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Crítica de Lit


Lit
14 octubre 2019
El oro del depredador empieza un tiempo después del final de Máquinas Mortales y esta vez la mayor parte de la trama transcurrirá en la ciudad de hielo de Anchorage, donde sus habitantes se aferran con uñas y dientes a sus tradiciones.

Anchorage está gobernado por la margravina Freya, la última del linaje de mujeres Rasmussen, de quien los habitantes de Anchorage creen que los Dioses del Hielo les hablan en sueños para decirles hacia donde deben dirigir la ciudad. Pero la población de Anchorage se ha visto reducida considerablemente en los últimos tiempos por lo que la margravina deberá dar alguna orden pronto, si quiere evitar que otra ciudad mayor les coma.

Nos reencontramos también con Hester y Tom a bordo de la Jenny Hanniver y pronto tendrán un pasajero de lo más entretenido: el famoso profesor Pennyroyal, quien ha escrito varios libros contando sus aventuras en el Continente Muerto. Cuando la Jenny Hanniver sufra una avería, estos tres tendrán que refugiarse en Anchorage, donde conocerán a la margravina y al resto de habitantes de la ciudad.

De este libro me han gustado sobre todo los toques de humor que aportan Pennyroyal y la población de Anchorage. En ninguno de los dos casos es difícil ver venir qué es lo que se esconde realmente detrás de tanta palabrería y tradiciones y a menudo me descubría con una sonrisa en la boca, pensando en como reaccionarían ciertos personajes cuando el resto dejaran de hacerse los suecos.

Hester también me ha gustado mucho en este libro aunque no he estado de acuerdo con algunas de sus decisiones. Si habéis escuchado algo sobre esta historia, sabréis que Hester tiene una cicatriz en la cara que le afea el rostro y esa cicatriz es la principal culpable de su baja autoestima. Pese a ser feliz junto a Tom, Hester siempre ha tenido la sensación de que lo suyo será algo que no durará y esa decisión se verá acrecentada en cuanto tenga delante a la bonita margravina y vea lo bien que Tom se lleva con ella. A lo largo del libro podemos apreciar como la poca confianza que siente en su relación va menguando hasta ser inexistente y como entonces Hester toma una decisión sin tener en cuenta a nadie más.

Que el autor incluya una trama secundaria relacionada con Anchorage también me ha gustado. Desde el principio sabemos que los habitantes de la ciudad de hielo se están quejando de que desaparecen cosas sin cesar, aunque nadie tiene la más mínima idea de que puede estar ocurriendo. Nosotros lo sabremos casi desde el inicio y es divertido esperar a que finalmente los personajes se enteren de lo que ocurre.

Hay dos aspectos que no me han gustado nada de este libro y el principal ha sido la importancia que se le da a la fealdad de Hester. Desde el primer libro sabemos de la existencia de su cicatriz por lo que no entiendo esa insistencia en repetirnos que es fea. Me quedó claro la primera vez que el autor la describió y puedo aceptar que el autor crea conveniente un recordatorio del aspecto de la protagonista, pero lo que no entenderé nunca es que a un personaje como el de Hester que tiene cualidades para dar y vender, se la reduzca únicamente a su apariencia. En ningún momento se nos dice que sea inteligente, valiente, decidida o resuelta, pero sí se nos recuerda en repetidas ocasiones que es fea, que qué fea es, es que es muy fea. Y por si fuera poco, se nos presenta a Freya como la chica deseada, la que cualquier chico querría tener por pareja... una niña que apenas hace unas semanas ha aprendido a vestirse sola, que no sabe pensar por sí misma y que no sabe qué hacer con el poder que tiene en las manos. Eso sí, es bonita a más no poder. No Philip, por ahí no.

La actitud de Tom no me ha gustado nada en este libro, pero nada. Puedo entender que es un adolescente deslumbrado por la belleza, pero como trata a Hester no me ha gustado nada. Ni que él sea uno de los que nos repite hasta la saciedad lo fea que es su compañera. Por supuesto que es normal que un chico de su edad le de importancia a la belleza, pero no me ha parecido nada justo el trato que le ha dado a Hester, ni la insistencia en repetir que ella es fea, sobre todo después de meses de convivir con ella.
Enlace: http://pajaraslectoras.blogs..
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