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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
21 septiembre 2019
Hará cosa de cuatro años, la editorial Quaterni comenzó a publicar la serie protagonizada por el detective privado Kosuke Kindaichi y escrita por Seishi Yokomizo allá por los años 40. le tengo echado el ojo a estos libros casi desde entonces, pero por una cosa u otra lo he ido dejando hasta este verano, en el que he comenzado con ellos. Ahora me arrepiento de haber tardado tanto, pero supongo que se encuentra el momento para los libros cuando toca, sin más.

Este volumen está compuesto por tres historias que, sobre todo la primera y la que da título al libro, es más una novela corta que un relato. Aunque aquí aparecen juntos en un solo volumen yo diría que el segundo y el tercer relato fueron publicados varios años después del primero, porque mencionan en varias ocasiones el caso de Gokumon-to, que Yokomizo publicó al menos un año después de Asesinato en el Honjin (y que también está publicado por Quaterni... de hecho lo publicaron antes que este aunque el orden original fuera inverso). Cada relato viene antecedido tanto por un listado de personajes como por un mapa de la escena del crimen que se agradece mucho (sobre todo en la primera historia, que es más complicada de situar por los muchos elementos que intervienen).

El primero, que da título al libro, Asesinato en el Honjin, trata sobre el asesinato durante su noche de bodas de Kenzo y Katsuko, una pareja de recién casados. Ambos dormían en la casa de invitados de la mansión de la que era señor el novio, situada en una localidad de la prefectura de Okayama, y dadas las características del crimen y la situación en la que encuentran los cadáveres, enseguida sabemos que estamos ante el clásico asesinato en una habitación cerrada. Antes de la boda aparece un extraño en el lugar que tiene una enorme cicatriz en la cara y solo tres dedos en su mano derecha, y obviamente se convierte en el principal sospechoso, pero el tío de la novia no las tiene todas consigo y pide ayuda a su pupilo y protegido, Kosuke Kindaichi, joven detective que hace por tanto su primera aparición literaria en esta historia.

El segundo, El caso del Gato Negro, nos lleva a uno de los barrios considerados tolerantes (aka barrios donde se permitía la prostitución) de la periferia del centro de Tokio. El Gato Negro del título es un bar, y en su patio aparece enterrado el cadáver desnudo de una mujer con la cara destrozada. Junto a su tumba aparece otra, y en ella el gato negro degollado de los anteriores dueños. Si en Asesinato en el Honjin se nos plantea el clásico asesinato en una habitación cerrada a cal y canto, en este nos adentramos en otro de los recursos famosos de la época en cuanto a novelas de misterio: el desafío de un muerto sin cara y, por tanto, no identificable... que acaba transformándose, o derivando, en otro desafío distinto. Kosuke Kindaichi acaba involucrado en el caso otra vez de manera circunstancial al tener amistad con una de las personas interrogadas durante la investigación.

El tercer y último relato, ¿Por qué rechinó la polea del pozo?, nos traslada al distrito K en el año 1946, y tras ponernos en antecedentes sobre el enfrentamiento entre tres clanes de la zona (Honiden, Akizuki y Ono), pasa a una narración epistolar en la que la hija pequeña del clan Honiden, Tsuruyo, le cuenta a su hermano Shinkichi (que está internado en un sanatorio enfermo de tuberculosis) todo lo que ocurre día a día en su casa, una rutina que se rompe cuando el hermano mayor, Daisuke, vuelve a casa de la guerra ciego y sin parecer ni comportarse como lo hacía antes de partir. El terror y el miedo empieza a adueñarse de todos los miembros de la familia, porque todos sospechan lo mismo aunque no lo digan en voz alta... ¿ese hombre es realmente Daisuke? Kosuke Kindaichi no pinta aquí realmente nada salvo ser el que pone en manos del narrador/autor las cartas de Tsuruyo para que pueda contar lo que ocurrió en esta familia y como llegó el asesinato a sus vidas. Todo, tanto los sucesos como la resolución, está contado en esas cartas, y por tanto no hay investigación por parte del detective privado.

Kosuke Kindaichi es un personaje peculiar, diferente en buena medida a muchos de los detectives privados occidentales que estamos acostumbrados a leer. de treinta y tantos años, y muy descuidado en su aspecto, ofrece una apariencia algo ridícula y extravagante para quienes no conocen su capacidad intelectual y deductiva. Pelo alborotado (que él constamente alborota más si cabe con su mano a modo de tic), una sempiterna sonrisa en la boca y en la mirada, y una tartamudez que se acentúa en periodos de nerviosismo durante las investigaciones (y además le sienta muy mal que esa tartamudez se pegue a quienes están hablando con él). Aunque ya está de vuelta asentado en Japón, su formación académica se llevó a cabo en Estados Unidos, y por tanto ofrece un perfil bastante cosmopolita y abierto de mente. Kosuke es uno de los detectives más famosos de Japón, y no me extraña. Tiene carisma y cierto misterio que hacen una extraña combinación con el buen humor del que suele hacer gala la mayor parte del tiempo. Me ha encantado conocerle, ya soy muy fan xD.

Dejando aparte al personaje, debo hablar también del tipo de narración que escoge Seishi Yokomizo en estos relatos (e imagino que en toda la obra dedicada a este personaje). El autor, con su propia voz, es el que nos narra los casos siempre hablando de ellos como si fueran casos reales de los que ha tenido conocimiento; digamos que (supuestamente) él los noveliza gracias a los documentos oficiales (y no oficiales) que han llegado a su poder y que le permiten reconstruir la cronología de los hechos. Todo esto lo hace (y aquí es donde viene algo que quiero recalcar porque no lo esperaba antes de comenzar la lectura y me ha encantado) con un carácter metaliterario muy acusado, pues también da consistencia real al mismo detective Kosuke Kindaichi: habla de él como si fuera una persona de carne y hueso real y famosa en su época, de tal modo que incluso en el segundo relato ambos se conocen en persona (autor y personaje); esta amistad tiene como resultado que el autor Yokomizo se convierta en biógrafo oficial del detective Kindaichi, y de ese "supuesto acuerdo" es de donde se derivan estas historias en las que se nos narran sus andanzas (me explico mal, muy mal, pero vosotros sois muy listos y seguro que me entendéis xD).

Eso por un lado. Por el otro, Yokomizo hace alusiones constantes a otros maestros de la literatura policíaca, ya fuesen occidentales o compatriotas suyos, pero va un paso más allá. En un momento dado, durante una conversación entre el autor/narrador y su personaje/amigo en el prólogo del segundo caso, El caso del Gato Negro, Yokomizo ilustra al lector sobre los tres principales recursos que se empleaban en las novelas policíacas y de misterio de la época (la habitación cerrada, el impostor y el muerto sin rostro, de los que son buen ejemplo los relatos contenidos en este preciso volumen, tal y como explico arriba). Leer a un autor de clásico policíaco disertando sobre la propia literatura que escribe es una auténtica gozada para los que amamos el género y nos adentramos en él a la mínima oportunidad que se nos presenta, porque es una ventana abierta al modo en que los propios autores veían el género que trabajaban en una edad dorada en la que este se estaba asentando, madurando y creciendo a base de forzar los límites narrativos, el uso de los recursos y las tramas y la capacidad de desafiar constantemente la habilidad deductiva del lector.

Sé que la literatura oriental en general, y japonesa en particular, no es del gusto de todo el mundo, pero creo que aquellos que disfruten de los clásicos de detectives deberían darle una oportunidad porque estoy casi segura de que no se arrepentirán. Quizás yo no soy objetiva porque peco de lo contrario (me gusta mucho la literatura japonesa), pero no puedo más que recomendar a Seishi Yokomizo y, aunque confieso que me queda mucho por descubrir, lo que he leído hasta ahora en cuanto a clásicos policíacos japoneses lo he disfrutado muchísimo. Además, Yokomizo aporta un toque de originalidad a su narración y a la forma en que plantea los casos que no esperaba y que ha sido un brillante añadido al conjunto. Espero poder hacerme pronto con los libros que acompañan a este y seguir disfrutando con su lectura.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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