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Crítica de Esenciaalibronuevo


Esenciaalibronuevo
10 enero 2020
Con un estilo peculiar y original, en algunos momentos me ha parecido leer un guion, y con una historia que engancha, Daniel Pennac nos presenta una novela autobiográfica y ensayística sobre la educación, la figura del mal alumno y del zoquete. Porque a Daniel le llevó más de un año aprender el abecedario, porque Daniel fue mal alumno, porque estuvo internado, porque sus padres no ganaron para disgustos, porque su nota siempre era un cero, porque hubo tres profesores que le concedieron más de una oportunidad, porque le convirtieron en buen alumno, mejor profesor y reconocido autor francés. En la novela, se trata el tema de la educación desde el punto de vista del zoquete, del mal alumno, que no del vago. Me ha parecido muy interesante la focalización desde ese punto de vista. El autor estudia el papel del profesorado en los malos expedientes, al mismo tiempo que analiza psicológica y filosóficamente el comportamiento y las diversas razones del mal alumno: su pereza, su reconocimiento como zoquete y su bucle para no salir de ahí. La novela está repleta de grandes conclusiones y reflexiones o frases para el recuerdo a las que os invito a averiguar. Cuenta con cinco partes, de las cuales la que más me ha gustado ha sido la última: “Lo que quiere decir amar” en la que nos habla de esos profesores que le salvaron el expediente académico, insistieron en que aprendiera y le concedieron nuevas oportunidades. Y “Devenir” en la que nos habla de las exigencias de los padres a los hijos, cómo éstos pueden sentirse algo deprimidos ante comentarios como “no vales para nada”, “no vas a pasar de curso”, “con estas notas, ¿a dónde vas a ir?” o “mi hijo tiene doce años y no ha hecho nada, solo juega a la consola”. Pese al título, la obra es un canto a la educación libre pensante, pública y de calidad que todos querríamos tener, un canto a las segundas, terceras y hasta décimas oportunidades a las que tenemos derecho y un canto a esos buenos profesores que atesoramos en el recuerdo. Durante la lectura, he recordado a Doña Carmen (que me enseñó a leer), a Oscar (que me enseñó a pensar) o a Vero (que me transmitió el amor por la sintaxis).
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