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Crítica de Lawerson


Lawerson
02 febrero 2020
El sueño de Rakel siempre ha sido el de convertirse en maestra o sacerdotisa de las fragancias, uno de los puestos más venerados y prestigiosos del imperio. Su padre es la única familia que le queda, pero vive con una terrible y devastadora enfermedad. Una plaga se está extendiendo por toda la tierra, golpeando a emperador y plebeyo por igual. Rakel decide abandonar su aldea desértica para dirigirse a la ciudad de Aphana en un intento desesperado por salvar a su padre, para aprender allí un nuevo tratamiento que consiga salvarle. Sin embargo, nada saldrá según lo planeado. Allí será contratada por la sacerdotisa primera del templo, que guarda muchos secretos, crípticos y antiguos, así como la verdad enterrada del pasado de Rakel. Por otro lado, el escudero real Ash ha jurado proteger al Primer Príncipe Nisai. Después de ser rescatado, cuando eran niños, por el príncipe de un mundo peligroso y devastador, el heredero aún lo protege, manteniendo escondida la verdadera identidad de Ash. Sin embargo, en una noche fatídica, las preciosas y perfumadas flores del templo se incendian y el Príncipe Nisai aparece envenenado. Atrapada entre el humo, Rakel se da cuenta de que ella es la principal sospechosa y que posee la única pista para encontrar un antídoto que pueda salvar al príncipe. Aunque sea arriesgado, Ash está dispuesto a hacer lo posible para encontrar una curación para Nisai, incluso si eso significa desobedecer órdenes, aliarse con una fugitiva y salir corriendo. Ambos tendrán que luchar a contrarreloj antes de que el veneno se apodere del cuerpo del príncipe, corriendo a través del imperio no sólo para salvarle a él sino también a sí mismos y a todo aquello que aman.

Todavía estoy pensando y procesando la manera en la que os tengo que hablar de este libro sin caer en el fangirlismo y sin dejarme nada atrás. Son muchas las cosas que quiero comentar para intentar convenceros de que tenéis que leer este libro. Cuando conocí el libro, hará ya varios meses, su preciosa portada me conquistó completamente, pero jamás pensé que su interior lo iba a hacer también, y de esta manera. El año no ha hecho más que empezar, pero creo que ya puedo decir que me he topado con la que, posiblemente, se convierta en una de mis mejores lecturas de este 2020. La flor más oscura es un libro que llega a España sin haber provocado mucho revuelo en la comunidad, un libro desconocido para muchos y muchas pero que, sin embargo, ha demostrado que merece la pena darle una oportunidad regalándonos una historia potente y cautivadora.

Usando una narración en primera persona a través de los ojos de nuestros dos protagonistas, Rakel y Ash, P.M. Freestone pronto nos enseña la grandiosidad que se esconde detrás de un imperio que, desde el primer momento, se va a convertir en el escenario principal de un juego de supervivencia y una carrera a contrarreloj. Nada más empezar, ya sientes que estás ante un libro y, sobre todo, una ambientación especial y espectacular que, a medida que se avanza en la lectura, va a mostrar más y más elementos que nos tendrán constantemente enganchados/as y apegados/as a sus páginas. Los primeros compases de la novela, las primeras cien o ciento cincuenta páginas, son muy acertadas, muy absorbentes y, sobre todo, apabullantes. Serán los momentos perfectos en los que dos mundos completamente diferentes empiezan a chocar. Como todo buen primer libro, La flor más oscura no se queda atrás en eso de ser algo introductorio y presentarnos a los dos personajes y sus vidas, caminando con Rakel a través de un desierto desconocido aún para nosotros/as y que se empieza a abrir como sus flores más famosas, empapándonos de la magia que desprenden las fragancias, rodeándonos de muchos detalles y explicaciones de una atmósfera que se mueve entre creencias, dioses y un sistema muy complejo, además de estar pasando por una crisis que se esconde tras una enfermedad que está matando a mucha gente. Con Ash, por otro lado, vamos a observar la parte más política y más cercana al palacio imperial, conociendo la manera en la que se hacen las cosas ahí dentro, con estrategias militares o diplomáticas, acatando órdenes y siendo testigos de las altas tensiones que se viven con algunos grupos de otros pueblos o territorios vecinos. Que la autora haya utilizado dos perspectivas para guiar la historia me ha parecido un toque muy acertado, haciendo que en estas páginas haya despuntes concretos a los que agarrarse para no perdernos entre tantos conceptos, historias o leyendas que, debo confesar, al principio me confundían y no me hacían asentar del todo en el libro al sentir una narración algo precipitada en algunos aspectos. Sin embargo, poco a poco se va comprendiendo todo mucho mejor, situándose cada cosa donde debe y dando inicio, al fin, a un complot inesperado y peligroso, de esos que van a desestabilizar en cualquier momento a esta sociedad, que se convertirá en el primer giro argumental de la historia, centrándonos ya en el núcleo de la historia.

Es en este momento cuando nos vamos a meter en esa aventura y viaje a través de un camino muy largo y peligroso que nos llevará a través de diferentes territorios en busca de elementos que, de alguna manera, intentarán resolver y evitar todo lo que se podría producir si, finalmente, esas tensiones o rivalidades entre gobernantes estalla. Porque hay odio, celos, gente esperando cualquier chispa para alzarse y rebelarse. La flor más oscura es una lectura super adictiva, amena, entretenida, con una acción que se va a ir dosificando poco a poco y que va a esta mucho más presente en esta mitad de libro. La originalidad que desprende la historia no solo hará que el marco por el que vamos a caminar se siga mostrando de manera bastante sorprendente, sino que hará que haya pocos ratos para el descanso. El huir de los perseguidores que están a punto de alcanzarnos le dará a todo un ritmo ágil, intenso, con muchísimos nervios y teniendo esa sensación de que, en cualquier momento, todo se puede venir abajo. Es una trama que sigue con el estilo arrollador con el que empieza hasta que, llegado a un punto, todo se vuelve algo más lineal, monótono y donde el movimiento de las escenas no se aprecia tanto. Será aquí donde P.M. Freestone desarrolle a sus personajes, adentrándonos en sus miedos, sus sueños, sus relaciones, sentimientos y secretos, que son estos últimos los que van a dar un tono más misterioso a la trama. Afianza la relación entre Rakel y Ash, aumentando su confianza, su camaradería, su complicidad. Creo que es el tramo más lento que va a dar el libro, algo que también finalizará pronto al regresar al punto de partida, volviendo a las vueltas de tuerca, las idas y venidas, a unos enfrentamientos épicos que, de cara a las últimas sesenta páginas, estarán muy presentes con todo el caos que se desata. Nuevos giros argumentales e inesperados, cuando se descubre parte de la verdad que se esconde en todo lo que hemos vivido te das cuenta de que cada cosa adquiere un tono más serio y mucho más peligroso, teniendo unos momentos finales en los que va a pasar de todo y que nos va a dejar con la miel en los labios para tener que ir corriendo a la librería a por su continuación, aún sabiendo que todavía es imposible encontrarla.

Sin dudarlo, la ambientación es el punto o plato más fuerte que tiene La flor más oscura. Ha sido alucinante y maravilloso rodearme de una cultura tan rica y viva. Desde el principio me ha dado la sensación de que estábamos en un ambiente parecido al antiguo Egipto. Eso de las pirámides, la importancia de las esencias, los aceites, las inciensos, la historias guardadas en pergaminos, idiomas complejos y extraños. El tema de la religión, tan presente en cada casa. Hay mucho a lo que agarrarse y, creo, es el primer libro que la autora ha publicado, mostrando una pluma exquisita que ya apunta a maneras y que me encantaría seguir viendo en un futuro. Como os he adelantado arriba, el sistema social, cultural y político que crea aquí es bastante complejo y cuesta hacerse con él en un principio. Los desiertos siempre se han visto como paisajes vastos, solitarios, silenciosos, pero en La flor más oscura susurra por todos lados. Es un placer sentirse una más aprendiendo y conociendo leyendas o historias pasadas, actos heroicos de guerreros que son venerados, Dioses que despiertan momentáneamente para explicarnos sus relaciones, sus conflictos, sus consecuencias. No sé, es que ha sido algo tan marcado a lo largo de todo el libro que adquiere una importancia brutal con la que la autora ha sabido manejarse perfectamente. El toque de fantasía que tiene, el tema de las fragancias como fuente de magia, pócimas y mejunjes que actúan de una manera u otra: para curar, enamorar, asesinar, envenenar. Y todas las formas de vida que, gracias a ese viaje de descubrir los diferentes territorios en los que se divide este imperio, vamos a ver. Sentir. Diferentes, eran escenarios que incluso para nuestros protagonistas resultaba algo novedoso. Es lo que, sin dudarlo, ha hecho que en el libro siempre haya algo nuevo que ver o analizar, viendo qué hacen o no este pueblo u otro, en qué creen, como hacen su vida o qué tipo de comercio tienen. En general, son características que están bien ideadas y formadas y que, sin dudarlo, han creado la magia personal del libro. Junto a esto, los personajes principales también me han convencido. Me ha encantado que fueran dos polos completamente opuestos. Rakel personifica la insurgencia, la individualidad, la independencia, mientras que Ash es la fidelidad, la seriedad. Ambos se han complementado muy bien, una sacando de quicio al otro, con una cabezonería que dictaba que no tenía que obedecer a nadie. En algunos momentos se ha hablado de libertad para amar a quien quieras, de luchar por tus sueños, saliéndose Rakel de ese esquema social pensado para la mujer rechazando todo lo que ello conlleva.

Lo único que pondría como algo negativo del libro es, por un lado, lo fácil y predispuesto que lo tienen todo Rakel y Ash para conseguir sin demasiados problemas los productos u objetos que están buscando. En todo momento parecían muy enterados de lo que tenían que llevarse, a pesar de que la única pista que tienen es bastante críptica. Un acertijo constante que esconde los lugares exactos a través de metáforas. Que dos personajes que saben lo justo de algunos territorios y nada de otros consigan cada una de esas cosas de manera exacta ha restado credibilidad a la historia. El tema del tiempo que pasa es también, algo extraño y confuso. Cuesta creen en más de una ocasión que haya pasado un mes o cuatro desde que se da inicio a esa carrera a contrarreloj, teniendo cortes de escenas bruscos o no incidiendo demasiado en ello. Parece que pasan días, además, porque esa tensión que se vive en cuanto Nisai cae envenenado, esa promesa de que se puede desatar un conflicto que lleve a la guerra, parece que se pausa indefinidamente, sin llegar a más a pesar de que, eso, han pasado meses. No se vive ningún nerviosismo, tampoco, entre la población. Todo anda de manera normal. Por último, la poca profundización que se le da a los temas de la enfermedad que asola el imperio, a la que no se le da demasiada importancia una vez pasadas las primeras cien páginas del libro, o el tema de los comandos, esos grupos de guerreros que van tras nuestros protagonistas y que apenas hacen acto de presencia. Me hubiera gustado ver más intensidad en esos asuntos, más pelea, más dificultad por el camino.

Por todo lo demás, La flor más oscura es un inicio de bilogía sorprendente, potente y apasionante. La ambientación respira por sí sola, dándonos un escenario rico y plagado de personalidad, donde unos protagonistas bien formados y con carácter nos llevarán a través de un camino que dejará escenas de acción, mucha tensión y, sobre todo, giros argumentales que conseguirán dejarnos con la boca completamente abierta.
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