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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
Cortejo en la catedral... ya solamente la portada me inspira un mundo de posibilidades, pues en ella encontramos todas las pistas para disfrutar de esta grande y maravillosa novela. Lo de grande no lo digo por su extensión, lo comento por lo extraordinario y perfecto que es este libro.

Considero que es un trabajo de orfebrería literaria, minucioso y refinado, donde todas las piezas de la obra se han elaborado con finísimos hilos casi invisibles que, entrelazados, realzan el resultado de una labor conjunta.

En cada página, en cada centímetro de cada hoja del libro, se desprende el amor y el buen hacer de una autora perfeccionista e inteligente, que se combina con el trabajo artesanal de una traducción superior y la edición de dÉpoca, a las que hay que sumar las ilustraciones originales de Charles E. Brock, que se caracterizan y singularizan siempre por su exquisitez y elegancia.

El resultado es una filigrana de libro que no te cansas de tocar, releer y saborear... son muchos los detalles aparte de la historia que se nos cuenta, pues nos aporta una serie de datos, notas, pies de página y aclaraciones que enriquecen y enriquecen la obra global. Todo eso lo comento porque creo que el libro es perfecto tal y como es, ni se puede quitar ni aportar nada... hay que saber saborearlo en su esencia, exquisitez y elegancia como toda joya creada y magnificada.

Cortejo en la catedral, como Kate D. Wiggin nos avanza, es el prefacio de una gran historia de amor y el inicio de una vida en común, de la que son protagonistas Katharine "Kitty" Schuyler y Jack Copley. El cortejo es ese mundo de posibilidades e ilusiones donde las mentes y los corazones se orientan o desorientan en el camino que, puede que sí o puede que no, les lleve a su triunfo final.

Sí por algo me gustan estos cortejos decimonónicos es por todo el empaque que envuelve ese proceso. Las interpretaciones, pretensiones y pensamientos; lo que se dice y lo que no se dice con solo un gesto o una mirada, lo que se espera y lo que no, lo permitido y lo prohibido... en fin, una serie de actividades para los que nuestros antepasados debían prepararse y formarse.

Se aconsejaba que este proceso no se alargara en el tiempo pues, si eso ocurría, alguno de sus protagonistas podía languidecer, caer en la tristeza y la melancolía. Pero, para que eso no ocurriera, la sociedad ya marcaba sus tiempos con los pasos correspondientes para no caer en dicha languidez. La historia que nos narra Kate D. Wiggin está centrada en esta etapa, en los inicios de un romance, el cortejo en sí. En concreto, Kitty y Jack nos descubren, con sus voces y pensamientos, todo ese torrente de sentimientos que nacen y se enraizan en sus corazones.

Así, las visitas a las diferentes ciudades catedralicias inglesas son las pautas que marcan los tiempos con sus diferentes ritmos. Kate D. Wiggin nos lo narra con ese lenguaje sencillo, ágil y elegante con el que se forjan los grandes clásicos, los pilares que sustentan la humanidad y su cultura. Por eso, aparte de la historia de los protagonistas, narrada a dos voces, iremos conociendo de primera mano sus distintas razones e interpretaciones. Cada paso o palabra que que expresan e intercambian consigue enganchar al lector a su incipiente romance.


La narración nos aporta en sí misma un sinfín de posibilidades... reconozco que tengo una mente esférica y me resulta muy difícil centrarme en un solo punto; cuando mi interés se despierta, las conexiones neuronales empiezan a trabajar. Conforme íba descubriendo las diferentes ciudades con sus distintas catedrales, hoteles, pensiones... a mí se me metió en la cabeza que Cortejo en la catedral es una filigrana de guía, porque me encantaría realizar el mismo viaje.

Seguir los pasos de Kitty y Jack sería un plan fantástico al visitar todas estas ciudades: Winchester, Salisbury, Bath, Gloucester, Oxford, Londres, Ely, Peterborough, Lincoln, York, Durham, Canterbury y Chester. Pero como esto lo veo un poco casi imposible, me conformo con esta maravillosa novela que por sí misma que ya ocupa su lugar en mi casa.
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