca, y no piensa dejar de hacerlo ahora.
Emma presenta quizás a la heroína protagonista más atípica de las seis novelas principales de Jane Austen. Creo que llegó a decir, antes de escribir el libro, que iba a dar vida a una protagonista que no le caería bien a nadie más que a ella, y aunque no es del todo cierto (con todos sus defectos, la prefiero a otras heroínas muchísimo más queridas... lo dejaré ahí xD), sí que es verdad que, a priori, es con la que menos se empatiza, sobre todo en una primera lectura. Te enfadas con ella, y al rato entiendes que no tiene malicia ninguna. Pero ves cómo se equivoca de nuevo, y la lectura se convierte en un tira y afloja con un personaje que está en su camino de madurez y aprendizaje en la vida a lo largo de las casi seiscientas páginas de historia.

Las diferencias empiezan con su situación social y familiar. No tenemos una familia de clase media donde hay varias hermanas, ni la protagonista es una mujer sin dote posible ni perspectivas de un buen matrimonio porque, de hecho, ni siquiera busca dicho matrimonio, como ocurre en casi todas sus novelas. No, Emma es todo lo contrario. Emma vive sola con su padre, es rica, dueña y señora de la mansión del lugar y pertenece a la familia de mayor posición social de la región, razón por la cual todos le deben deferencia. No piensa casarse ni en enamorarse nunca, porque ni tiene predisposición a ello, ni lo necesita: ya posee una fortuna, ya tiene la posición social, ya es la más importante en su círculo social y su padre la adora y no ve defecto alguno en ella. No cree que vaya a encontrar a ningún hombre que supere todo eso, y no piensa en casarse. Como lo tiene todo en la vida, se dedica a intentar arreglar las de aquellas que están por debajo en el escalafón... es tan arrogante, que cree que puede y debe arreglar la vida de todos a su alrededor. Siempre tiene que salirse con la suya, imponerse sobre los demás, y además tiene un concepto sobre sí misma demasiado elevado.
Pintada así, parece insufrible. Y lo es en muchas ocasiones. Incluso cruel con aquellos que son muy inferiores a ella en inteligencia y posición social, como la pobre, extenuante y pesada señorita Bates, dando lugar a una de las escenas más famosas de la obra entre ella y el señor Knightley, único ser que ve sus defectos y se los reprocha. Pero al tiempo Emma se hace querer, y tiene muchas buenas cualidades que comenzarán solo a prevalecer conforme las vidas de los que le rodean giren y cambien en torno a sus decisiones. Esta historia no es una historia de jovencitas y caballeros y sus enredos amorosos, sino la de una joven que lo tiene todo, que se aburre con mucha facilidad, que persuade y manipula, y que transita su camino hacia la madurez y la sensatez en unas páginas en las que vierte las primeras lágrimas de su vida ante nuestros ojos cuando es consciente de las consecuencias de su vanidad y mal juicio.
No os voy a decir lo de siempre, que este libro es un retrato maravilloso de la sociedad de la época, los distintos personajes que formaban parte de ella y sus pautas sociales. Estas singularidades están presentes en toda la obra de esta autora y sería redundar en lo ya dicho. Sí que os puedo decir que contiene probablemente la más realista de todas las historias de amor de sus novelas. Y que su protagonista masculino es probablemente el mejor, como hombre y como caballero, de todos sus protagonistas masculinos, siendo solo igualado moralmente por el coronel Brandon de Sense and sensibility. Ni el orgullo y los prejuicios de Darcy ni el rencor y el resentimiento de Frederick Wentworth, son comparabales a la elevada catadura moral y recto comportamiento del señor Knightley. Pero ya se sabe que los mejores siempre permanecen en la sombra :)
La reservada y cauta Jane Fairfax, su cargante y fatigosa tía la señorita Bates, el extremadamente hipocondríaco señor Woodhouse, el altanero y falso señor Elton, la arpía y engreída de su esposa, el simpático aunque caprichoso Frank Churchill, el feliz matrimonio Weston, la ingenua y moldeable señorita Smith... son los vecinos de Highbury que forman parte de la vida de Emma Woodhouse y que son tocados en mayor o menor medida por la varita de sus decisiones. Hay escenas maravillosas, como las de los dos bailes, que sobre todo con las relecturas ganan en perfección en cuanto a la imagen que ofrecen sobre todos y cada uno de estos personajes. En esas relecturas te das cuenta de algo que solo puede apreciarse cuando ya se conoce el destino final de cada uno de ellos: la muchísima información que Jane Austen da sobre las circunstancias de cada uno, de lo milimetrado que está todo lo que se narra en la historia, y de que realmente no hay ni un solo cabo suelto.

Hace poco me dijo una amiga que la genialidad de Jane Austen estaba en que sus libros cambiaban para el lector según su edad, sus vivencias... que dependiendo del momento en el que estemos de nuestras vidas vamos empatizando más con unos que con otros porque sus historias y sus personajes son tan reales que conectamos con el momento que viven. Tiene mucha razón, y Emma en concreto es el libro que más se ha beneficiado de este transcurrir de los años. Lo he comprendido mucho más en las relecturas que la primera vez que lo leí muy jovencita. Y cada vez que lo releo, me parece más genial, más agudo y más benevolente con las carencias y debilidades del ser humano, con el aprendizaje que supone en sí misma la vida. Emma no solo es la heroína Austen más diferente, sino también quizás la más imperfecta, y aun así es fácil comprenderla en sus defectos y perdonarla en el reconocimiento de sus errores. Y veo además mucho cariño de la autora en su protagonista precisamente por eso: no se lo pone nada fácil, le hace cometer muchas injusticias, muchas equivocaciones que de cara al lector no le favorecen en absoluto, y aun así Jane sabía que la entenderíamos y no la juzgaríamos, y que de hecho acabaríamos cogiéndole cariño.
Si digo que Emma es otra joyita me estaría repitiendo. No quiero hacerlo. Pero me resulta imposible no decirlo, porque lo es. Y no sé si al final he conseguido no extenderme demasiado; probablemente no, pero creedme que he metido tijera y solo he dejado lo que creo imprescindible que debe estar aquí.
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Yani
 20 marzo 2018
Gracias, Jane Austen, por no decepcionarme aún. Se nota que este libro lo escribió durante la madurez, porque ni Sentido y sensibilidad ni Orgullo y prejuicio tienen una trama que parece muy sencilla y que logra construir algo más complejo. Uno de los motivos puede llegar a ser una protagonista que no lleva un cartel pidiendo que el lector la quiera (salvo en ocasiones puntuales) y muchos personajes que dan falsas impresiones. No pueden faltar las descripciones de los entretenimientos de zonas rurales y la fina ironía que utiliza Austen para quejarse de la sociedad. Podría haber sido perfecto pero, sobre el final (y trataré de justificarlo sin spoilers más adelante), se cortan hilos sin ninguna delicadeza y los acontecimientos se precipitan mucho. Contrastando esto con la lentitud del principio, no puedo pasarlo por alto.
Como siempre, la corrección de la sinopsis de la edición que leí: Emma no se muda a Hartfield porque ella ya vive allí. No está aburrida y Knightley no debería aparecer de golpe en el párrafo. En resumidas cuentas, Emma Woodhouse es una señorita de veintiún años, vive con su padre y ambos pertenecen a la buena sociedad de Highbury. La que se muda es la institutriz, Anne Weston, porque se casa. El matrimonio estuvo casi arreglado por Emma, ya que tiene como pasatiempo armar parejas y la boda correspondiente. Esto le va a traer problemas cuando intente hacer lo mismo con Harriet Smith, una amiga de condición social inferior.
Después del insoportable párrafo que cuenta el argumento, los elogios: me encanta Emma como protagonista y creo que es una de las mejores de las novelas de Jane Austen (me falta leer Mansfield Park , para tener una idea acabada). Es egoísta, juzga a los demás por su clase social, cree que es la titiritera de la gente que la rodea y sólo tiene a George Knightley para que la enderece un poco en sus acciones. No quiere casarse y analiza punto por punto las situaciones que vive. No se la puede apreciar apenas empieza el libro porque la actitud molesta, es cierto, pero no se puede sacar a Emma de su contexto. Vive en una época en donde las personas eran definidas por sus posesiones y su renta anual, así que ella hace lo mismo porque, en realidad, no es tan inteligente como la pintan. Su poder de observación no es infalible y, por supuesto, no hay párrafos en donde filosofe sobre la vida o la economía de Gran Bretaña. Su inteligencia está basada en lo que se consideraba así en ese siglo para las mujeres. Obviamente, a los hombres se los medía con otros parámetros y tal vez por eso Emma toca una fibra sensible y Frank Churchill o Elton, que son más insoportables que ella, no lo hacen. Así que no hemos cambiado. Lo importante es que Emma va suavizando las opiniones y las actitudes a medida que se mete en problemas porque, a fin de cuentas, tiene capacidad de autocrítica. Me hubiera gustado que predijera las consecuencias de sus actos antes de ejecutarlos, ya que era tan lista.
Hay otros que merecen que se los mencione porque completan el universo Austen. Knightley, Harriet y Augusta son tres muestras de distintos tipos de personas que se encuentran a menudo en estas novelas, pero tienen características que los diferencian del resto. Knightley tiene todo y no presume, Harriet no tiene nada y no le importa y Augusta tiene todo y lo refriega en cualquier rostro que se le cruce. Creo que Austen trabaja muy bien con estos tres y los desarrolla para que queden como ejemplo de esa sociedad que ella tanto miraba de reojo (el tratamiento era mutuo, me atrevo a decir). Luego está el padre de Emma, siempre listo para aportar la cuota de humor con su excesiva preocupación médica y climática. Todos son muy sinceros y algunas frases son difíciles de digerir desde la perspectiva de un siglo más benevolente, aunque sobrevivan los hipócritas.
El puntapié inicial de la historia se da cuando Emma desea que Harriet, en detrimento de un hombre humilde que ama, se case con el señor Elton, quien la haría ascender socialmente. Harriet es una especie de proyecto de Emma y, a pesar de la manipulación a la que la pobre chica se somete sin ofrecer resistencia, la amistad entre ellas llega a ser importante en la trama. A partir de allí, se suceden los equívocos que no pueden faltar en las novelas de Austen, las palabras mal interpretadas, los temperamentos poco sondeados. Hay bailes, visitas y excursiones (otra cosa no se puede hacer, ya que no están en Londres) que sirven de marco para estos sucesos. Están bien armados y no detecté muchas conversaciones innecesarias, salvo las de la señorita Bates porque lo requería su personaje. Siempre está la sensación de que dan demasiadas vueltas para decir algo simple, pero se puede superar. La narración es afilada y se me hizo más llevadera y sensible que la de otras novelas de Austen (como Sensatez y sentimientos, por ejemplo). Básicamente, todo está bien. Sin embargo, porque nada existe sin un “sin embargo”, la resolución del final me pareció precipitada. Creo que es uno de los pequeños defectos de la escritora: en las últimas treinta páginas se revelan cosas que se pueden sospechar desde el principio y, aunque causan enternecimiento, producen efecto de choque. O de incomodidad, al menos. Los cabos sueltos se dejan así como están y no pude atisbar un esfuerzo por terminarlos de buena manera.
Con Emma queda reforzada la idea de que hay elementos que no se pueden juntar sólo porque se le ocurre a una sola persona sin tener en cuenta los sentimientos de la otra. Aun así, predomina (guste o no guste) la conveniencia por sobre los sentimientos. Austen no ofrece muchas salidas a esto: si alguien ama a una persona de baja condición, entonces las amistades y el trato hacia ella cambiarán de acuerdo a cuántos escalones baje. Si los sube, obviamente, tendrá más beneficios. Y esta novela lo aclara y lo explica con lujos de detalles, además de cierta insistencia. Allí está la habilidad de Austen. Puede llegar a ser muy instructiva… y muy convincente.
Emma se toma o se deja. A pesar de que el inicio no tiene un brillo que invite a seguir leyendo, lo bueno empieza a surgir a los pocos capítulos. Ya no se vuelve tan largo y los personajes adquieren forma junto con la trama. Reconozco que Emma no es la protagonista más simpática del mundo y le falta mucho para ser Lizzie Bennet, pero tampoco encuentro razones para odiarla fervorosamente. El libro en sí mismo me pareció muy bueno y lo recomendaría para lectores pacientes que no le temen a personajes no muy heroicos.

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Galena
 19 noviembre 2017
Emma es, junto a Orgullo y prejuicio, mi novela favorita de Jane Austen. También me gusta mucho Persuasión y Sentido y sensibilidad, pero es que Emma me divierte tanto y me gusta tanto el ambiente costumbrista y conocer tan bien a los personajes que hay en ella, que siempre ha sido especial para mí.
Emma tiene una trama que invita a pasárselo bien, y también ayuda que su protagonista sea una joven segura de sí misma, que siempre ha vivido entre comodidades y gente que la ha cuidado y querido. La joven Emma tiene un pasatiempo muy peculiar, y es que le gusta arreglar casamientos, muy a pesar de su padre, el señor Woodhouse.
La trama gira en torno a esto, al menos al comienzo y se va enredado e incluyendo nuevos personajes mientras avanza, con lo que yo creo que engancha bastante porque queremos ver a donde van a parar todas estas situaciones que Emma va creando.
Es una historia más larga que otras novelas de Jane Austen y tal vez por eso hay tiempo a presentar muy bien a todos los personajes, a conocer mejor ese pequeño entramado social porque da la sensación (aunque tal vez se deba a que he leído la novela varias veces) de que llegamos a conocerlos muy bien. Desde los Weston a la señora y la señorita Bates, las cartas de Jane, el ambiente familiar entre Emma, su padre y el señor Knightley en Hartfield… Creo que es uno de los escenarios más mimados y bien hilados de la autora.
Como en sus otras novelas, Austen incluye historias de amor y personajes a los que les tomaremos mucho cariño. A mí, personalmente, me sorprendió la primera vez que leí la historia el final, no voy a dar más detalles para no hacer spoilers, pero me gustó mucho, aunque como con los finales de otras de sus historias, siempre me quedo con ganas de saber más.
Esta novela tiene unos personajes muy bien caracterizados, incluso aquellos que pueden ser un poco caricaturas incluyen reflexiones que dan a entender que a pesar de eso deben ser tratados con respecto. El ejemplo más claro sería la señorita Bates, una mujer que habla y habla y llega a ser muy pesada y a veces mete la pata diciendo más de lo que debería, pero que debido a su desgraciada situación en la vida y a su bondad, cuenta con el respeto de sus vecinos. Emma no tiene tanta paciencia como debería, pero es algo que querrá cambiar al darse cuenta de que no todos tienen tanta suerte como ella.
El señor Woodhouse, el padre de Emma, también es muy particular, creo que Austen tiene cierta tendencia a incluir siempre algún personaje hipocondríaco en sus novelas y el señor Woodhouse cumple bien su papel. No asimila bien los cambios y puede ser difícil, pero siempre me pareció muy bonito ver como todos sus amigos y familiares consiguen tratarlo con delicadeza, pensando siempre en él para que todo esté a su gusto y esté tranquilo para su comodidad.
El señor Knightley es un personaje que siempre me ha gustado mucho, es un poco como la conciencia de Emma y a diferencia del resto de sus amigos, no se dedica a regalarle los oídos, sino que siempre le dice lo que piensa y la reprende si lo considera necesario. La amistad del sueño de Donwell Abbey será muy preciada para Emma, aunque muchas veces no le guste lo que le dice.
Emma, por su parte, es una protagonista que no tiene problemas a nivel económico y no necesita casarse por esos motivos, es más, su idea es no casarse nunca, porque nunca ha estado enamorada y no cree que lo vaya a estar. Es en esencia una buena persona, pero todo el cariño que recibió de niña la ha hecho ser muy confiada y a pesar de ser consciente de sus deficiencias, no se esfuerza en sacar de su error a sus aduladores.
Todos estos personajes, más muchos otros que no he mencionado, contribuyen a que el tono de la novela sea más bien alegre, con escenas cómicas y a veces reflexivas que nos llevan a través de un proceso de crecimiento de Emma Woodhouse.

Como fan de Jane Austen y con lo mucho que disfruto con mis relecturas de Emma, no puedo más que animaros a darle una oportunidad.
En esta reseña, no puedo dejar de mencionar la edición de este ejemplar, ya que Alianza editorial ha sacado una reedición de los clásicos de Jane Austen para conmemorar el centenario de la autora. Todos los títulos se han publicado en tapa dura con sobrecubierta y siguen el mismo motivo en las portadas, con lo que queda una colección preciosa. Es una edición sencilla pero bonita y sobre todo, duradera, porque si lees un libro un tanto grueso muchas veces y no es de tapa dura, se resentirá bastante. Así que si sois de esas personas que, como yo, leéis muchas veces las novelas de Jane Austen, seguro que os gusta esta oportunidad.

Una de mis novelas favoritas de Jane Austen, con una historia llena de personajes muy bien caracterizados, una protagonista muy decidida y un tono amable y alegre que está en toda la historia. La trama está llena de enredos y sorpresas, así como momentos que harán madurar a la joven Emma. Una lectura que disfruto cada vez que me sumerjo entre sus páginas.
Enlace: http://excentriks.blogspot.c..
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SandraCP
 12 junio 2018
En esta ocasión, nos encontramos con una protagonista muy diferente a lo que Jane Austen nos tenía acostumbrados. Atrás quedan esas heroínas luchadoras, abandonadas a su suerte, sin recursos económicos, a las que la suerte no les favorecía. Emma Woodstock es todo lo contrario, heredera de Highbury, educada por una institutriz que la ha mimado y consentido desde niña, convirtiéndose así en una joven inteligente pero acostumbrada a que todo el mundo le dé la razón y conseguir lo que se propone. Sin embargo, pese a que lo podría parecer, esto no la convierte en una persona caprichosa y malcriada, sino que ella es consciente de su suerte y aprovecha su inteligencia y su posición para intentar ayudar a los demás. O al menos, lo que ella cree que es ayudar, que es intentar solucionar la vida de las personas de su entorno creando situaciones propicias para que ciertas personas pasen momentos juntos. En primer lugar, la novela comienza tras la salida de la señorita Taylor de Highbury, la cual se nos muestra como se fuera un logro de Emma. Con esta partida, la joven se queda sola con su padre en su casa y busca nuevos entretenimientos, por lo que acoge en su vida a Harriet, una humilde chica de origen desconocido que vive en una residencia de señoritas cercana. Se podría decir que Harriet no destaca especialmente por su inteligencia, pero es una joven guapa y fácilmente manejable que Emma tratará de encaminar inculcándole una buena educación y amistades adecuadas, es decir, su círculo más íntimo.
En este círculo es donde encontramos al resto de personajes: el señor Woodstock, padre de Emma y tierno anciano hipocondriaco para quien toda precaución es poca para no acabar cogiendo un mortal resfriado; el señor y la señora Weston que son los vecinos más cercanos en Highbury y ella, su antigua institutriz porque, además, es la que mejor la conoce; el matrimonio de John Knightley y Isabella, la hermana de Emma, que habitualmente viven en Londres, pero que se acercan en ocasiones a ver a sus parientes; el señor Knightley, cuñado de Isabella y, por cercanía, familiar cercano de Emma y dueño de Donwell Abbey, que se acerca a menudo a visitar a Emma y a su padre y con el que ella tiene encendidas discursiones sobre su manera de ver la vida y juzgar a las personas; el señor Elton, vicario y amigo cercano de Emma con el que comparte grandes ratos; y Jane Fairfax, una joven de la edad de Emma que no vive en Highbury pero acude a pasar largas temporadas con su tía y su abuela. Con este grupo de personajes y alguno más que aparece posteriormente, Jane Austen traza una red de relaciones que consigue atraparnos. Con la ternura y ocasional inocencia de Emma (intuyo que algunos lo pensarán así pero lo hace todo sin maldad), las divertidas sentencias preocupadas del señor Woodsotck, las brillantes discursiones entre Emma y el señor Knightley, las situaciones en las que se demustra la inteligencia de Emma y la ignorancia y la sosería de Harriet... A mí, personalmente, me han conquistado completamente.
Además, entre el papel de casamentera de Emma y la constancia manía de mantener las apariencias y no demostrar lo que se piensa o se siente, crean una trama de humor y engaños que resulta tremendamente adictiva. Además, reconozco que he disfrutado como una enana del final ya que, en esta ocasión y en contra de lo que pasaba en anteriores libros de la autora, no se precipita en un solo capítulo, sino que nos permite disfrutarlo y saborear cada palabra. #ahílodejo
Por último, y aprovechando que tenía posibilidad de ver la miniserie adaptada por la BBC sobre este clásico en 2009, no he podido resistirme a verla y comparar. La conclusión es que la adaptación es pura maravilla, recoge cada escena importante del libro, cada conversación, la naturaleza de los personajes... Si tengo que ponerle alguna pena es que, en la serie, los sentimientos de cada personaje son bastante más previsibles que en el libro, lo que le resta un poco de emoción. Aunque también puede ser que yo me fijara más en sus gestos tras saber como acaba la historia. En cualquier caso, reitero mi opinión de que es una adaptación excelente que puede sustituir al libro en el caso de que no lo hayáis leído y os dé pereza hacerlo o podéis utilizarla para rememorar lo que sentísteis con la novela.
En conclusión, Emma es una novela muy recomendable, muy amena y muy divertida que te hace sentirte dentro de una comedia romántica en la que no paran de suceder enredos y engaños que acabarán convirtiendo la vida de los protagonistas en un aprendizaje hacia la sensatez y la sinceridad.
Enlace: http://miviajeliterario.blog..
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Barbi88
 20 marzo 2018
Lo tuve abandonado aproximadamente siete meses, probablemente porque la historia al haber visto tanto Emma como Ni idea, ya me era bastante conocida, y el principio no me atrapo para continuar. Pero ayer sentí las ganas inexplicables de continuar y suerte que lo hice. Me encontré con una historia que me encanta y al leerlo llegue a un nivel de identificación con el personaje que no me había ocurrido antes. No especialmente con el final, . Mil veces he llegado a confundir los sentimientos de los demás e inclusive los míos y he actuado en base a esas suposiciones. Sino fuera por la primera mitad del libro que me costo un poco continuar, la puntuación serian las cinco estrellas, pero debo ser sincera con lo que me sucedió y no dejarme llevar por el sentimiento final que me dejo el libro a tan poco tiempo de haberlo terminado. Debo reconocer que Jane Austen cada vez me gusta mas.
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GalenaGalena19 noviembre 2017
—¡Ahora quiere usted escaparse! Pero, piénselo bien, no debe asustarle delegar en mí esos poderes. No soy una jovencita en edad de merecer. Las mujeres casadas pueden ocuparse de esas cuestiones sin el menor peligro. Es mi fiesta. Déjeme hacerlo. Yo me encargaré de las invitaciones.
—No —replicó el señor Knightley con mucha serenidad—; sólo existe una mujer casada a quien permitiría invitar a Donwell Abbey a los huéspedes de su elección, y se trata de…
—La señora Weston, imagino —irrumpió la señora Elton, bastante molesta.
—No; la señora Knightley. Y hasta que exista una señora Knightley, me seguiré encargando personalmente de esos asuntos.
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GalenaGalena12 diciembre 2017
La señora Bates, viuda de un antiguo vicario de Highbury, era una señora muy anciana, de vuelta ya de casi todo, si se exceptúan el té y el cuatrillo. La señora Bates vivía muy modestamente, con una hija soltera, y recibía la consideración y el respeto que suele despertar una anciana inofensiva en circunstancias tan desafortunadas. Su hija disfrutaba de una popularidad inusitada, tratándose de unya mujer que no era joven, ni hermosa ni rica y que ni siquiera estaba casada. La señorita Bates se encontraba en una pésima situación frente al mundo precisamente por gozar de tanta popularidad; y carecía de la superioridad intelectual que la reconciliara consigo misma o que asustara a quienes pudieran aborrecerla, obligándoles a manifestarle respeto al menos en público. La señorita Bates nunca había presumido de belleza ni de inteligencia. Su juventud transcurrió sin relieve y ahora dedicaba los años de madurez a cuidar de una madre a quien sel e iba la cabeza, esforzándose por sacar el mejor partido posible a sus pequeños ingresos. La señorita Bates, sin embargo, era una mujer feliz y una mujer de la que todo el mundo hablaba con simpatía. Eran su bondad para con todos y su buen carácter las cualidades responsables de tales maravillas.
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GalenaGalena12 diciembre 2017
Su declaración y su propuesta de matrimonio no le habían servido de nada. Emma no creía en su afecto, y sus infundadas esperanzas la insultaban. El señor Elton quería casarse bien y, después de tener la arrogancia de poner los ojos en ella, fingían estar enamorad. A Emma no le cabía la menor duda de que su desengaño no le haría perder el sueño. Faltaba afecto sincero tanto en sus modales como en sus palabras. Había prodigado suspiros y frases acarameladas, pero era difícil reunir un conjunto de expresiones o utilizar un tono de voz menos ligados con el verdadero amor. No necesitaba apiadarse de él, porque sólo buscaba mejorar su posición social y enriquecerse; y si la señorita Woodhouse de Hartfield, heredera de treinta mil libras, no era tan fácil de conseguir como había imaginado, el señor Elton pronto volvería a intentarlo con otra que dispusiera de veinte o de diez.
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GalenaGalena12 diciembre 2017
Pareció como si se produjera inmediatamente una impresión favorable, como si sus ojos recibieran la verdad de los de Emma, y su nueva actitud fuera inmediatamente captada y celebrada. La expresión del señor Knightley se modificó. Emma se sintió extraordinariamente complacida y su satisfacción aumentó gracias a un gesto que iba más allá de la simple amistad: el señor Knightley le tomó la mano. Emma no sabría decir si fue ella quien hizo el primer movimiento: quizá se la ofreciera incluso; pero lo cierto fue que él se la tomó, la estrechó y estaba a punto de llevársela a los labios cuando, por un motivo u otro, se detuvo. Por qué tuvo escrúpulo tan repentino, por qué cambió de idea cuando ya casi lo había hecho, fue algo que Emma no entendió. Hubiera sido más razonable no detenerse, pensó.
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GalenaGalena12 diciembre 2017
Al expresar en voz alta su asombro ante las pocas personas que conocían su opinión sobre la señora Elton, una de ellas, la señora Weston, aventuró esta disculpa:
-No creo que esté a gusto en la vicaría, mi querida Emma, pero siempre será mejor que no salir de casa. Su tía es una bellísima persona pero como compañera permanente debe de resultar muy aburrida. Antes de decidir que la señorita Fairfax tiene muy mal gusto hemos de acordarnos de su situación.
-Tiene usted toda la razón, señora Weston -dijo el señor Knightley con calor- La señorita Fairfax es tan capaz como cualquiera de juzgar a la señora Elton. Si estuviera en su mano no la habría elegido, pero -con una sonrisa de reproche dirigida a Emma- la señora Elton tiene con ella atenciones que no recibe de ninguna otra persona.
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