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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
29 junio 2018
El año pasado os traje la reseña de la hija del sepulturero, de la autora Ana Rosenrot, que disfruté mucho, así que cuando se me presentó la oportunidad de leer la nueva novela de Ana no me lo pensé dos veces. El jardín de las flores negras me ha gustado incluso más; lo he devorado en apenas día y medio, y con eso creo que queda dicho todo.

En esta ocasión la autora nos traslada a la ciudad de Oviedo en 1948. Allí conocemos a Pablo Arteaga, un jovencísimo sacerdote al que acaban de destinar a la pequeña parroquia de San Gerónimo como ayudante del sacerdote titular. Pablo es un cura sin fe, desde el principio sabemos que no tiene vocación ni cree en Dios, pero se vio obligado (le obligaron, más bien) en su momento a tomar los votos, una penitencia que lleva con resignación: su vida no es suya desde hace años, y lo tolera lo mejor que puede. Aun así, cuando llega a la parroquia lo hace con la intención de cumplir lo mejor posible con sus funciones, entre las que, además de acercarse a sus feligreses (feligreses que no os detallo pero que son parte esencial en la trama), también está ser el tutor de un adolescente que vive retirado en una casona junto a su padre. La casona de los Osorio irradia malignidad, casi tanta como sus ocupantes, y será cuando se obsesione con descubrir el secreto que esconde esta familia cuando se empiece a mover el eje central de la novela, alrededor del cual se moverán todos los demás peones con sus particulares subtramas, mentiras, secretos, crímenes, tinieblas... y flores negras.

La novela tiene tres narraciones distintas. Por un lado está la que se ambienta en el presente de la historia, la de 1948 en Oviedo, que es la que aglutina el 70-75% de la trama. Por otra parte está la historia de Pablo y su familia, y para eso la narración se traslada a 1936, en los albores de la Guerra Civil, donde a medio camino entre Madrid y Barcelona a lo largo de unos pocos años, conoceremos de dónde viene realmente Pablo lo que le ocurrió y el peso que arrastra en la maleta de su alma. Y por último hay una tercera narración, a modo de diario, de la que no os voy a contar nada, ni quien lo escribe ni lo que cuenta. En realidad, la sinopsis oficial es muy buena, porque en apenas un párrafo desglosa lo que es la novela en sí sin contar nada de más. En esta historia hay muchos misterios, muchas subtramas y muchos personajes, pero casi todo gira alrededor de Pablo, y lo que no lo hace, acaba salpicándole en algún momento de una forma u otra.

Por ejemplificarlo de algún modo, lo que hace Ana Rosenrot en la novela es entretejer poco a poco una tela de araña en la que los personajes van quedando atrapados conforme avanzan las páginas y en donde los actos de cualquiera de ellos salpican y afectan a otros personajes, unas veces de manera inmediata, otras con el transcurso del tiempo, de tal manera que sabes que nada de lo que se cuenta en la historia, nada de lo que ocurre, está ahí por casualidad. Ahora mismo no recuerdo de quién es la frase (aka soy vaga para buscarlo), pero lo de que el diablo se esconde en los detalles viene al pelo en esta historia. Y lo mejor de Ana es que consigue cerrarlo todo, no se le escapan flecos, y arma el troncal de la historia con pulso milimetrado y coherente. A todo esto ayuda que los personajes tienen vida propia y están muy bien desarrollados y, sinceramente, como lectora, no me parecen personajes fáciles con los que trabajar. Ana Rosenrot siempre sobresale y sorprende en este aspecto.

"El odio y la venganza son malos consejeros y crecen en el corazón del hombre como las malas hierbas y, si no se arrancan de raíz, terminan adueñándose de todo y convirtiendo un precioso jardín en un jardín de flores negras"

Este párrafo con palabras del padre Toribio es el que da sentido al título de la novela, y estas flores negras están presentes a lo largo de toda la trama porque la trama en sí está hilvanada con emociones que en raras ocasiones son positivas y amables. Más bien al contrario, porque casi todos los personajes de la novela tienen secretos que más les vale esconder, o se mueven por la revancha y la venganza, o caminan por la vida en una senda de penitencia y autocastigo u ocultan un fondo bastante emponzoñado que solo necesita un poco de aliento y empuje para salir a la luz. Hay pocas flores de colores en este jardín de flores negras, y pintan bastos para ellas en las cartas que reparte la autora a lo largo de la narración.

Aun así, y aunque es cierto que la maldad es la gran protagonista de la historia porque anida, disfrazada de muchas versiones, en los corazones de varios personajes, me ha gustado mucho el hincapié constante que la autora hace en no endosarle a esa maldad unos ideales o unas afinidades políticas... recalca varias veces a lo largo de la novela que una persona es buena o mala más allá de las circunstancias que lo rodean y de sus creencias o ideales, y en el caso de un conflicto bélico, aquellos que son malos lo usan para saldar cuentas y sacar toda la mierda (con perdón) que llevan dentro, estén en el bando que estén. Por eso en la historia tenemos personajes buenos y malos de todos los bandos, consecuencias buenas y malas para todos ellos que no entienden de otra cosa que no sea la perversidad individual humana.

Por todo esto es complicado encuadrar la novela en un género concreto. La novela es muy negra; hay muerte y asesinatos (unos cuantos)... pero encierra mucho más. Es una historia en las que la desesperanza, la desesperación y la maldad campan a sus anchas, por lo que también tiene un alto componente dramático. A falta de uno hay varios misterios, varios secretos, que se irán resolviendo poco a poco y que componen el eje de la novela, porque son los que mueven la trama en un sentido u otro. Y además tiene muchas pinceladas de novela costumbrista, porque la autora nos traslada al día a día de los vecinos de una barriada de Oviedo de la posguerra en la que ninguna herida se ha cerrado, la gente sigue pagando deudas de guerra y las consecuencias de ella, aquellos que se oponen al régimen se reúnen amparados por la noche y conteniendo la lengua durante el día, los vecinos desconfían unos de otros porque las rencillas son fáciles de cobrar, las huelgas obreras están a la orden del día, la religión y la fe (o su falta de ella) encaminan los pasos de algunos de los protagonistas... Esta historia bebe de varios géneros y todos compensados en su justa medida.

Como ya os comentado arriba, he leído la novela en apenas día y medio, y es que Ana escribe de una manera que hace que devores sus historias. Y eso que conforme se acercaba el final me iba temiendo cosas que hacían que cerrase diez segundos el libro porque no quería leerlas (soy una dramas, lo sé, pero de verdad que lo cerraba porque me rebelaba contra el destino de un personaje concreto que he visto venir faltando unas cincuenta páginas y que por desgracia se ha cumplido). Y es que hay que felicitar a la autora por este final nada complaciente y nada facilón. Quiere contar una historia y la cuenta, y en esa historia la indulgencia no forma parte del trato y el color de rosa tampoco. Muy buen final, aunque me haya hecho sufrir.

Después de todo esto, imagino que no os sorprenderá si os recomiento encarecidamente El jardín de las flores negras. No os detallo más personajes aparte de Pablo porque creo que debéis descubrirlos, tanto a ellos como a sus historias, por vosotros mismos. A la trama en sí, a la construcción de los personajes, al uso que hace de ellos para avanzar en la historia, al entramado de los secretos y misterios, a la resolución de todas las subtramas abiertas... es que no les puedo poner ningún pero. Y yo soy "doña peros", ya lo sabéis. Ni siquiera me voy a quejar de las cosillas que tiene la edición (la portada es preciosa, por cierto), así que lo dejo aquí. Leedlo xD.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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