InicioMis librosAñadir libros
Descubrir
LibrosAutoresLectoresCríticasCitasListasTestReto lectura
Crea una cuenta en Babelio para descubrir tus próximas lecturas Babelio en Français

Escelicer


Libros populares ver más


Críticas recientes
Beatriz_Villarino
 22 octubre 2018
Madrugada de Antonio Buero Vallejo
Obra que se estrenó en los años 50, pero por Buero no pasa el tiempo. Es cierto que Madrugada no es una de las obras más emblemáticas del autor, por lo que apenas hay estudios sobre ella y sin embargo a los alumnos les gusta (como todas las escritas por este grande del teatro); entienden la obra y son capaces de empatizar con Amalia, la protagonista. La estructura está planteada como policial; al leerla parece que nos encontremos sumidos en una novela negra y Amalia nos lleva por donde quiere hasta dar con la solución, con el porqué de ese tormento que han vivido su marido y ella durante los últimos seis meses de vida de él.



Pero Antonio Buero Vallejo escribía teatro, y esta obra participa, como todas las suyas, de las características que lo distinguen, pues la ética del ser humano está por encima de todo lo demás.



Mauricio es un pintor que ha conseguido renombre mundial, casado con Amalia disfrutan, por lo tanto, de una posición bastante más que acomodada, pero Amalia entró en su casa como modelo y después se quedó como amante, algo que la familia no le perdona y es considerada una cualquiera —normal en la época que fue escrita—. Pero Amalia y Mauricio se casan en secreto; algo ocurre en una reunión que tienen con un hermano de Mauricio, seis meses antes, que su relación cambia. Amalia no entiende lo sucedido; ella quiere a Mauricio y su amor es correspondido aunque él ya no sea el mismo. En su lecho de muerte, Mauricio le asegura que sabe que lo quiere, él también, pero no se lo han dicho, no lo han hablado lo suficiente «quizá desde el otro lado de la muerte te recobraré […] ¡Si no me has perdido! Y él me ha contestado: “No. No te he perdido. Pero quizá te recobre… desde el otro lado”». Y con esta incógnita muere, Amalia se queda sin saber por qué esta actitud, por qué deja sin dinero en su testamento a su hermano Lorenzo y a su sobrino Leandro y se lo da casi todo a ella, no sabe qué le han podido decir ellos a su marido y no sabe si le da el dinero porque la quiere o por “pagarle” los servicios prestados. Así pues, Amalia, mujer fuerte, decide reunir a la familia y no comentarles nada del testamento, haciendo creer que Mauricio sigue vivo y que ella, en el lecho de muerte, podrá decidir si realiza un testamento en el que, al reanimar al moribundo, consiga que firme el documento en el que todo se lo deja a ella. Sólo deberán decir qué le dijeron a Mauricio en aquella reunión y obtendrán las riquezas.



Esta situación, en la que los familiares están a punto de descubrir el engaño en más de una ocasión,



LEANDRO.- (Se levanta) —Despiértalo, Amalia

AMALIA.- Bien… lo haré

(Va hacia el gabinete despacio)

LEONOR.- (Se levanta) —¡No tiene derecho a hacerlo!



atrapa al espectador pues consigue acrecentar en él la tensión que se va acumulando con el paso del tiempo, las campanadas del reloj nos van avisando de la llegada inexorable de la madrugada en la que la enfermera, que ha estado cuidando a Mauricio, se irá a su trabajo y vendrán los encargados del funeral. Amalia consigue descubrir la verdad al final y es entonces cuando comprende por qué su marido ha hecho ese reparto y comprende que la quería de verdad.



La técnica de utilizar sólo un espacio también es propia de Buero, en este caso la habitación juega un papel importante en la sensación de angustia de Amalia. Los personajes quieren traspasar la puerta de la habitación de Mauricio, pero no pueden (aunque lo hagan en alguna ocasión); la enfermera no debe salir de dicha habitación, aunque sea al final, al irse a trabajar, cuando lo haga y confiese que Mauricio llevaba muerto dos horas y media (antes de que todos llegaran). Este contratiempo, esta lucha por la no invasión del espacio que Mónica ha preparado para cada uno, la engrandece, pues incluso sus respuestas dudosas consiguen una gran espectacularidad propia de la intriga.



Es cierto que el matrimonio lo podría haber hablado todo antes de la muerte de Mauricio, pero creo que la intención de Buero no era la de crear un simple melodrama



LORENZO.- La felicito Amalia. Ha sabido engañarnos a todos. Pero, ¿qué se proponía?

AMALIA.- (Sonríe) ¿Que qué me proponía? (Avanza hacia el centro de la escena) Quise saber el significado de los seis meses horribles de silencio que nos hicisteis pasar a los dos. Quise saber si me despreciaba y me pagaba, como a una mujerzuela, o si me probaba su fe y su cariño… al casarse conmigo. (Sabina vuelve)

LORENZO.- (Ruge) ¿Qué?

DÁMASO.- ¿Casado?

LEONOR.- ¡Entonces, estamos desheredados!...



Si tenemos en cuenta la fecha en la que fue escrita recordaremos que la mujer se debía a su marido, el hombre era el que decidía qué y cuándo diría o haría tal cosa; así pues mientras él vivió, Amalia no se plantea ningún descubrimiento. Lo que la sobrepasa es encontrarse de pronto casada, con mucho dinero, sola y sin saber exactamente por qué.



Además creo que lo importante es desbrozar la personalidad de cada uno de los familiares que, fracasados, intentan en vida, y muerte, sacar del que tiene éxito todo lo que pueden, como si estuvieran en su derecho. Y en este sentido, el autor consigue una radiografía perfecta de la época y la sociedad burguesa española, la envidia es lo que reina. Problema social que mantenemos en la actualidad, así como el hecho de conseguir dinero por el medio que sea… todo vale. Este trasfondo es lo que consigue de Madrugada su actualidad, el estar basada en temas universales, pero, sobre todo, en su estructura policial, que vuelve al teatro del siglo XXI con más fuerza, si cabe, que la que tuvo en el XX.



Pero aun encontramos otra característica constante de Antonio Buero Vallejo, la búsqueda de la verdad a costa de cualquier precio, y en este caso es Amalia la encargada de encontrarla sin ninguna otra valoración; cuando por fin la ha hallado, su labor ha terminado, «No. Yo no debo juzgar», pues con la verdad se ha encontrado a sí misma y su vida ha recobrado un sentido.



Hay otros subtemas que, aun siendo importantes en Madrugada, no son fundamentales, aunque sí estables en la obra de Buero, como la defensa absoluta de la fidelidad en la pareja, el amor como impulsor de un compromiso que va más allá de cualquier documento, pues se adentra en la moralidad del ser humano, amor purificador pues, si se consigue, conlleva un enfrentamiento plácido ante la vida, amor como causa de un mundo mejor, como medio para superar cualquier rastro de envidia o egoísmo.



Los personajes no están delimitados desde el principio, no hay buenos o malos, todos tienen sus razones para actuar como lo hacen y según precisamente los actos, los diálogos, los gestos adoptadores «(Leonor hace sonar sus pulseras y se sienta por toda contestación)» o los emotivos, aquellos que desvelan al público la crisis interna que los convierte en seres desgraciados. En general Dámaso, Leonor, Leandro o Lorenzo rechazan soluciones intermedias, tienen una meta y bajo ningún concepto quieren desviarse de ella, están dispuestos a lo que sea.



LEANDRO.- (Asqueado lo suelta) ¡Me propuso sacarte dinero si te lograba! y por negarme…, nos calumnió a los dos, ante Mauricio, aquella tarde!



Aunque también es cierto que en este comportamiento regular es donde observamos su cobardía «¡Que me voy! ¡Vámonos Leonor! ¡Mónica, ven!».



Por eso, Amalia es el personaje más relevante, frente a la pasividad de los demás es la que lucha, la que se impone y vence. Frente a aquellos amargados a quienes el mundo les viene grande reluce con más fuerza la decisión de aquellos que, a pesar de saberse solos, necesitan conocer la verdad; la protagonista incluso les hace ver a los demás la miseria en la que han vivido «¿Verdad que le gusta el collar? Será suyo. Tendrá joyas buenas y caras con las que poder sustituir esas pobres pulseras de latón».



Mauricio no aparece, es el muerto, y sin embargo está presente en toda la obra, como anticipó antes de morir «desde el otro lado» conseguirá que afluya la verdad, es el espejo en el que todos se reflejan tal como son.



Por último las acotaciones son funcionales, aunque decisivas para realizar la kinésica y proxémica de los personajes, consiguiendo su finalidad: descifrar con eficacia el significado real y metafórico del texto:



(Sus pulseras emiten un despectivo comentario)

(Mónica hace tímido gesto de negación que ella finge no ver)

(Se acerca al comedor, junto a cuya puerta permanece)

(Alguien apagó la luz central. El reloj marca exactamente las cinco y cuarto…)

(Amalia mira con sorpresa a Paula. Leandro reprime un gesto de contrariedad)

(Furioso va hacia ella)



Madrugada supone una catarsis en el público, pues se ve reflejado y obligado a meditar sobre su propia purificación ante situaciones en las que el egoísmo, la avaricia o la envidia lo invadan. Necesitamos tanto el miedo a ser descubiertos como la misericordia para nuestros defectos más ocultos.



No creo en el posibilismo de Buero Vallejo, aquél del que se le acusó que empleaba para poder estrenar en una época en la que reinaba la censura. Puede que escribiera sus obras teniendo eso en cuenta, pero al tratar temas universales podemos trasladarlas a cualquier época y lugar, sólo hemos de contextualizarlas en cada momento. Esa es la grandeza del teatro de Buero y eso es lo que encuentro como predominante.


Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
+ Leer más
Comentar  Me gusta         00
Beatriz_Villarino
 15 octubre 2018
La locomotora de André Roussin
Acabo de leer La locomotora, de André Roussin, escritor francés del siglo XX, de quien no había leído nada y, quien creo que no tuvo en su momento el reconocimiento obligado fuera de su país, excepto por un par de obras que incluso en España fueron estrenadas en aquel antiguo Estudio 1 de TVE. Y sin embargo Roussin fue un intelectual, empezó Derecho pero lo dejó para ejercer de periodista en Marsella, tras esta actividad se inició en el mundo del teatro y se incorporó a la Compagnie du Rideau Gris, participando en su gestión hasta el final de la II Guerra Mundial. Durante la guerra comenzó su carrera como dramaturgo, incluso actuó en alguna de sus obras. Más de treinta y cuatro comedias escritas merecen (o al menos eso pensé) que leyera alguna de ellas para conocer algo más de este autor. Y he de confesar que, a pesar de mis dudas, me ha sorprendido gratamente.



La locomotora es una comedia en dos actos. El argumento, sin desvelar el final, es bastante usual en la época en que fue escrita. Un matrimonio, formado por un francés y una rusa vive de forma suntuosa en la planta baja de una gran casa. En el piso de arriba residen su hija, Catherine, su yerno, Michel y los hijos de éstos, Isabel y Alejandro, dos jóvenes de unos 20 años



SONIA.- … ¿Qué hace Michel?

ERNESTO.- ¡Cómo quieres que lo sepa!

SONIA.- Tú nunca sabes nada. Es increíble: tengo un yerno que es médico, al que le he regalado un apartamento en mi finca, justo en el piso de arriba, y cuando estoy enferma… se va a curar a los demás.



El francés, Ernesto Lepetit, lleva “soportando” las extravagancias de Sonia Ivanova, su mujer, desde que se casaron. Cuarenta años son muchos para estar oyendo continuamente que su gran amor, Constantin Petrovitch Tzerpieff quedó perdido en Rusia entre el humo de la locomotora en la que pensaban huir, pues los padres de ella, de clase alta, no aceptaban el noviazgo de Sonia con un vulgar batelero. Así que a los 17 años, Sonia decide fugarse con su apuesto caballero, pero “se perdió”. Ella se fue a Francia y a los tres años de residir en París se casó con Ernesto. Está claro que este descuido por parte de ambos amantes no se sostiene, de ahí que el autor lo refleje mediante la ironía del humor absurdo



SONIA.- ¿Tú también conocías…?

CATHERINE.- ¿El qué?

SONIA.- Mi aventura con él

CATHERINE.- ¿Qué si lo sabía…? ¡Pero mamá, hace cuarenta años que nos la cuentas y que nos hablas de él!

SONIA.- Entonces debe ser verdad. Estará muy vejestorio

[…]

CATHERINE.- …Seguro que pasa de los treinta



Durante la primera parte de la obra, Sonia continúa recordando a todos que ellos no han vivido el gran amor que ella sintió con Constantin, sin darse cuenta de que ya ninguno la toma en serio y de que, probablemente, el resto de la familia tenga una vida más emocionante de lo que ella piensa



ERNESTO.- Tengo una cosa que decirte, Sonia

SONIA.- Pues yo dos

ERNESTO.- Muy bien

SONIA.- …Katia tiene un amante. No sé quién me lo dijo

ERNESTO.- Yo. Hace un rato

[…]

SONIA.- …Le he dicho: “Me parece, Alejandro, que pasas mucho tiempo en la librería …con Claudette” […] Me ha confesado la verdad inmediatamente […] que andaba detrás de ella […] que hay un tipo viejo con dinero que la sacaba los domingos […] Claudette no tardará mucho en decidirse entre él y el tipo de los domingos (Ríe. Y de pronto) ¡Ernesto!

ERNESTO.- ¿Sí?

[…]

SONIA.- Sí, “vamos”, no insinúo: afirmo ¿Eres tú el tipo?



Todo se mantiene en esa situación que sirve de planteamiento hasta que se presenta Constantin y consigue en el Acto Segundo, dar un giro a lo que creíamos. Si terminase ahí la obra podría ser perfectamente actual pero hemos de tener en cuenta la época en la que fue escrita (mediados del siglo XX) y el público al que iba dirigida entonces (en su mayoría, burgués y de clase alta), por lo que no es de extrañar que triunfe la moral cristiana y familiar por encima de todo.



Sin embargo, encontramos un retrato irónico de la burguesía y la manera hipócrita que tenía al enfrentarse al matrimonio, la fidelidad era lo que, a costa de lo que fuese, había que mantener de cara la sociedad, aunque los matrimonios hiciesen aguas



CATHERINE.- Te equivocas, Michel es una gran persona. Me quiere

SONIA.- ¿Y Bellecroix?

CATHERINE.- ¡Ese es el drama!

SONIA.- ¿Está casado?

CATHERINE.- No. Quiere que me divorcie

SONIA.- No olvides que te debes a tus hijos. Ese asunto tiene que terminar, hija mía



El patriarca, además de ser el único que aportaba los ingresos, debía mantener contenta a su mujer, aunque ésta se olvidase de todo, dedicada a alimentar una fantasía, fruto del complejo de inferioridad que, como Sonia, poseían determinadas mujeres del siglo XX, época en la que todos sus logros y aspiraciones se limitaban a obtener un buen marido. De ahí que nunca estuvieran satisfechas en la realidad vivida por lo que su imaginación idealizaría los sueños incumplidos; recordemos que los conceptos “machismo”, “matrimonio infinito”, “bobería femenina” o “paternalismo masculino” eran habituales. Por eso se agradece que Roussin se valga del humor absurdo para exponer esta situación, que queda ridiculizada desde el comienzo con el nombre del protagonista, de hecho, la elección del nombre en los personajes masculinos dice mucho, irónicamente, de estos, algo que nos recuerda a la comedia francesa del siglo XVII, Lepetit, Constantine, Bellecroix son una muestra de ello:



ERNESTO.- …eres mi mujer desde hace cuarenta y cinco años…

SONIA.- ¡La señora Lepetit!

ERNESTO.- ¡Exacto! La señora Lepetit

SONIA.- Podías haberte llamado Legrand, en vez de Lepetit

ERNESTO.- Mala suerte

SONIA.- Y si aún llamándote Lepetit fueras más alto…



No sólo la ironía es casi una constante de La locomotora, la hipérbole aparece en numerosas ocasiones, lo que contribuye a acrecentar el humor de determinadas circunstancias



CATHERINE.- ¡Mamá, eres única!

SONIA.- Me receta potingues y me deja morir. He estado tosiendo toda la noche



El estilo participa de la insistente observación de la vida burguesa del novecientos, de ahí que los diálogos sean sencillos, sin pretensiones de profundizar en temas serios, pero con altas dosis de exageración



ERNESTO.- Quiero decir que si antes… ¿bebía mucho?

SONIA.- Bebía con estilo, con clase

ERNESTO.- Es muy posible que llegue completamente borracho



No abundan las acotaciones, simplemente las funcionales para situar al espectador en la casa, o en las diferentes entradas o salidas, pero es normal encontrar en la obra que el autor no consigne los gestos de los personajes mientras hablan, dejando así libertad al director para representarla según la imagine; no obstante, a través de los parlamentos de Sonia presentimos un tono enérgico, enfático, para pretender convencer a los demás o decirles lo que deben hacer, mientras que en Ernesto, el tono grave, y al mismo tiempo benigno y calmado, indica dónde reside la verdadera autoridad y credibilidad familiar. Entre ambos surge una perfecta armonía que da como resultado una comedia divertida, con cierto aire acogedor en el que resaltan movimientos y gestos feministas por parte de las mujeres, aunque lo que predomine en estos diálogos sea el humor, al producirse determinadas confusiones en el significado connotativo que contienen



ISABEL.- Yo creo que mamá sabe lo que hace

SONIA.- ¿Qué?

ISABEL.- ¡Pues… que ella vive su vida!



Precisamente las implicaturas que pueblan los diálogos provocan juegos de palabras que favorecen el histrionismo



ERNESTO.- …Te aseguro que te engañas…

SONIA.- ¡No me engaño, me engañas!



Sonia pretende ser persuasiva, de ahí que corte en varias ocasiones a su interlocutor



CATHERINE.- … ¿Piensas que creerá que soy su hija?

SONIA.- ¿Y lo dudas? ¡Tú eres su hija!

ERNESTO.- Tu madre ha decidido que tengas tres años más

[…]

SONIA.- …¿No comprendes la emoción que tendrá mi hermoso cosaco?

ERNESTO.- ¡Ah! ¿Pero también es cosaco?

SONIA.- Tú te callas (A Catherine) Además ¿a ti qué más te da?



Así pues, no nos quedemos con el desenlace; si somos conscientes del acertado diálogo, del humor sin ostentaciones, de la hábil mezcla entre realidad y ficción, de la naturalidad espontánea de Ernesto, de la originalidad y gracia de Sonia, de la sutil ironía a la impostura burguesa, de la burla que contienen los apellidos o los motes, encontraremos rastros de Molière, pues como el padre de la Comédie française, Rousin es consciente, al ridiculizar la debilidad de Sonia, de que está proyectando cierta profundidad psicológica que denota la amargura de quien se ha sentido sola y debe inventar un mundo paralelo; desconsuelo que se intensifica al chocar el sueño con la realidad por eso decide que «La verdad es aquello en lo que creemos».



Puede que el estereotipo paternal de Ernesto vaya más allá del fiel amante reproducido «(…Ella continúa su solitario, bajo la mirada divertida y tierna de Ernesto)», pero quizás sea esto lo que aporte el patetismo necesario a la bufonada inicial, lo que no nos haga olvidar la condición solitaria de la mujer en la familia y sociedad del siglo XX.



Sin embargo no hay tristeza ni dolor en La locomotora, las respuestas ingeniosas, ágiles, unidas a gestos, movimientos, acercamientos desmesurados, presentes en toda la comedia, consiguen dotarla de un carácter deliciosamente humorístico y elegante.


Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
+ Leer más
Comentar  Me gusta         00




{* *}