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Crítica de SandraCP


SandraCP
14 junio 2018
Desde el primer momento descubrimos que Eleanor es una chica muy especial con las cosas muy claras. Ella misma se define: "Soy una superviviente solitaria: soy Eleanor Oliphant. No necesito a nadie: no hay un gran vacío en mi vida, no falta ninguna pieza en mi puzle particular. Soy una entidad autosuficiente." Es una mujer inteligente, irónica y maníática, con una carrera universitaria, una casa y un trabajo. No ha sido siempre una solitaria pero su historia (que iremos descrifrando a lo largo de la novela) y lo mal que le ha tratado la sociedad ha conseguido que no tenga la más mínima gana de intentar integrarse. No es consciente de que nunca haya echado de menos tener una vida normal pero en el fondo anhela detalles como una familia decente, que alguien te quiera, vivir en vecindarios familias y niños por las calles... Ella es consciente que no debería vivir así pero no sabe vivir de otra manera.

Durante su infancia y su juventud, ha tenido que soportar ser la señalada, una madre que la educa en las mentiras y su superioridad frente al resto de la sociedad, pasar por infinidad de orfanatos y centros de acogida, sentirse rechazada por gente a la que quería, momentos de maltrato... Cuando la vas conociendo, descubres que su actitud es la más lógica teniendo en cuenta a lo que ha tenido que hacer frente. Como ella misma dice, es una superviviente que se refugia en el alcohol, los crucigramas y sus clásicos literarios (adora a Jane Austen, no me digáis que no es buen síntoma) para intentar olvidar los malos momentos.

En determinado momento, decide intentar formar parte de la sociedad yendo a la esteticista, comprando ropa, iniciando conversaciones con sus compañeros, comiendo en un restaurante de comida rápida... pero no son más que actuaciones en las que aparenta ser una persona normal. Aunque para el lector resultan de lo más cómicas, llegas a plantearte si esa dificultad que tiene para interactuar es culpa de ella o del entorno y la sociedad llena de normas y costumbres innecesarias e irracionales para la mente de Eleanor.

Tras su encuentro con Raymond, al que detestará en un primer momento por su poco gusto para vestir, sus malos modales y ser fumador (¿cómo alguien con cabeza puede fumar si todos sabemos que mata?), empieza a descubrir que hay un mundo ahí fuera en que la gratitud es posible, que ayudando a los demás puede despertar verdaderas muestras de cariño. En el fondo, lo que demuestra la historia de Eleanor es que existen personas que viven en soledad y que tienen tal carencia de contacto humano que, en cuanto necesitan relacionarse con los demás, no saben cómo hacerlo. Es más, son personas tan autónomas que tratan de solucionar los problemas por si solas y no saben pedir ayuda cuando lo necesitan.

Para mí, esta ha sido una historia de sonrisas y ternura. Pese a la tristeza que inspira la historia que ha tenido que superar nuestra protagonista, la autora consigue que te pongas en su piel y entiendas sus reticencias a relacionarse, sus gustos sibaritas y aprendes con ella que en este mundo de apariencias e hipocresía, aún quedan personas en las que confiar para poder salir adelante.
Enlace: http://miviajeliterario.blog..
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