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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
10 octubre 2021
En lo que va de año no he colgado ni una sola reseña que no esté relacionada con alguno de mis múltiples retos lectores y así seguirá siendo durante un tiempo, pero hoy toca descansar un poco y cambiar el chip. Asuntos de muertos es una novela que me ha sorprendido mucho de una autora que no conocía pero de la que quiero seguir leyendo su obra. Hace ya cosa de dos meses que lo leí y todavía tengo algunas escenas en la cabeza. Cuando un libro deja esa impronta es porque ha conseguido su objetivo de llamar la atención del lector, de llegarle de alguna manera y provocar una reacción, sea cual sea esa reacción.

La sinopsis oficial de la editorial es fantástica porque dice mucho en general en cuanto al misterio y oscuridad que rodean tanto a la casa como a sus moradores, pero nada en absoluto sobre la historia en sí misma que contiene ni los acontecimientos que se narran en el libro. Y claro, yo ahora me encuentro en la tesitura de hasta donde ir en el esbozo inicial que os doy de la trama. Ya sabéis que soy de hablar mucho pero de no adentrarme demasiado para no desvelar más de la cuenta (o al menos eso intento), y esa máxima de contar poco, muy poco, se impone elevada a la máxima potencia al intentar un acercamiento a Asuntos de muertos.

¿Qué os cuento entonces? Pues que tenemos una casa con el seis pintado en la puerta, una casa a la que no deberíais entrar ni aun siendo invitados. Durante años se vivió entre esas paredes una gran mentira, la mentira de "bienvenido seas mientras nos retribuyas en dinero y especies, que vamos a hacer como que hablamos un ratito con tu familiar muerto", mentira que daba de comer a sus habitantes gracias al sufrimiento y horror que infligían a otras personas. Se aprovechaban de su buena fe, de su dolor, de su credulidad, y montaban un espectáculo que hoy en día se convertiría en un reality show de masas. Un negocio muy rentable para el que, al fin y al cabo, había que poner los remilgos y la empatía a buen recaudo. El padre y la hermana mayor no tienen problemas en hacerlo; la hermana pequeña, Victoria, nuestra narradora, es otro cantar. Nos cuenta la historia a toro pasado, apuntalando los momentos en que fue consciente de muchas cosas de las que no había tenido ni idea antes y, sobre todo, nos lleva poco a poco hacia otro plano, ese en el que el fraude ya no es fraude y el teatro no es teatro... ese en el que lo que ha estado fingiendo durante toda su vida es mucho más real de lo que le gustaría... ese en el que el mundo de los muertos ha llegado para quedarse y su familia disfuncional va a pagar las consecuencias. Porque esos muertos son suyos y hay que apechugar con ellos.

Y esto que os cuento es como contaros nada salvo un arañazo en la superficie de la historia. Intentar ponerle una etiqueta a Asuntos de muertos sería como querer ponerle puertas al campo: se podría intentar, pero sería una pérdida de tiempo. Aun así, si hubiese que definirlo en cuatro palabras, quizás escogería esta dicotomía: terror y elementos sobrenaturales por un lado, amor y familia por otro. Podría añadir veinte más, pero creo que estos cuatro definen a la perfección las aristas tan diferentes, contrapuestas y casi contradictorias que a priori pueden definir el libro, y que sin embargo son totalmente exactas y se combinan a la perfección dentro de la trama. La propia autora dice que ella escribe sobre el amor, algo indudable una vez que se ha leído la novela, pero amor a su manera, que es una manera espeluznantemente sentimental y sentimentalmente espeluznante. O algo así. A ver si sé explicarme.

Asuntos de muertos es una novela de terror aunque al principio parezca que no porque se habla de fraudes, de engañifas, de sentido del espectáculo y de total carencia de empatía. Pero ese terror llega, aunque quizás no de la manera que el lector anticipa al abrir el libro. Porque sí, tenemos escenas impactantes e incluso alguna un tanto desagradable (de hecho esto es un aviso: si sois de estómago débil y asquerosillos con según qué cosas, lo mismo tenéis que leer algunos párrafos en diagonal...), tenemos fantasmas y tenemos una máquina con la que se invoca a unos muertos con muchas cuentas pendientes, pero el terror real de este libro proviene del amor totalmente disfuncional que ata a los miembros de esta familia con lazos imposibles de deshacer. Porque el amor que se muestra en esta historia es de los que duelen, de los que asustan, de los que cuesta entender desde fuera pero lo es absolutamente todo para los que respiran gracias a él. Y así, en esta noria eterna que da su vuelta del terror cada 24 de julio, viven atrapados unos personajes que giran y giran y giran sin que esa noria aminore su velocidad lo suficiente para que ellos puedan saltar y huir sin mirar atrás... en el improbable caso de que quisieran hacerlo, claro. Odian estar subidos a la noria, pero no podrían sobrevivir fuera de ella.

Libro muy visual, casi cinematográfico en cada palabra y diálogo que salen de la cabeza de esta autora, se nutre de unos personajes que no han nacido para gustar al lector, mucho menos para buscar su simpatía. Avanzamos hacia delante y hacia atrás, tenemos que viajar constantemente al pasado para intentar entender el presente. Victoria es la que nos narra todo, la antiheroína que se pasa la vida muerta de miedo y aun así intenta boquear fuera del fango negro en el que vive en busca de un atisbo de existencia que no esté corrupto ni acechando entre las sombras. Solo ella podría querer con esa lealtad constante, eterna e incomprensible a su hermana Mara, un personaje horrible sin excusas. Victoria no le tiene muy en cuenta ninguna de las cosas que le hace porque a lo que mucho abunda, uno se acostumbra. Yo como lectora acepto ese amor porque se me ofrecen las claves para hacerlo y porque en esas claves está el núcleo mismo alrededor del que gira toda esta historia, pero ya me guardaré muy mucho de darle mi bendición. Sí, Mara es horrible y el padre de ambas, André, va subido en el mismo carro. Menos mal que por ahí pulula Arti, único faro cuya luz tenue alumbra un poco tanta oscuridad.

En definitiva, tenemos a un padre y sus dos hijas, un negocio en el que se tima a los vivos y se rapiña cosas a los muertos, una máquina infernal que parece formar parte del engaño pero que la hija pequeña sabe (o quizás no sabe, pero lo hace igualmente) cómo usar de otras maneras, unos fantasmas que encuentran su camino cuando esa máquina infernal es usada del modo apropiado, y unas vidas, las de ese padre y esas dos hijas, pendiendo del hilo de una cordura muy mermada que apenas sobrevive gracias a la fuerza de las hilachas de un amor tan enfermo como absoluto. No, Asuntos de muertos no es una novela de una sola lectura. Bueno, lo es si el lector así lo decide, y probablemente esa lectura le ofrezca mucho (y más) de lo que espera de ella, pero yo me quedé con la sensación (luego confirmada por la autora en su epílogo final) de que hay muchas miguitas de pan a lo largo de la historia que solo se pueden apreciar cuando ya conoces el todo y tienes los elementos suficientes para hilar fino con sus partes por separado. En cualquier caso releeré la novela. No será este año probablemente, pero no faltaré a esa cita... y me guardaré muy mucho de que no haya ceniceros ni tijeras cerca, que nunca se sabe cuando los fantasmas pueden asomar su espectral patita fuera de las páginas, y las consecuencias no son demasiado halagüeñas.

¿Recomiendo Asuntos de muertos? Mucho, sobre todo si os gusta la literatura oscura que escapa a gritos de los perímetros estrictos en cuanto a géneros literarios. Pero este libro hay que leerlo para entender el alcance de la historia que encierra y apreciar el modo en que está contada, así que no pienso contaros nada más. Invitados quedáis a adentraros en sus páginas. Eso sí, no puedo terminar sin elogiar la edición de El Transbordador que es, como acostumbran, simplemente magnífica, y las ilustraciones de Manuel Gutiérrez, que se funden con la historia. Si a esto se suma que durante toda la novela nos acompaña nada menos que La Voz, ¿qué más podemos pedir? (entre tanta alma atormentada, Frank Sinatra se encuentra como en casa, que al fin y al cabo es de lo que va este libro: del sentido de pertenencia, de tener un hogar al que volver... aunque ese hogar sea a ojos de los demás, objetivamente, un lugar de mierda).

Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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