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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
20 agosto 2018
Supongo que quienes vivan en ciudades grandes o zonas más o menos turísticas estarán más que acostumbrados a conocer y pasear por las calles de los libros que se ambientan en ellas, pero cuando se vive en ciudades como en la que yo vivo, digamos que no es muy habitual encontrarse una novela que se ambiente por estos parajes. Así que a título personal, de la mala semilla a mí me interesaba sobre todo la ambientación. Evidentemente si encontraba una buena historia en sus páginas, mejor que mejor, pero quería saber qué se sentía al conocer como la palma de la mano dónde estaban en todo momento los personajes, y ha sido una experiencia muy extraña y casi divertida a ratos, y luego os comento por qué :)

La novela comienza con Anabel Ramos esperando junto a su hijo Adrián a otra persona no identificada. Están en la pasarela de madera situada frente al nacimiento del río Mundo, en Riópar (Albacete), y ahí nos despedimos de ellos. Ya en el primer capítulo descubrimos que Anabel ha sido asesinada en ese mismo lugar y que Adrián está desaparecido. El brigada Juan Cebreros será el que se hará cargo en primera instancia del caso, aunque pronto llegarán los de Madrid para hacerse con el control de la investigación. Por otro lado aparece en escena Beatriz Manubens, teniente de la UCO que vive en su ciudad natal, Albacete, desde que una operación con rehenes acaba de manera trágica y tuviera que solicitar la consiguiente baja al no ser capaz de superar la situación. Da la casualidad de que, antes de que la vida les separara por caminos muy distintos, Anabel y Beatriz eran amigas hace años y, cuando Beatriz se entera del asesinato de Anabel y la desaparición de su hijo, decide encontrar al asesino y secuestrador por ella misma. Teniendo en cuenta que está de baja e incapacitada para el servicio, tendrá que mover muchas teclas y actuar a espaldas de mucha gente para salirse con la suya, además de enfrentarse a todo aquello que le tiene atenazada en la situación en la que está.

Por tanto, se nos plantea una trama en la que por un lado está la investigación oficial, de la que apenas sabemos absolutamente nada, y por otro la investigación extraoficial que lleva a cabo Beatriz, que es realmente la que ocupa la historia. Beatriz está decidida a resolver el asesinato y encontrar a Adrián por sus propios medios saltándose todas las cortapisas legales que le limitan al estar apartada de la actividad. Para ello contará con la ayuda de Cebreros, que la admira mucho profesionalmente y que para mí es el mejor personaje del libro (el más real o con el que menos cuesta empatizar); de Alberto, que siempre ha estado enamorado de ella y formaba parte de la misma pandilla a la que pertenecían ella y Anabel; y de Reyes El gitano, un personaje que Beatriz conoce de sus años mozos como guardia civil de uniforme en Albacete, que maneja mucha información de los bajos fondos y, por tanto, del recorrido vital de Anabel desde que Beatriz le perdió la pista muchos años atrás.

Así, recorriendo las calles y barrios de Albacete (de un modo tan pormenorizado que me ha recordado mucho al reflejo que de Vitoria hace Eva García Sáenz de Urturi en El silencio de la ciudad blanca), y con visitas puntuales a Riópar, va avanzando la trama mientras vemos a Beatriz haciendo frente a sus demonios personales y empeñada en esclarecer los dos casos que tiene entre manos. Sí debo decir que, en el caso del secuestro o desaparición del niño, a veces parece un mero Macguffin para hacer avanzar las páginas sin ninguna intensidad narrativa; no se percibe (o la narración no transmite) la angustia contrarreloj de los Cuerpos de Seguridad del Estado por encontrarlo lo antes posible por si está todavía con vida (por cierto, en la novela aparece una escena, o una situación, de la que fuimos testigos todos los españoles hace pocos meses en una coyuntura similar, y no es posible que el autor la sacase de ahí porque se solaparon la edición del libro y el hecho real... o eso quiero pensar. Por desgracia, la realidad a veces supera la ficción, o la iguala más de lo que nos creemos).

La prosa del autor es correcta, sencilla y fluida, no destaca en buen sentido ni en malo, pero en cuanto a la trama, sí que admito que he tenido mis más y mis menos con algunas cosas que pasan en el libro. Con esto me refiero a la coherencia de algunas escenas, a ciertas cosas que ocurren sin ningún motivo aparente porque no desembocan en nada, y otras que para mí chirrían mucho y que en apariencia solo existen para conveniencia de la trama y que pueda seguir adelante, pero que sinceramente no tienen mucha razón de ser. Incluso de algunas de esas cosas esperaba una explicación al final o algo que les diese un poco de sentido, pero no, queda claro que ocurren solo porque el autor así lo quiere y le vienen bien. Nombro estos detalles por nombrar solo algunos que no me han convencido, y en un género como el policíaco la credibilidad en las situaciones que se plantean lo son todo. Y de veras que siento ser la que casi siempre pone la nota tiquis, pero si no lo comentase en la reseña no estaría siendo completamente sincera.

Os hablaba arriba de lo extraño y divertido que es leer una novela ambientada donde vives, y la verdad es que me vi planteándome cosas mientras leía que no sé si son habituales pero que yo no podía evitar: desde calcular mentalmente si en realidad podía tardar lo que decía que se tardaba entre una calle y otra (muchas veces no, no me parecía posible en las situaciones que se planteaban), hasta pensar que Manubens es un apellido tan albaceteño como McMurphy (y estoy muy acostumbrada a ver apellidos y nombres de todo tipo... cientos al mes, vamos). También me hacía gracia el frío con el que dibujaba el octubre albaceteño, hasta con los plumíferos puestos, cuando aquí hace años que en octubre no hace ese frío ni por asomo (mucho menos llover todo lo que llueve en este libro, que nos pasamos meses sin ver una gota).

No sé, tonterías que en otros libros no te planteas pero que cuando te tocan de cerca, no puedes evitar pensar en ellas. Todo esto no lo digo a modo de crítica, que conste, solo son cosas que se me iban pasando por la cabeza conforme leía. En realidad me han hecho ilusión detalles como ver nombrada la cafetería más cuqui de Albacete, que yo visito a menudo y donde hacen los mejores tés y cafés de la ciudad con muchísima diferencia, o leer, entre todo ese maremágnum de calles, el nombre de la mía propia (bueno, aparecen tantas que lo difícil sería que no estuviera xD).

Por ir terminando, La mala semilla es una novela policíaca con tintes de thriller hacia el final que se lee con interés, y sobre todo las últimas 150 páginas se leen casi de una sentada porque quieres ver cómo se resuelve todo... pero también es verdad que creo que es de esas novelas que a poco que rasques salen pegas y cosas cogidas con pinzas. Por eso me parece una novela entretenida que cumple su función, pero a la que no hay que buscarle tres pies al gato, porque se los encuentras; de todos modos muchas veces con eso basta y no hay que pedirle más a un libro, y en realidad es muy recomendable para pasar un buen rato pegados a sus páginas, que una cosa no quita la otra. En mi caso sé, y siento ser tan sincera, que a la larga lo que más recordaré de este libro será la ambientación. He caminado con los personajes sabiendo en cada momento dónde estaban, y eso para mí ha sido una experiencia nueva que he disfrutado mucho.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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