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Crítica de Paloma


Paloma
29 mayo 2018
“¿Sabía que los libros huelen a nuez moscada o alguna otra especie procedente de una tierra lejana? de niño, me encantaba olerlos. ¡Dios mío! En aquella época, había una serie de libros encantadores, antes de que los dejáramos desaparecer.”

Cuando reseño un libro que no me ha gustado, suelo decir que no soy una hater porque no critico por el hecho de hacerlo, o de mala fe. Sin embargo, he de reconocer que últimamente me parece más sencillo escribir reseñas sobre los libros que me han parecido malos que sobre los buenos. Cuando no he disfrutado una historia, desde antes de terminarla ya he preparado mentalmente los puntos por los cuales me parece mala y una serie de argumentos para sustentar mi opinión. Pero hoy me cuesta trabajo encontrar las palabras correctas para describir lo que me ha parecido esta novela breve del Sr. Bradbury.

Podría decir que me ha encantado y que es una pequeña joya.

Que ahora entiendo porque se ha ganado su lugar como un clásico contemporáneo y que no sé porque no lo leí antes.

Lo anterior es cierto pero es una descripción muy simple a todo lo que me ha provocado Fahrenheit 451. Quizá ante lo sublime uno simplemente se queda en silencio, asimilando, procesando el impacto que ha tenido la obra en uno mismo.

Lo que más me ha impactado de la novela es el hecho que a pesar de narrar un futuro aterrador –un mundo sin libros, y peor, un mundo donde la gente ya ni siquiera tiene el interés de leer y se contenta con placeres superfluos, existe, al final del camino, esperanza. Esto es que, si bien el hombre es capaz de destruir lo más preciado –libros, relaciones humanas, el pensamiento- también tiene la enorme capacidad de maravillarse, rebelarse y actuar. Bradbury presenta un mundo gris y monótono pero también uno en donde en el momento y lugar menos esperado, hay un resplandor, una prueba de vida interior.

La premisa del libro es muy bien conocida –en el mundo, la gente ya no lee y los bomberos se dedican a quemar los pocos volúmenes y ediciones de esas cosas tan extrañas conocidas como libros. La gente misma denuncia la existencia de éstos –nadie quiere contaminarse con su contenido, que hace pensar en cosas que le llevan a uno a la melancolía. ¿Y quién, en su sano juicio, quisiera deprimirse? Guy Montag es un bombero que cumple con su tarea sin mayores problemas. Hasta que un día conoce a una joven, Clarisse, quien comienza a hablarle de forma extraña –que disfruta el silencio, caminar por las calles, conversar; que cree que un diente de león puede decirle a uno si está enamorado. Entonces Montag comienza a cuestionar su profesión, su matrimonio con Mildred, y sobre qué esconden los libros y se da cuenta que está vacío: que no sabe por qué hace lo que hace, no comprende porque una mujer es capaz de morir quemada con su biblioteca, no conoce a la mujer con la cual ha estado casado 10 años; ni siquiera recuerda cómo la conoció.

Y así empieza su rebelión y su decisión por lograr algo distinto, por rescatar algo más que los libros: su humanidad, su capacidad de pensamiento y sentimiento. Porque los libros contienen eso y más, y considero que esa era la crítica que Bradbury quería hacer en ese contexto (y que continúa siendo muy válida): una sociedad aterrada por una amenaza exterior y que para hacerlo llevadero, elimina toda fuente de angustia pero también de cuestionamiento.

Como Faber –el hombre del que Montag va entendiendo cómo llegaron a esa situación:

“Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros.”

El mundo que construye Bradbury no está tan alejado de la sociedad que hoy tenemos (y hay miles de ejemplos de ello, los reality shows, el consumismo, etc.) si bien creo que, en los últimos años, sí ha existido una revalorización del libro y la lectura alrededor del mundo –la existencia de la comunidad de Goodreads me parece un ejemplo extraordinario y recuerdo que hace 5 años se dijo que el libro digital terminaría con el impreso, lo cual afortunadamente no ha sido el caso.

El tema es más bien que a nadie se le puede obligar a cómo entretenerse y en muchas ocasiones, es más sencillo elegir lo digerible, lo divertido. Tal como en la novela, hay un punto en que quizá el gobierno o el poder no necesitan desaparecer libros porque la gente tomó la decisión de no recurrir a ellos. No sé exactamente en qué punto se encuentran nuestras sociedades actuales al respecto porque considero que hay una comunidad grande que disfruta mucho leer pero faltan muchos más lectores para un mundo mejor.

Y en ese sentido, novelas comoFahrenheit 451 son fundamentales para promover el amor a los libros –no sólo porque plantean las consecuencias de su extinción sino también porque son un pequeño y hermoso homenaje al texto impreso.

Por otra parte, y a pesar que esta historia es una distopia, retratando una sociedad mecanizada, fría, considero que Bradbury construyó también un texto bellamente poético y reflexivo: ante el peligro y la pérdida, siempre tendremos la opción de elegir un camino distinto. Es decir: de vivir la vida, de manera íntegra, a través de los libros, conversando en el jardín de nuestra casa con un amigo o mirando un atardecer.

“Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así”.

Releo esta cita y pienso que Bradubury no escribió más que una oda a la vida.
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