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Crítica de Ros


Ros
11 October 2022
Milena Busquets hablándonos de Milena Busquets de un modo íntimo, abierto y desenfadado, muy al estilo de su madre, Esther Tusquets, y de ella misma, a la que ya conocí en otra de sus obras titulada, También esto pasará, de la que puedo decir que me gustó.

Leyéndola en este libro , asistimos al encuentro de una pequeña biografía en forma de diario, que en aquello que es puramente numérico, noventa páginas concretamente, nos relata partes sustanciales de una vida.

Resaltamos, sobre todo, que , en esencia, podemos admirar y disfrutar, salvando las distancias, frases en forma de aforismos en general cargados de ironía.

Es un período, que viene descrito en el libro, Milena Busquets salta imprecisa y sin demasiado tino, de la alegría a la tristeza y desesperanza, aunque si atendemos a lo escrito, las razones de estos saltos no quedan bien dibujados y se ve perfectamente en la escasa consistencia en que un pequeño tropiezo la puede sacar de la felicidad para dejarla en la tristeza y viceversa.

El libro arranca en la navidad, ya en pandemia, con las casas de cada uno cerradas a cal y canto, con el corazón encogido y las arterias cargadas de sangre reclamando oxigeno.

Es navidad, unas fechas , unos días que Tusquets afirma que nunca la han decepcionado y sigue esperándolas.

La vida absolutamente cotidiana salta de línea en línea y de página a página en este libro. La autora quiere que sepamos precisamente eso, ella y los hijos, ella y los hombres, ella y el recuerdo martilleante de su madre, ella y su psiquiatra, ella y el yoga, ella y sus amigos y Carmen, la mujer que hace el penoso trabajo de la limpieza, y sobre todo, Milena Busquets con Milena.

El sexo, la seducción , el deseo, los afectos, la espera de aquel que es deseado, la sensualidad, son sensaciones que la autora busca y encuentra. El otro, en forma de hombre no es para Milena una necesidad, es algo más, algo esencial que se torna imprescindible, es un orden, aunque si hay que dejarlo, se dejará, quedará la herida, el recuerdo y no en pocos casos el descuidado olvido.

Sin embargo, vemos como los hijos alcanzan de lleno el interés primigenio, ancestral e insondable que todo lo puede, ellos van a quedar siempre los primeros a quienes hay que salvar en la batalla por la vida.

El desorden doméstico y otras ausencias parecen venir de fábrica, las visitas al psiquiatra y las clases de yoga parecen ajustarse más a un reclamo de lo lineal, a algo primero y lo otro después, que a una necesidad real que salve la angustia.

Ama Barcelona pero está sobre todo seducida por la ciudad que fue, ella, su familia, sus amigos, el mundo que conoció en una ciudad que consideró faro lumínico, ahora la encuentra ajada, desordenada y sucia, ha cambiado, no es la misma aunque a veces caminando por ella sienta una cercanía y un deseo inmenso de abrazarla.

Milena sueña con otra ciudad, con Madrid a la que encuentra vigorosa, amplia y abierta.

El asunto de la pandemia le viene grande, ella que tanto necesita la cercanía, ver, oír y sobre todo, tocar para poder saber, se encuentra lejana de todo y de todos.

Milena imagina, ve una historia en cada situación que inspira la posibilidad de un relato, lo mira todo a la misma velocidad que lo piensa y desea que salga escrito.

La autora no puede ni quiere prescindir de maestros como Proust y Chéjov, ella los nombra en el libro y habla de ellos como padres del saber, del conocimiento, y como verdaderos autores que dan explicaciones luminosas sobre la vida y la forma y manera en que el ser humano vive, crece, se desarrolla y muere.

Proust y Chéjov, potentísimas inteligencias, capaces de desbrozar los caminos más complejos de la vida. Recurre a ellos constantemente y nos anima sin darnos una orden, a que también los acojamos en nuestros seno y en nuestra cabeza. Son para la escritora referencias inapelables y que se hace necesario leerlos. También decide señalar a La Rochefoucauld y a La Bruyère como genios.

La economía será un caballo de batalla al que Milena no quiere mirar a los ojos, huye, no quiere comprobar el estado de sus cuentas y esto solo es porque las teme. La autora admite dificultades económicas pero habla de ellas con una fina ironía, cuando nos dice que sólo los ricos pueden hablar de ruina sabiendo de lo que hablan.

Se sumerge en agua frías y ahora en aguas calientes, y con solvencia desenfadada, nos va explicando con las palabras justas los motivos que la llevan a recalar en una u otra playa.

Otras ocasiones hay, en que los asuntos toman carrerilla para ir hacia la equidistancia, a la duda, a lo de ni lo uno ni lo otro. Aparece también, cómo no, la calcomanía que tatúa los años vividos y por tanto, el desencanto y la machacona idea en la madurez de haber malgastado infructuosamente, quizá, los mejores años de la vida.

Señala la exigencia de la escritura para quienes escriben como profesión y aspiran a vivir de ella, muchas veces parece agotadora ya que para la autora, las letras son símbolos muy pequeños con exigencias enormes y continuas.

La forma y estructura del escrito, un diario que comienza el 6 de enero y acabará el 31 de diciembre, un año completo, es la que anima la aparente desconexión entre los diferentes asuntos tratados, tal y como aparece en esta reseña.

Nos deja , en general, una lectura animada y entretenida.
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