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Crítica de LAKY


LAKY
08 mayo 2020
En la granja Golden Oaks no se crían animales. Pero en la granja Golden Oaks sí se cría algo: muchas mujeres van allí para, en un ambiente relajado, ecológico, con todos los lujos y cuidados, llevar a término su embarazo y dar a luz. Pero son embarazos especiales porque esas mujeres no son las madres. Aunque lleven dentro un bebé: los embriones les fueron implantados y ellas están gestando los bebés que son de otras mujeres.

Cuando Jane, una joven inmigrante filipina, se queda sin trabajo, su prima Ate –muy reconocida como cuidadora de niños de familias adineradas- le recomienda un trabajo: gestar el bebé de otra mujer. Está muy bien pagado y así podrá dar un buen futuro a su propio bebé, Amalia, una niña de pocos meses de edad. El problema es que Amalia no puede ir a la granja, sino que deberá quedarse al cuidado de Ate.

En la granja Jane conocerá a Reagan, una joven de buena familia que está gestando un bebé para ganar dinero y cumplir su sueño por sus propios medios, Sarah, embarazada del tercer bebé de una familia… y tantas otras chicas. Todas ellas supervisadas y dirigidas por la ambiciosa Mae Yu.

Es un tema curioso el de la maternidad subrogada. Legal en algunos países, ilegal en otros, gente que lo considera inmoral, gente a la que le parece una buena opción… Da que pensar, desde luego. Y da que pensar la forma en la que llevan el tema en esta granja tan especial. Por un lado, todo es perfectamente legal: las madres de alquiler acceden voluntariamente a serlo, firman un contrato supervisado por abogados, reciben una paga durante el embarazo y una cuantiosa cantidad al dar a luz, son cuidadas con esmero por enfermeras, médicos, psicólogos, dietistas… Vivirán los meses de embarazo en un entorno privilegiado, haciendo ejercicio adecuado, comiendo comida ecológica, sana y bien cocinada… Todo perfecto.

O quizás no. Porque hay algunas cosas que chirrían. Ya no el entramado en sí sino también detalles como la “elección” de las madres. No estamos hablando de mujeres que van a donar sus óvulos sino que sólo serán “receptáculos” del embrión formado por los óvulos y los espermatozoides de otras personas. Por lo tanto, cómo sea la madre de alquiler no debería importar demasiado; lo único su estado de salud. Pero sí que importa, claro: las blancas son más apreciadas –y, por tanto, más caras- que las de color, las nativas más que las inmigrantes, las universitarias más que las mujeres sin estudio… Como si el que la madre de alquiler sea alta, rubia y doctora en Física cuántica influenciase de alguna manera en cómo será ese bebé formado con el material genético de dos extraños… Y otras cosas como ésta.

Es un libro que te da que pensar, sin duda, que te hace plantearte cosas. ¿Qué harías tú? Porque algunas madres de alquiler se lo plantean como una forma de ayudar a una pareja que desea ser padres. Pero, ¿y cuándo la otra no se queda embarazada porque no puede sino porque no tiene tiempo o porque no quiere destrozar su figura?

Es un narrador omnisciente quien nos va contando la historia y lo hará focalizando en las cuatro mujeres protagonistas: Jane, Reagan, Ate y Mae. Así veremos diferentes perspectivas: Jane y Reagan como madres de alquiler, con motivaciones distintas, con formas de ser muy diferentes. Ate que nos enseñará la situación de las emigrantes filipinas, muy apreciadas por lo modositas que son y lo poco que se quejan. Y Mae, una mujer de negocios. La novela se divide en capítulos no numerados no excesivamente largos. Cada uno lleva el título de una de las cuatro mujeres por lo que éstas se van alternando en cuanto a protagonismo aunque, evidentemente, sus historias están todo el tiempo relacionadas. En la novela hay mucho diálogo y la historia avanza con ritmo, resultando sencilla la lectura.

Los personajes están muy bien trazados. Consigues entenderles, saber por qué hacen lo que hacen, lo bueno y lo malo. La autora los ha dibujado con mimo, haciéndoles parecer reales.

A pesar de que la novela toca temas candentes y la autora los aborda con mucha sensibilidad

Una puntualización: encima del título se dice que es una distopía femenina, cosa con la que no estoy de acuerdo. En mi opinión, las novelas distópicas hablan de un futuro más o menos lejano y de una sociedad diferente a la actual, con un nuevo orden y unas nuevas reglar Normalmente, esta sociedad ha surgido de algún desastre. En este caso no es así: la sociedad es la actual y la granja no plantea una sociedad distinta sino un negocio relacionado con los vientres de alquiler. Creo que calificar esta novela de distópica puede confundir e incluso hacer que haya gente que rechace leerla por este hecho (a mí misma me llamó la atención el tema de la maternidad subrogada pero me echó para atrás que fuese calificada de distopía, género que no me suele atraer)

Conclusión final

La granja” es una novela original que nos habla de la maternidad subrogada como negocio. Una novela para reflexionar sobre los temas que plantea.


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