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Crítica de Yani


Yani
02 septiembre 2018
Si tuviera que definir en pocas palabras a este libro, usaría una frase bastante trillada pero no menos comunicativa: es más liviano que el aire. Tiene su razón de ser, porque era una novela que se publicaba por entregas y que, por supuesto, necesitaba mantener en vilo al lector para que la “comprara” (en varios sentidos de la palabra) completa. Y la verdad es que resulta. Cuando creía que podía ser una mala elección para estas alturas del año, en donde las neuronas quieren tomarse vacaciones, terminé afirmando que no podría haber elegido mejor. Eugenia Grandet (1833) es una novela ágil, con intrigas amorosas y financieras y personajes odiosos y adorables.

Los Grandet son una familia francesa provinciana cuyo patriarca, Félix Grandet, es un viejo avaro que finge frente a los demás que no tiene ni una moneda para gastar. Imaginen a un hombre que en su despacho (y sólo él puede entrar ahí, obviamente) saca cuentas y repasa todo el tiempo la enormidad de una fortuna compuesta por herencias (incluso las de la familia de su esposa), ganancias de la producción de vinos y varias especulaciones. Y ahora imaginen a ese mismo hombre advirtiendo a su esposa y a su hija, quien le da título a esta historia, que no se puede encender ni el fuego ni las bujías en invierno salvo cuando él lo permita, con la finalidad de “ahorrar”. Ni la señora ni la hija se quejan porque las mantiene sumisas e ignorantes de todo lo referente al manejo del dinero. Lo único que ellas deben hacer es cuidar la casa y cumplir con sus labores de cristianas. Por supuesto, todas las familias con hijos varones quieren casarlos con la heredera, ya que la fortuna de Grandet es un secreto a voces. Des Grassins y Crouchot son dos de las familias en disputa, pero también saben que tienen a un competidor aventajado: el primo parisino de Eugénie, Charles Grandet.

Con una capacidad única para construir caracteres y para describir escenarios (y creo que en Papá Goriot también lo destaqué), Balzac convierte en una historia muy atrapante un evento que se extiende por años, que muestra una familia que se va enriqueciendo y extinguiendo al mismo tiempo por la codicia del jefe de la casa. Podría ser un vecino, un conocido, un amigo. Por supuesto, los personajes femeninos, incluida Nanon, la criada, no ven ni siquiera la parte más mínima de la fortuna que guarda Grandet. El conflicto está en la prohibición del uso y en la impunidad con la que Grandet prioriza el oro antes de las relaciones interpersonales. Ni su hija ni su esposa ni su sobrino merecen más atención que sus negocios. Es un personaje repugnante. El conflicto se desata cuando Eugénie hace un uso muy noble (pero absolutamente ingenuo) de unos ahorros que son suyos y que el padre revisa todos los años para controlar que sigan intactos y/o que se hayan acrecentado. Ahí está la tensión.

Eugénie es una heroína para tener en consideración. El centro de sus atenciones también lleva estereotipos a cuestas. Estas clases de cosas se revelan cuando Balzac expone los pensamientos de X personaje, así que siempre hay una pauta marcada de conducta. El problema es que no deja mucho lugar ni a la intriga ni a la interpretación del lector.

Eugenia Grandet es un lectura híper agradable, con personajes extremos y con un argumento que tal vez no sea el más original del mundo, pero que presenta particularidades gracias al genio de Balzac.
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