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Crítica de Celia_0504


Celia_0504
21 August 2023
Hace no muchas semanas, me puse a revisar los libros que podrían servirme para completar el #retopiaspirits de @victorianspirits que llevo haciendo desde enero. Entonces me percaté que para este reto enfocado en la distopia y la ucronia encajaba una obra que tenía muy pendiente desde hace muchos años y que estaba deseando leer. Un escrito medieval que puede inscribirse dentro del género del Speculum. Dicha narrativa puede definirse como (y cito a Wikipedia sin ningún pudor) “muestra un retrato moral o ideal a nivel especulativo (contenidos de teología o filosofía) o —esto más propiamente— práctico y sobre todo moral. Muestran el ideal al que deben tender diversas clases de personas: discípulos, maestros, príncipes, hijos, etc. y enumeran algunos medios prácticos para alcanzarlo”. Quizás me equivoqué, pero a mí eso me suena mucho a distopía. Así que por eso me decidí incluir esta obra en el reto tan contenta.

En el año 1405 ve la luz por primera vez “ le Livre de la Cité des Dames“ como contestación a un best-seller de la época, “Le Roman de la Rose” y a otras tantas obras misóginas en las que se perpetuaba la imagen de la mujer como un ser débil e inferior moral y fisicamente, abocado a cometer todo tipo de pecados y que debía de estar supeditado al hombre. En su poema, Christina de Pizán recibe la visita de tres mujeres, la Razón, la Derechura y la Justicia; quienes la encomendaran la misión de crear una ciudad para ser poblada únicamente por mujeres excepcionales, siendo un lugar seguro para ellos. Y ejemplos de esto, no faltarán, tal y como expresa en las tres personificaciones, mientras ayudan a la autora en su construcción. Una galerías de profetisas, reinas, inventoras, beatas, diosas, vírgenes, princesas, santas, estudiosas y nobles recorrerán las páginas de su obra, demostrando con sus biografías que las mujeres son tan capaces y hábiles como los hombres, y echando por tierra todos los tópicos impuestos por una cultural medieval patriarcal y llena de prejuicios.

Dice la medievalista Victoria Cirlot en la introducción que acompaña la edición de Siruela que he manejado (y a la que luego volveré) Que cuando buceo en Internet para empezar a preparar esta reedición de la obra del libro de Christine de Pizan, se encontró con muchas reseñas las que se maravillaba de la modernidad de esta obra escrita en el siglo XV. Y desde luego que lo es, pero también hay algo que se debería valorar, y es el increíble valor del que hizo gala Cristina de Pizàn ya no solo para escribirla, también en otros aspectos de su vida. Hija de Tommaso di Pizzano, Cristina nació en 1364 en Venecia, ciudad que abandono siendo muy niña cuando su padre se convirtió en el astrólogo y medico del rey de Francia, Carlos V. Desde muy pequeña, Cristina demostró una gran inclinación y habilidad para los estudios, en aquel entonces vedados para la inmensa mayoría de las mujeres medievales. Tomaso, un hombre muy culto, apoyó los intereses de su hija y le proporcionó una educación humanística de primer orden, ignorando las ideas imperantes de la época, que dictaban que para una mujer solo era necesaria la mínima educación que garantizase que sabría llevar la casa y cuidar de su familia. Primer punto en el que nuestra escritura se pone el mundo por montera, gracias al apoyo de su padre, que no de su madre, quien hubiera preferido que su hija se dedicase más a las tareas del hogar, tal y como dice la propia Cristina en la obra que nos ocupa. No obstante, Como muchas otras antes y después de ella, a Cristina le tocó casarse. Tenía 15 años cuando contrajo matrimonio con Étienne du Castel. La pareja parece haber estado muy bien avenida, Cristina habla en el libro de su marido con bastante cariño y aprecio. Desgraciadamente todo se vino abajo cuando Étienne murió en 1390, poco después que su suegro. Viuda con apenas 25 años, con tres hijos a su cargo y una posición económica muy inestable, Cristina encontró un somero consuelo para sus problemas escribiendo poemas para ella misma. Pero pronto vio allí la solución para poder mantenerse ella, a sus hijos, a un sobrino y a su madre. Pronto sus escritos empezaron a difundirse por la corte francesa gracias al apoyo de importantes patrocinadores, y rápidamente Cristina se convirtió en una escritora muy cotizada y apreciada dentro de la corte francesa. Sus obras llegaron a traducirse en el extranjero (Si bien en muchos casos adjudicadas a escritores varones). Esto convirtió a Cristina en la primera femme de letres, la primera mujer en la historia de la que tenemos constancia que se mantenía con sus escritos.

Además de poemas inscritos en el amor cortés, Cristina escribió tratados de caballería, obras educativas para príncipes y princesas y hasta un poema dedicado a Juana de arco, obras que aún se siguen leyendo en la actualidad y que sorprenden por lo adelantadas para su época que fueron las ideas que su autora defendía en ellas. No debió ser una existencia fácil, seguramente se encontró con muchos escollos en el camino y no pocas críticas. Pero aún así, leyendo este libro, uno puede intuir toda la fortaleza de su autora. La gran mayoría de sus trabajos tienen un corte claramente feminista (aunque esa expresión, por supuesto no se contemplaba en la Edad Media, se empezó a acuñar en ma Inglaterra del XVIII), y se inscriben dentro de la llamada Querella de las Mujeres, un movimiento cultural que surgió por ese entonces en Francia y que buscaba reconocer la igualdad intelectual, judicial y social de las mujeres y su acceso a la misma educación de los hombres.

Es en este contexto donde se fragua esta “Ciudad de la Damas” por la que principalmente Cristina de Pizán ha pasado a la historia. En su libro, Cristina habla de temas que aún hoy en día son de rabiosa, actualidad, como la educación de la mujer, el matrimonio, la violencia de género y la sororidad. Y lo hace desde una perspectiva que sorprende por lo cercana que nos resulta. Muchas de las ideas que defiende son algo más que sabido y asumido para el lector moderno. Pero para el lector medieval debieron suponer una auténtica revolución, ya que contradecían los cimientos de una sociedad en la que la mujer era la gran pecadora, cuyo único deber en la vida era ser madre, esposa o monja. Es cierto que no todo era tan rígido como siempre se nos ha presentado, que había casos y casos, que dependiendo de tu situación social y económica tenías más o menos poder y era muy normal que muchas mujeres se movieran entre tareas que, a priori, podemos pensar que estaban delimitadas únicamente por y para el hombre medieval. Pero eso no quita a que sea cierto que el mundo de la edad media era bastante hostil para la figura femenina, que prejuicios hacia ellas estuviesen a la orden del día. Empezando por la literatura, plagada de libros, ensayos y poemas, que siempre daban una imagen muy negativa de la mujer.

Ese es el punto de partida de esta obra tan novedosa, contradecir todas esas leyendas, demostrar que con la educación y la preparación moral y cultural adecuada una mujer es tan capaz como un hombre, y que los defectos humanos se dan tanto en hombres como en mujeres. Esa es una de las cosas que más me ha sorprendido de esta lectura, y que me ha llamado la atención que no se incida en ella en las reseñas. Cristina tiene una visión muy igualitaria entre sexos. Es cierto que defiende a una mujer, casta, modesta, discreta y sensata, defendiendo que el que tenga una educación no tiene que ser óbice para que también sea una buena esposa y madre, sino que la mujer ideal es una estupenda cabeza de familia y un ser moral y culturalmente intachable. Y es que el ensayo está inscrito desde la óptica religiosa y filosófica que imperaba en los años medievales. al fin de al cabo, Cristina era una mujer de su época para bien y para mal, una época cuya realidad e ideales no pueden ser los mismos que los que tengamos ahora en el siglo XXI, al igual que las posibilidades vitales y sociales que tenemos hoy en día las mujeres no son las mismas que en el siglo XV. Por eso me llama la atención leer críticas en los que se pone en tela de juicio esta mujer ideal de la que habla Cristina, se protesta porque ella enfoque la feminidad solo como esposa y madre o como monja. No obstante, incluso en este aspecto, la escritora es una adelantada: y es que, en general, la literatura hasta ese entonces se había enfocado más en los aspectos negativos en la mujer. No fue hasta esos años en los que se empezó a componer una bibliografía que mostraba a la mujer desde un prisma más positivo, poniendo en relieve su papel dentro de las familias. Pero además, Cristina defiende que los varones deben regirse también por los mismos parámetros, comportarse de una forma igual de moral y justa que la que defiende para las mujeres. Es decir, habla a favor de la igualdad de sexos, que es de lo que va el feminismo, básicamente. Es muy importante contextualizar las obras, un ejercicio en el que este volumen sigue saliendo muy bien parado, incluso aunque sea hijo de su época.

El estilo narrativo de Cristina de Pizán es rico, colorido y vivaz. La autora se mueve entre disgregaciones filosóficas y sociales y la biografía de diferentes mujeres de una forma ágil y dinámica, con un estilo directo y una pluma florida y delicada. Usa la historia, la literatura y la mitología en favor de sus ideales, de forma que diosas romanas y egipcias son pasadas por un tamiz cristiano, convirtiéndose en mujeres ejemplares que fueron deificadas por sus obras, inventos y demás aportaciones a la humanidad. La autora demuestra sin ningún tipo de pudor, y con todo el orgullo su gran erudición. al escribir sobre tantos temas históricos e intelectuales y moverse en las biografías de tantos personajes históricos (muchos de los cuales conocieron a la propia Cristina, y algunos fueron sus patrocinadores), Cristina nos habla de que si ella pudo llegar a este grado de conocimiento con esfuerzo y estudio, cualquier mujer es perfectamente capaz de hacerlo también. En ese sentido me has recordado mucho, salvando las distancias históricas y temporales, a “Middlemarch”, una novela publicada en 1871, en la que su autora, George Elliot, se esforzaba por demostrar que por méritos culturales ella estaba igual que cualquier varón para dedicarse al mundo de las letras.

El libro no es para nada pesado o difícil de leer, resulta muy accesible por la pulcritud con la que escribe Cristina. Está articulado en tres libros, los cuales se dividen en varios capítulos bastante cortos (los más largos se extienden como mucho unas seis páginas ). Esto aporta mucha agilidad a la lectura. No obstante, reconozco que puede hacerse un poco pesado si lo lees del tirón, ya que la mayor parte de la obra se centra en diferentes biografías, muchas de las cuales muy parecidas entre sí. Por eso, yo recomendaría leer poco a poco este libro e intercalarlo con otras lecturas, tomárselo con calma para permitir que su contenido penetre mejor y no te agobies con tantas historias y vidas. Si tuvieras que ponerle un pequeño “pero” al libro, sería que me hubiera gustado que hubiera habido un poco menos de biografías y que la autora hubiera tratado con más profundidad aspectos de la vida de la mujer medieval y de los prejuicios y problemas a los que tenía que enfrentarse, y que a día de hoy siguen, en muchos aspectos, latentes en nuestra sociedad.

He tenido la gran suerte de leer esta obra en una edición de Siruela. Digo suerte, porque hay libros que es bueno leerlos en ediciones especializadas, con introducciones y notas que ayuden a explicar el contexto histórico en que se escribieron las obras. Gracias a estos anexos he podido aprender mucho y comprender mejor porque esta obra es tan adelantada a su tiempo en muchos aspectos y cuanto le debemos las mujeres a personas tan valientes y perspicaces como Cristina, que con sus escritos fue una de las primeras en abrir el camino para que las mujeres de la actualidad pudiéramos gozar de todos los derechos que actualmente tenemos y que durante siglos se nos negaron por nuestro género .
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