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Crítica de UnaiGoiko74


UnaiGoiko74
16 agosto 2020
Ivanhoe es una novela seudo histórica (ya que muchos personajes y hechos descritos son ficticios) que narra una historia de amor, honor y gloria ambientada en la Inglaterra del S. XII. El estilo descriptivo es claramente romántico, muy en la línea de la novela de caballerías. Uno de los temas centrales de la novela es el del orgullo identitario, en concreto, el orgullo sajón, que encarna el nacionalismo inglés (aunque los sajones también invadieron con anterioridad a los nativos de la isla), el del pueblo oprimido, que resiste estoicamente frente al opresor normando. Cabe destacar en este punto, la utilización partidista que Sir Walter Scott hace de la historiografía británica, en un momento de exaltación nacional y de impulso imperial y colonial de la corona británica; sin olvidar tampoco que las fuerzas reaccionarias integradas, entre otras potencias, por el imperio británico, acababan de vencer a Napoleón unos años antes en la batalla de Waterloo. Por lo tanto, no sería descabellado plantear que Scott establece un paralelismo entre sajones-normandos y reaccionarios ingleses-revolucionarios franceses.

“- Pues esto es mejor que mejor; se han llevado al loco sajón para servir al señor normando. ¡Locos estamos todos los que servimos y más despreciables para su diversión que si tuviésemos sólo la mitad de nuestro sentido! Pero yo me vengaré -añadió poniéndose en pie con la impaciencia de la supuesta injuria y empuñado el venablo- (…) me creen viejo, pero verán, solo y sin hijos como estoy, la sangre de Hereward en las venas de Cedric” (Cedric el sajón, padre de Ivanhoe)

La historia arranca en una Inglaterra convulsa, en la que Juan sin tierra reina en ausencia de su hermano Ricardo Corazón de León, embarcado, este último, en una cruzada contra los “infieles”. Saladino firma una tregua de cincuenta años con los cruzados y estos van regresando a sus países de origen, entre ellos Ivanhoe y un Ricardo que viajará de incognito, tomando distintas identidades (el holgazán negro, el caballero negro, etc). Juan, aliado con varios nobles normandos, pretende usurpar el trono de su hermano y, en “Ivanhoe” se narra como Ricardo logrará, junto a unos aliados inesperados, abortar este plan y salir en defensa del pueblo sajón.
El protagonista de la novela es Wilfredo de Ivanhoe, caballero de origen sajón, hijo de Cedric, que durante las cruzadas sirvió fielmente a Ricardo corazón de León. Luchará por lograr la mano de su amada, la noble sajona Lady Rowena, y para ello deberá de superar innumerables pruebas y peligros. Su némesis es Brian de Bois-Guilbert, caballero templario cruel y sin escrúpulos que se encaprichará de Lady Rowena al contemplar su gran belleza. Otros personajes populares que se asoman, con distinto protagonismo, por el texto son Robin Hood (Locksley) o el fraile Tuck.

Por otro lado, si he comentado antes que el ensalzamiento nacionalista tiene una importancia vital en el escrito, otro tema que Scott no elude, dejando relucir indirectamente su posicionamiento al respecto, es el del antisemitismo.

“-¡Un perro judío -exclamó el templario- aproximarse a un defensor del Sagrado Sepulcro!
-¡Por vida mía! -dijo Wamba (el bufón)-. Parece que los templarios gustan más de la herencia de los judíos que de su compañía.”

Los judíos eran los “banqueros” de Europa, en los tiempos que no existían los bancos; prestaban dinero a los nobles, reyes, etc., a cambio de una comisión (práctica habitual de las entidades financieras actuales), por ello, se ganaron la fama de usureros. Fue esta dependencia económica, este control, esta condición de acreedor, y no su religión (que no resultaba turbadora a la hora de solicitar el préstamo), la razón por la que los poderosos odiaban a los judíos, alimentando ese odio entre sus subordinados.

“(…) bandas de forajidos salteaban los caminos y tenían sitiados en sus dominios a los nobles, que, en guerra unos con otros por su filiación, eran débiles, la mayor parte de los cuales tenían sus propiedades hipotecadas a los judíos. Para liquidar la cuenta con éstos, haciendo frente a la usura, cuando podían asesinaban al acreedor, quedando impunes.”

O como diría el personaje del prestamista, Isaac de York:

“(…) yo no obligo a tomar dinero, pero cuando clérigos y laicos, príncipes y priores, caballeros e hidalgos llaman a la puerta de Isaac, no piden prestado sus siclos en términos tan inciviles. Entonces soy el amigo Isaac, y me ruegan y me aseguran que sería una vergüenza para ellos no pagar el vencimiento, y que tengo en ellos amigos incondicionales. Pero cuando llega el día de pagar y pido lo mío, entonces soy un judío maldito, y todo lo malo e incivil que se guarda para los extraños.”

Por último, para ilustrar la visión que sobre la gloria (entendida desde un punto de vista caballeresco) tienen los distintos personajes, Scott enfrenta a Ivanhoe y a la bella judía Rebecca, hija de Isaac, en este extracto, que recuerda mucho a la mítica escena de “el caos es una escalera” de Juego de Tronos T3x6:

“ (…) ¿Qué os quedará os quedará como premio de la sangre vertida, del trabajo y dolor sufridos, de las lágrimas causadas por vuestras hazañas, cuando la muerte rompa vuestra fuerte lanza o sobrepase a vuestro caballo de batalla?
- ¿Qué queda? -repuso Wilfredo-. La gloria, mujer, la gloria, que dora nuestro sepulcro y eterniza nuestro nombre.
- ¡La gloria! La gloria es una armadura cubierta de orín que cuelga sobre la tumba olvidada del guerrero. Es el borroso epitafio que un monje ignorante enseña al viajero. ¿Eso es recompensa al sacrificio de todo afecto? ¿De una vida que transcurre miserablemente y que convierte a otros en miserables?
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