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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
04 septiembre 2019
Inicio (más o menos, a medio gas...) la rentrée bloguera con una lectura que realmente es una relectura. Leí Maximilien Heller el año que salió, allá por 2015, pero como el blog no abrió sus puertas hasta finales de ese mismo año, no os pude traer en su momento mi opinión. Aprovechando que en nuestro reto anual particular (ese en el que vosotros nos recomendáis lecturas cada año) alguien nos propuso este libro, he vuelto a leerlo y aquí os traigo mis impresiones.

Estamos en el París de la segunda mitad del siglo XIX. Maximilien Heller es un abogado y filósofo harto de la vida y de sus congéneres que languidece deprimido en una habitación que no abandona desde hace dos años. Un buen día llama a su puerta la policía pidiéndole que les acompañe a la habitación de su vecino de rellano, quien está acusado de asesinato y de robo y que, de ser considerado culpable, perderá la cabeza en la guillotina. La policía quiere que Heller les informe sobre lo que haya visto u oído en esa habitación, pero con lo que se encuentran es con un joven que no solamente no cree en la justicia ni en los métodos policiales, sino que está seguro de la inocencia del detenido y que vuelve a hacer gala de toda esa energía que había perdido cuando pone a trabajar sus capacidades deductivas para encontrar al verdadero culpable.

Desde la propia sinopsis se incide en la que sin duda se trata de la razón principal de su publicación en España, y es el más que evidente parecido entre los personajes de Maximilien Heller y Sherlock Holmes. Lo interesante de este asunto está precisamente en lo inesperado: que la novela original es Maximilien Heller, publicada dieciséis años antes que Estudio en escarlata, y que de haber un personaje inspirado en otro, sería precisamente Sherlock Holmes el que saldría perdiendo, y no al contrario. Pero antes de adentrarme en eso permitidme que os hable de la novela y su trama por sí mismas, que bien lo merecen.

La novela está dividida en tres partes. En la primera, narrada por un doctor que acaba de conocer a Maximilien Heller (por ir abriendo boca con las coincidencias xD), conocemos cómo se ven involucrados en este asunto, las circunstancias del asesinato, las primeras investigaciones de Heller y comenzamos a familiarizarnos con el personaje. En la segunda parte cambiamos totalmente el tono y, sin querer estropear nada del argumento, os puedo decir que dejamos la narración del médico y pasamos a una epistolar en la que Heller escribe al susodicho médico y le cuenta sus andanzas y descubrimientos. Esta parte tiene un tono más misterioso, con algún punto incluso gótico y también más aventurero, con más acción. Y tras la resolución del caso tenemos la tercera parte, que funciona a modo de epílogo para darle un cierre no a la historia en sí, sino al propio personaje de Heller, para que el lector sea consciente de la evolución del personaje y las diferencias entre el Heller que conocemos depresivo tirado en un sofá y el Heller que resurge tras la investigación del asesinato de Brehat. Este epílogo yo creo que puede dividir al lector, habrá gente que lo considere necesario y gente que no... a mí particularmente me gusta, y además me parece que este epílogo es uno de los aspectos que más alejan a este personaje de Sherlock. Jamás veríamos este epílogo en una novela del de Baker Street :)

Heller ejemplifica al detective no profesional, solitario y extremadamente inteligente que se ha hecho famoso hasta nuestros días. Él es el rey de la función por encima del criminal y la víctima, y él, lo que hace, cómo lo hace, hacia dónde le lleva todo esto, es lo que interesa sobremanera al lector. Es un erudito y filósofo que se considera incomprendido y al margen de la sociedad, a la que no entiende ni perdona por sus debilidades, y que vive consumido por la fiebre del genio que no encuentra su sitio. Cuando se adentra en el mundo detectivesco, trabaja con hechos, jamás con suposiciones, y siempre utiliza un método que jusitifique sus aseveraciones. Su confidente y biógrafo de sus andanzas es un médico anónimo que usa para dar voz a todo lo que se le pasa por la cabeza y a todo lo que va descubriendo. No tiene miedo a nada, es intrépido y, una vez se le presenta un motivo serio que le impulsa a la acción, quedan atrás las fiebres y las melancolías que le mantenían aferrado a los confines de su salón.

Y todo esto nos conduce al quid de la cuestión... ¿se inspiró Arthur Conan Doyle en Maximilien Heller para crear al archifamoso Sherlock Holmes? Si me preguntáis mi opinión (y si no me la preguntáis da igual, os la voy a dar, que para eso estoy aquí xD), os doy un sí rotundo. En vista de todas las características, idiosincrasias y semejanzas presentes en este libro, lo complicado sería creer que no se inspiró en él. Dos personajes no pueden parecerse tanto por casualidad y magia potagia. Heller es taciturno, neurótico, obsesivo, adicto a las drogas (en este caso el opio), avezado en química, brillantemente capacitado para la observación y la deducción, experto en el uso del disfraz, su confidente es un médico y este mismo médico es el encargado en buena parte de la narración de contar la historia... es que por ir más alla en las semejanzas, no solo usa los servicios de varios niños cuando tiene necesidad de ciertos encargos y recados, sino que su antagonista digamos que recuerda en algo a Moriarty (sin querer dar muchos más datos). Sí, claro, solo podemos hablar de hipótesis, todo esto es algo que jamás se podrá probar, pero si sois de los que como yo creéis que las casualidades no existen, y más cuando son tantas y tan rotundas... pues eso, que no se puede añadir mucho más. Es además una teoría que, por mucho que nos pueda sonar a nueva, pulula desde hace muchos años dentro de los círculos de expertos sobre Sherlock Holmes, y tal y como se confirma en la introducción de la novela, ni siquiera ellos son capaces de negar la mayor. Las sospechas existen desde hace mucho tiempo, y es lo que hay.

Todo esto no quita para que Doyle cogiese todo esto, pusiera en marcha su genio y crease un personaje inmortal que Cauvain, obviamente, no supo o no pudo crear. ¿Devalúa eso la creación de Sherlock en sí misma? No, en absoluto, porque es una versión 10.0 de Maximilien Heller. A mí lo que realmente me da pena es la demostración, una vez más, de la injusticia que a veces prima en el mundo literario. Henry Cauvain creó en su primerísima novela un arquetipo de personaje que, mejorado y evolucionado, ha llegado a ser historia de la literatura, pero a él ni siquiera podemos ponerle cara porque al parecer no ha llegado ni una triste foto suya hasta nuestros días. Jamás conoció la fama como novelista, pero creo que todos los que amamos los clásicos policíacos en general, y el mundo de Sherlock Holmes en particular, le debemos mucho.

Termino. El libro, más allá de su valor como prueba de que Sherlock Holmes no nació exclusiva y enteramente de la imaginación de su autor, funciona solo y bien por sí mismo, y merece mucho la pena sobre todo por su personaje principal. Es cierto que al lector actual esta trama podría parecerle algo ingenua porque no has llegado a la mitad del libro cuando ya te imaginas quién es el culpable sin problemas (y aciertas), pero aun así Cauvain se las arregló para dar forma a un libro muy entretenido, que se lee casi en tres sentadas gracias a una prosa ágil y muy fluida (característica que suelen compartir casi todos los clásicos policíacos franceses que yo he leído hasta ahora) y que vuela entre las manos. Ya os digo que es mi segunda lectura de la novela y la he leído con el mismo interés que la primera vez, como si no supiera lo que me iba a encontrar en ella. La edición de dÉpoca es como siempre fantástica e ilustrada, y merece mucho la pena.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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