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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
18 junio 2019
Con El alienista, de Caleb Carr, recorremos los mundos y submundos neoyorquinos del decimonónico año 96. Los encargados de trasladarnos a este año y época concretos son el Dr. Laszlo Kreizler (científico, alienista y estudioso del crimen), el jefe de policía Theodore Roosevelt y el narrador y periodista John Moore. Ellos serán los magos y guías que nos acompañarán a la bajada a los distintos infiernos que subsisten en esta ciudad.

Cuando unos golpes espantosos despiertan al resacoso John Moore la madrugada del 3 de marzo de 1896, este no sabe hasta qué punto va a sumergirse y descender por las inimaginadas y crueles perversiones humanas. Quien da esos golpes a la puerta es el criado del Dr. Laszlo Kreizler, Stevie Tagger (el Steveporra), quien le conduce a la escena de un espantoso crimen: el de un niño de trece años que ha sido torturado y descarnado. Junto al cadáver se encuentran Theodore Roosevelt y el sargento detective Connor: uno preocupado, el otro impasible y sarcástico. Están reuniendo datos y haciendo conjeturas sobre lo que puede haberle ocurrido al travestido Giorgio Santorelli: la víctima, el niño.

Por la escena del crimen antes ha pasado el Dr. Laszlo Kreizler, el alienista, que desde el principio ha percibido que este no es otro de esos crímenes enterrados en los muros de silencio de la ciudad, tal y como ocurre con los muertos desheredados y olvidados hasta por sus propias familias. El crimen tiene coincidencias con otros sucesos y decesos, con otras víctimas que también eran niños y a los que se enterró y olvidó sin entrar en ningún tipo de investigación ni detalles por culpa de la doble moral ciudadana, esa que se dedica a despojar y a servirse de los seres más frágiles y desfavorecidos mientras se mira hacia otro lado.

En este caso concreto, Theodore Roosevelt no va a consentir que este niño sea otra víctima olvidada, pues se reclama justicia y debe averiguar a qué clase de mente criminal se enfrentan. Conocedor de las corruptelas policíacas, encarga al Dr. Kreizler y al periodista John Moore que investiguen, de manera no oficial, tanto este crimen como los anteriores que reúnen las mismas coincidencias. Se une al equipo la única mujer que trabaja en la policía de Nueva York, Sara Howard, que, junto a los mellizos Isaacson, dos detectives conocedores y practicantes de las nuevas técnicas policíacas (como el análisis de las huellas dactilares), estará bajo la dirección del doctor-alienista, formando todos ellos un equipo de investigación de lo más complejo e interdisciplinar.

Como se irá viendo (y así nos lo narra John Moore desde el comienzo de la recopilación de datos y pruebas), el crimen presente y los crímenes pasados no son casuales y están conectados con las diversas clases sociales que componen la urbe neoyorquina, las cuales comparten una connivencia social y tolerante y son cómplices en la relación de las faltas y los crímenes que se cometen contra los seres más frágiles y desfavorecidos. Nuestro flamante equipo tendrá que manejarse por aguas turbulentas: todos los ojos están puestos en ellos, ya que la oligarquía dirigente teme que, con la investigación, afloren todas las corruptelas sociales.

Mientras tanto, con el transcurrir de las páginas descubrimos a qué se dedicaban esos niños, las vidas tan miserables que llevaban junto a sus hacinadas familias, y que para resolver sus muertes serán necesarios nuevos puntos de vista y enfoques que abran las mentes y de este modo poder entender la maldad o la enfermedad de aquel que comete tales atrocidades.

Así, la muerte de Giorgio no será la última: el equipo tendrá que darse aires para resolver y atajar a quien parece un asesino en serie que ni descansa ni pone límites a su crueldad, al tiempo que deben mostrarse cuidadosos y puntillosos con esas clases sociales poderosas que intentarán torpedear sus investigaciones por todos los medios.

El final, tal y como cabe esperar en una novela de este tipo, es apoteósico y rítmico, pero a cada personaje le deja un sabor y una conformidad diferentes. El lector entiende sus razones y sus diferentes puntos de vista pues, a estas alturas de la novela, cada uno de los personajes ha tenido tiempo y espacio suficientes para marcarle con sus sentimientos y pareceres.

El alienista es una novela histórica, de misterio y de época. Una obra magnífica con la que recorremos todas las esferas sociales de una gran urbe en construcción, el Nueva York de 1896, donde el principio de legalidad se sustentaba con un finísimo hilo y donde, con indulgencia, se podía comerciar con cualquier cosa. Caleb Carr se sirve de su narración y maestría para ponernos en la cara temas tan comprometidos y horrendos como el infanticidio, la prostitución infantil y su denigrante pobreza que, junto a otras y distintas corruptelas, forman y conforman su pútrido submundo social.

Ya era hora de que leyera esta novela.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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