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Crítica de IvanValenciaA


IvanValenciaA
30 mayo 2019
Nota: Este es un pequeño texto que escribí sobre esta novela hace unos 5 años y que he reencontrado por casualidad. Ahora mismo tengo mucho que discutirme sobre lo que digo, mas, quiero compartirla tal como nació.

Tomar entre las manos una novela como La virgen de los sicarios del maestro Fernando Vallejo, es mirar una fotografía de lo que se ve y vive a diario en nuestro país. La novela mencionada es una rica descripción social, política, cultural y económica de Medellín en una de las épocas más importantes de la historia reciente del país: la década del 90. Ciertamente es apenas un primer plano de toda una escena que encierra un país con todas las características de Medellín potenciadas. Cuando hoy leemos esas palabras resulta sorprendente la vigencia, y peor aún, el recrudecimiento de las condiciones de violencia, inequidad social, intolerancia, etcétera, que son descritas por Vallejo. Y este fenómeno no sólo se puede ver en Medellín -o ¨Medallo¨-, hasta los pequeños poblados son ahora víctimas de estas condiciones. La democracia estatal, la fuerza y solidaridad revolucionaria de unos y el amor patriótico de otros, han llegado a todo lugar del país.

Que las condiciones actuales se correspondan con las de hace dos décadas dice mucho. Que se correspondan con las de hace 50 años dice mucho más. Que sean muy parecidas a las de hace 200 años es escalofriante. Estas condiciones, como ya se dijo, recrudecidas, son la evolución de un conflicto que empezó en el momento que Cólon piso las tierras Americanas. En palabras de Vallejo somos ¨nuevas caras de un viejo desastre¨ . Somos apenas una generación más que alimentará el conflicto. Pero a la vez somos producto del conflicto. Hemos crecido en esas condiciones y hemos naturalizado el conflicto. Legitimamos la violencia. Pero que no se crea que el conflicto sean las guerrillas como no lo quieren hacer ver los medios y el poder estatal, es decir, las capas dominantes. El conflicto en Colombia es el producto de la desigualdad social. Por la desigualdad social, el abandono estatal de las clases populares en temas como educación, salud, justicia, es que pelaos como Alexis o Wilmar, que son el arquetipo de la juventud popular urbana de Colombia, terminan sobreviviendo como pueden.

Seguramente a estas alturas Vallejo estaría ofuscado por la dirección que le he dado a su novela cuando en ella habla mal de las clases populares por sólo dedicarse a procrear y a buscar vivir del otro. En parte tiene razón, no podemos decir que toda la culpa es del estado y del sistema capitalista. Pero una verdad sea dicha, que bien han hecho su trabajo para mantener el conflicto. Dice Vallejo que ¨el primer ladrón de Colombia es el estado¨ y define muy bien su función cuando dice que éste ¨está para reprimir y dar bala¨ .

Al final la obra de Vallejo es una de las muecas de esta sociedad, muecas que se van modificando con cada generación. Hoy nos paramos a dar una mirada y es palpable el gran problema social que hay en este país, aún Medellín es un lugar de referencia para las drogas, prostitutas, combos, etcétera. La desigualdad sigue, somos producto de ella y nuestros hijos también lo serán. Hoy nosotros alimentamos la violencia, mañana ellos. Respondemos a nuestro destino histórico. Tal vez Dios o la Santa virgen o ambos lo quisieron así… aunque ¨Dios no existe y si existe es la gran gonorrea¨ .
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