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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
17 December 2017
Hubo un tiempo en que se podía vivir en una naturaleza primigenia; el aire, la tierra, el agua, los bosques (continentes de una flora y fauna primitivas) eran puros, auténticos, en el sentido más amplio de la palabra. No habían sido manipulados, transformados, ni tan siquiera un poco moldeados.

Solo los grandes hombres y mujeres, o simplemente aquellos que estaban desesperados, eran los que se atrevían a aventurarse por esos lares; intentaban forjarse un destino a través de su esfuerzo y tesón, e intentaban transformar el terreno y adaptarlo a sus necesidades, proyectos y ambiciones.

Esta novela epistolar, además de contarnos la historia de estos hombres, nos relata la historia de una mujer, Elinore Pruitt Stewart, que abandonó un trabajo permanente de lavandera en Denver (seguramente mal pagado y en pésimas condiciones) por unos 160 acres de tierra en Wyoming, en el entonces primigenio Oeste norteamericano. Estos acres le fueron otorgados de acuerdo a una ley de 1862, que regulaba la colonización de las vastas tierras del Oeste de Estados Unidos (conocida como Homesteading Act).

Elinore nos enseña con sus vivencias que en esta vida todo es sumar. Gracias a esas cartas conoceremos sus experiencias y retazos de su biografía... pequeñas joyas que iremos ensartando hasta completar su historia. Todas la cartas que componen la novela están escritas por Elinore y van dirigidas a su antigua patrona, Juliet Coney, siendo estas epístolas el canal conductor de todos sus pensamientos, anhelos, frustraciones y experiencias, aderezadas siempre con ese sentido del humor tan peculiar que impregna cada página. Tal y como se va revelando ante nuestros ojos conforme avanza la lectura, esta obra está magistralmente estructurada y construida (la autora es una verdadera autodidacta, tanto en sus escritos como en todos los trabajos que realiza a lo largo de su vida), hasta el punto de que, tratándose de una novela epistolar, el lector llega a olvidarse de que está leyendo cartas, pues más bien parecen capítulos que van edificando el libro y dando forma a la vida de Elinore.

Tanto como las experiencias de nuestra protagonista y la forma de narrarlas, también es elemento principal la tierra donde se ambienta la historia, elemento integrador de cuanto se nos narra. Nos encontramos en una naturaleza majestuosa, auténtica y pura; Elinore es una mujer indomable y natural, fiel reflejo de esta tierra. En nuestra protagonista todo son virtudes, ya que sus defectos, a los que humildemente se refiere en sus cartas, son más bien virtudes que amplifica exponencialmente; si tengo que ser sincera, en la lectura de todas sus cartas no he encontrado ni tan siquiera un atisbo, de orgullo, rencor, mezquindad, falsedad... solo honestidad, autenticidad, solidaridad y esperanza. Su vida es una lucha diaria; por muy duro y agreste que sea su entorno, y a pesar de que las circunstancias le son adversas en muchas ocasiones, Elinore disfruta de todos los momentos del día y de la noche, de las personas que conforman su círculo (tan valiosas e imprescindibles), y de esa naturaleza que respeta y admira conforme se le va manifestando y a la que nunca se cansa de admirar.

La primera carta, fechada el 18 de abril de 1909, narra los inicios de su nueva vida cuando llega al Oeste acompañada de su hija pequeña, Jerrine. Y a partir de ahí, somos testigos de la construcción de un proyecto de vida con no pocas experiencias, fracasos y triunfos que Elinore va desvelando en sus epístolas. Conforme avanzamos en la lectura, también nos vamos involucrando sin remedio en las vidas de aquellos que tuvieron la suerte de compartir sus vivencias con nuestra autora; así, conoceremos a Stewart (su nuevo patrón), al entrañable Zebulón Pike Paker, a las antagónicas Sedalia y Regalia, Gavotte, las magníficas señoras Loureder y O'Shaughnessy, Cora Bell y sus abuelos, Molly, Hikum, Bishey Bennet y tantos otros... Todos ellos con sus historias únicas y maravillosas que bien podrían inspirar grandes novelas, como grande es el paisaje que a veces los envuelve y otras los sacude para extraer lo mejor de todos ellos.

Todo lo que le pido a un libro lo he encontrado con la lectura de Cartas de una Pionera. Con su estilo sencillo, ameno y ágil, me ha hecho sonreír y emocionarme. Cada carta significa una nueva y refrescante experiencia para el lector... experiencias que sin duda se podrán seguir disfrutando con su siguiente libro, Cartas de una cazadora, novela que tengo el firme propósito de leer.

En definitiva, Elinore me ha cautivado, así como su visión de la vida y de las cosas. Si a todo esto sumamos su positivismo, pragmatismo, autenticidad y honestidad, el resultado que obtenemos es una mujer única, adelantada a su tiempo, a la que he tenido el privilegio y el placer de conocer a través de sus propias palabras.

Para terminar, no puedo dejar de comentar la edición de Hoja de Lata. Es maravillosa por su singularidad y se hace visible su estilo personal (distinguible de las demás editoriales). Me encanta la cubierta de Cartas de una Pionera, con la mujer y la niña mirando hacia el sol y las montañas nevadas como telón de fondo; es un libro bonito por fuera y por dentro, como es habitual en su línea editorial.
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