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Crítica de Blog_La_Copela


Blog_La_Copela
13 noviembre 2018
No había terminado de leer este libro cuando ya sabía que hablaría de él positivamente a todo el que quisiera escuchar (o leer). Pero es una sensación que, transcurrido un tiempo desde que lo terminé, se ha afianzado. Cuanto más pienso en este libro, más clara se me presenta la idea de que Eleanor es ya un personaje de esos que se me han metido en la mochila para siempre.

Gail Honeyman ha construido una protagonista completa en todos los sentidos. Una personalidad rotunda, llena de devaneos, miedos velados por una autosuficiencia cuestionable y hasta una delicada y encantadora paranoia de rasgos obsesivo compulsivos. Eleanor es de verdad.

Se muestra muy poco a poco. Eleanor es como la protagonista de una pequeña pero deliciosa obra de teatro que se esconde tras una cortina y se deja ver muy lentamente. Y cuando emerge del todo de las sombras y se planta ante el público, lo hace con la cabeza alta y una expresión desafiante que nos atrapa desde el primer instante. de hecho, ya nos había atrapado cuando aún estaba oculta tras el velo.

"Ahí está el tema: es mejor ocuparse de ti mismo. No puedes proteger a los demás, por mucho que te esfuerces. Lo intentas y lo intentas pero, cuando finalmente fracasas, se te cae el mundo encima y arde hasta reducirse a cenizas"

Las cicatrices de Eleanor no son solo las obvias. Esconde un pasado, una historia y un recorrido que además de abrupto, es fundamental para comprender su presente.

Eleanor Oliphant es una mujer joven, soltera, que vive sola y trabaja como administrativa. Tiene una vida marcada la rutina y la casi nula vida social. Se relaciona lo estrictamente necesario con sus compañeros y compañeras de trabajo, pero no logra encajar del todo en ningún círculo.

Una vez a la semana, Eleanor habla por teléfono con su madre, a la que hace mucho tiempo que no ve y de la que solo sabemos que no fue una madre especialmente cariñosa y atenta. La relación entre ambas roza lo violento, incluso lo insultante, debido al desagradable tono con el que la madre habla a la hija. Constantes muestras de desprecio hacia la forma de vida de Eleanor, así como comentarios que denotan cómo su propia madre se esfuerza por hacerla sentir inferior al resto de personas. No es un personaje su madre del que os vayáis a enamorar a lo largo de la historia, pero sí que es clave para el desarrollo e incluso la conclusión de ésta.

Un oportuno error en su equipo informático del trabajo la llevará a conocer forzosamente a Raymond, el nuevo técnico. Si bien no es el tipo de persona con quien Eleanor hubiera tenido intención de relacionarse, una serie de acontecimientos los convocarán en varias ocasiones, arrastrándolos a la compañía mutua que Eleanor parece aceptar primero a disgusto, luego con resignación. Porque Eleanor tiene un objetivo y quizá Raymond pueda serle de ayuda. Solo por eso. Eleanor es increíblemente pragmática.

"Era un poco más alto que yo y llevaba unas zapatillas verdes, unos vaqueros que le quedaban grandes y una camiseta con un perro durmiendo encima de una caseta, estirado sobre una barriga incipiente. (...) le tendí la mano para estrechársela, cosa que acabó haciendo si bien con ciertos reparos. Una prueba más de la lamentable decadencia de los modales en la sociedad actual. Me aparté y le dejé sentarse a mi mesa."

Por un momento nos parecerá que Eleanor va arrastrada de aquí para allá, como llevada por una corriente que la hace aparecer en sitios donde no desea estar. Pero lo cierto es que esta protagonista resulta estar siempre donde quiere estar. Raymond, tan lejos de sus preferencias sociales (si es que realmente las tiene), acabará por enseñarle muchas cosas. Y nosotros aprenderemos con ella a la vez que la vemos crecer en la historia.

Tengo que reconocer que el personaje de Raymond me ha gustado mucho. Es una de esas personas que transmiten confianza, que no tienen prejuicios y que además cuentan con una paciencia infinita. Cualquiera habría desistido a una conversación con Eleanor rápidamente y sin que nadie le juzgara mal por ello. Es realmente muy complicado entablar una conversación fructífera con alguien como ella. Pero Raymond no se rinde en ningún momento y siempre escucha pacientemente cualquier cosa de la que ella quiera hablar. Y sobre todo, la respeta cuando no quiere hacerlo.

"Tenía pensado comprar una sopa de letras pero, en un impulso, me decanté por los aritos. Es bueno no cerrarse a nada, por mucho que sea consciente de que los aritos y las letras saben igual. No soy estúpida."

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente sea porque Eleanor ya os atrapado de alguna forma. O bien ya habéis leído la novela y buscabais contrastar opiniones, o bien no la habéis leído y (sinceramente) debéis hacerlo cuanto antes.

Bajo mi punto de vista, Eleanor es un producto. Es producto de su historia, de personas que la rodean y de sus propias ideas. Como todos nosotros. Pero al igual que todos nosotros, su historia permanece en constante movimiento, evoluciona. Y la evolución de la historia siempre acaba afectando al producto final. A veces para dar un salto hacia delante, otras para retraerse. Pero esto ya os toca descubrirlo a vosotros y vosotras.

"Supongo que una de las razones que nos permiten continuar nuestra existencia durante el tiempo que se nos asigna en este valle de lágrimas verdiazul es que siempre, por remota que parezca, existe la posibilidad del cambio."

Eleanor Oliphant está perfectamente es la novela debut de Gail Honeyman. Esta autora nacida en Glasgow y graduada en la Universidad de Oxford ha conseguido alcanzar más de 27 países con su primera novela y prepara la segunda, que será publicada también por Roca Editorial.
Enlace: http://lacopela.blogspot.com..
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