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Crítica de Susana


Susana
12 abril 2020
¿Qué ocurre cuando juntas unos personajes perfectamente definidos, fuertes, con carácter, con sentido del humor y que van a más, siempre a más, durante toda la historia con un entorno exquisito, una documentación sublime y una narración maravillosa? Pues que te encuentras con un libro tan increíble como Nadie muere en Wellington.

La historia, narrada en primera persona, es un dulce. A lo largo de la narración Emma, nuestra protagonista, nos va contando pasajes de su vida pasada para ponernos en situación y nos va llevando de la mano con ella, siempre con ella, a lo largo del camino de su nueva vida, una vida en la que se va a encontrar con un personaje masculino, David, roto, muy roto, pero en el que aún queda una pequeña luz brillando en su interior y que Emma con su fuerza, su brillo y su luz interior querrá volver a prender del todo.

Emma es luz, toda ella, es magia. Por donde va desprende alegría y eso que su vida no ha sido un camino de rosas precisamente, y contagia a todo el que tiene a su alrededor (a algunos les cuesta más que a otros, todo hay que decirlo). Es una mujer valiente, fuerte, noble y sincera, muy sincera. Y tiene una fuerza comparable a un huracán, tal es que por donde pasa deja huella, siempre.

David está roto y cree que no tiene arreglo, se ha rendido y no ve, ni quiere ver, manera de volver a juntar todas esas piezas de su complejo rompecabezas.

Deciros que, pese a que he entendido el dolor de David provocado por una experiencia brutal, sin duda, no he terminado de conectar del todo con él y quizás por eso no he entendido ciertos comportamientos ni algunas de sus acciones, de ahí que esta maravilla de historia no se lleve las cinco estrellas.

No puedo hacer esta reseña sin darle un lugar especial a Kauri, lo he amado por completo durante toda la historia. Es más, desde aquí hago un llamamiento a la autora para que nos regale su historia completa, que las pinceladas que nos ha dejado aquí a mí al menos me han dejado con la miel en los labios y quiero, necesito saber más, mucho más (ya sabes Carmen Sereno, guiño, guiño, codazo, codazo xD).

Además, Kauri al ser maorí nos adentra en esta maravillosa cultura la cual es fascinante y hermosa y de la que quiero saber todo. Todo.

La documentación por parte de la autora es digna de mención, durante toda la novela nos va aportando datos tanto de Nueva Zelanda como de su maravillosa cultura y la verdad es que se agradecen mucho y más cuando sabes que detrás de toda esta información hay un trabajo importante. Wellington es un personaje más y sin la ambientación tan perfecta que logra Carmen Sereno no sería tan especial y la historia perdería fuerza, sin duda.

En definitiva, una historia preciosa, un viaje maravilloso que merece mucho la pena donde, además, la autora nos regala amor, amistad, familia y esperanza, mucha esperanza y nos deja claro una cosa. No importa lo oscuro que esté todo, siempre hay un resquicio de luz, siempre, y la luz al final acaba por iluminarlo todo. Un mensaje esperanzador que con los tiempos que corren ahora mismo es un regalazo inmenso.

A mí me ha durado un día y de verdad que me ha dado una pena inmensa acabarla. Leedla por favor, no os vais a arrepentir.
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