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Crítica de laberintosdetinta


laberintosdetinta
21 marzo 2019
En esta novela Steinbeck aleja el foco de los personajes que en su momento le hicieron merecer el reconocimiento de lectores y crítica: los desposeídos, las clases bajas, el pueblo llano… y explora la vida de Ethan Allen Hawlley. Ethan es el descendiente de una gran familia de balleneros de New Bayton, familia que se había enriquecido durante el boom de la venta de las grasas de ballena. Ahora Ethan, tras un error financiero de su padre, únicamente posee la vieja mansión de los Hawley y se ve obligado a trabajar como dependiente de una tienda de ultramarinos que anteriormente era propiedad de su familia y ahora regenta un inmigrante italiano, Alfio Marullo.
A pesar de este cambio de foco, el tratamiento de los temas humanos y de los personajes de Steibeck sigue siendo una maravilla. En esta novela seguimos a Ethan y, por ende, a las personas con las que se relaciona, con especial importancia del núcleo familiar: su mujer Mary y sus dos hijos Allen y Ellen (me parece deliberadamente cómica la similitud entre los nombre de sus dos hijos). En principio, la familia Hawley es una familia de clase media, pero en decadencia, ha perdido el esplendor del pasado y se consume entre reliquias y recuerdos de antaño; sin embargo, vemos que Ethan vive en un estado de resignación, no aspira a más mientras pueda darle de comer a su familia y sean felices, pero durante la novela vamos viendo como múltiples personajes, desde los más cercanos a simples desconocidos, le instan a que recupere su riqueza mediante buenos o malos medios. Esa apariencia de felicidad se empieza a resquebrajar y vemos bajo ella diferentes frustraciones.
Uno de los recursos más interesantes de la novela es la ambigüedad y la sensación de irrealidad que se consigue a través de la caracterización de Ethan. Él es un personaje tremendamente sarcástico y, hasta cierto punto, cínico. Además, por su forma de exponer sus pensamientos y planes nunca sabes realmente si está hablando en serio o solo bromeando, eso hace que nunca tengas del todo claro su moralidad: ¿es tan bueno como aparenta o es tan corruptible como todos los demás? Pues al final de cuentas uno de los temas recurrentes de la historia es la degradación de la moralidad y los ideales; la corrupción que empapa hasta la vida de los más mundanos, una corrupción con la que ya nos hemos acostumbrado a vivir, una corrupción que te proporciona la excusa del “es que todos lo hacen”.
Esta doble cara se ve muy bien en la relación entre Ethan y su hijo Allen. Ethan se siente frustrado viendo lo descaradamente que su hijo dice que no le importa “labrarse una carrera” que quiere ser rico pegando “el pelotazo”, como se dice, no importan los medios para conseguirlo. Parece que a Ethan no le importa tanto a ese pensamiento como la crudeza y la falta de escrúpulos o reparos de su hijo para admitirlo: uno puede engañar pero no vanagloriarse de ello. Él parece ver reflejado en su hijo lo que tanto quiere ocultarse a uno mismo y eso le irrita sobremanera.
En definitiva, El invierno de mi desazón es una novela sumamente profunda, acompañada del talento inestimable de Seteibeck para crear atmósferas y personajes realistas en disputa con su vida y el medio, una novela que trata los temas obsesivos de la riqueza, el afán, la decadencia, la futilidad y, en fin, la desazón del ser humano, como el propio título indica.
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