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Crítica de Slawka


Slawka
03 agosto 2020
En “Las hijas de Lilith” Erica Bornay analiza la representación de la Femme Fatale a lo largo de la historia, tanto en el arte como en la literatura. El término y su definición se creó a finales del siglo XIX, pero la representación de la mujer fatal que usa su sexualidad para derrotar al hombre tiene una historia mucho más larga. Por eso en el título aparece Lilith: la primera mujer de Adán, una que era su igual y no creada de su costilla (simplificándolo mucho ya que Lilith aparece también en la mitología mesopotámica y su figura es mucho más compleja que esto).

El concepto Femme fatale surgió como respuesta a los cambios sociales, el nuevo papel de la mujer en el trabajo, en la vida púbica, el temor ante los movimientos feministas, el incremento de la prostitución y de las enfermedades venéreas y de las teorías filosóficas antifemininas muy populares en la época. La autora nos presenta todo esto, más las predecesoras de estás mujeres infames y sus representaciones especialmente en la pintura y en la literatura.

Hay unos capítulos más esperados, como el que habla sobre la doble moralidad de la época victoriana, pero también unos menos tratados cuando se habla del tema, por ejemplo “El culto a las niñas y púberes o el aprendizaje de la femme fatale”. Este segundo es el que más interesante me pareció, ya que por fin encontramos en un sitio (aunque sin muchos detalles) menciones de hombres como Edgar Allan Poe, John Ruskin o Charles Dodgson (Lewis Carroll). La autora menciona al periodista W.T. Stead quien en 1885 reveló la explotación de menores y la prostitución infantil y explica que la ley británica consideraba la edad de 12 años adecuada para que las niñas puedan empezar la vida sexual (normalmente con hombres mucho mayores). Pero este es solo uno de los aspectos en los que profundiza el libro, quizás el más morboso, enseñando sus reflejos en las obras de la cultura que, en muchos casos, seguimos admirando hoy en día. Las representaciones de las mujeres que aparecen en la Biblia, los personajes literarios o personajes históricos están descritos a la perfección, cada uno con varios ejemplos del mundo del arte.

En realidad este libro no es solo un ensayo sobre el arte, sino un tratado sobre la historia de la misoginia que retrata muy bien las razones de ciertos comportamientos en cada una de las épocas que menciona. La autora, Erika Bornay, es una conocida experta doctorada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona. La lectura no sé hace para nada pesada, no hay problemas de lenguaje demasiado académico. Si tuviera que criticar algo, sería la manera de incluir las citas en el texto: muchas de ellas (aunque no todas) aparecen en el idioma original, francés o ingles. La mayoría de los de inglés tienen su traducción en las notas (hay dos o tres que no), sin embargo las citas de francés, que superan en numero a todas en los demás idiomas juntos, en su mayoría no tienen la traducción. Imagino que las traducciones que aparecen en las notas o directamente en el texto son los que tienen su edición en el castellano y las que no, simplemente no estaban publicadas en España. Aún así creo que la traducción propia, aproximada, en las notas haría la lectura más amena para los lectores que, como yo, no manejan el francés. Quizás en el ambiente académico esto no era necesario pero al hacer la obra disponible para un público amplio, estaría bien facilitar su entendimiento también en este aspecto.

Dicho esto, el libro me encanto. Aún con las citas que no siempre fui capaz de entender, el mensaje de cada capítulo queda muy claro. Las reproducciones de las obras mencionadas hicieron posible verlo todo en el momento y la edición de Ediciones Cátedra, con el papel satinado, hizo que toda la lectura haya sido un verdadero placer.
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