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Crítica de Zairamec


Zairamec
01 abril 2021

«Quien muere de hambre es víctima de un asesinato». Jean Ziegler

El universo de esta historia es Chocó; Irra, una de las estrellas, un adolescente que vino al mundo, y antes de que el llanto explotara en él como aliento de vida, el hambre se le pegó al ombligo como un cordón umbilical.

Irra nació con el hambre acumulada de su pueblo, de su familia; hambre no solo de alimento, si no también, de reconocimiento. Hambre de ser visto, de que por un momento, aunque sea por unos segundos, los ojos de todo un país se posaran en ellos.

Hambre de conocimiento, de ciencia y de letras, de acceso a una educación que les diera opciones y les garantizara la posibilidad de elegir; hambre de un cuaderno, de un lápiz, de un libro, de un espacio, donde su imaginación volara para poder narrar historias, pero también hambre por los números y por las cuentas que algún día transformarán esos pesos, en miles y en millones.

Hambre por agua potable y por un acueducto, por la posibilidad de tomar de este elixir de vida, sin que con ella vengan parásitos invasores que les arrebaten los pocos nutrientes que logran asimilar cuando, la ventura y el buen corazón, les proveen un poco de pan. Hambre por no tener que soportar los hedores propios y ajenos y poder disfrutar solo del agradable olor de las flores, del río, de los árboles.

Hambre por poner sobre su cuerpo adecuados vestidos que los protejan del frío que entumece, pero a la vez, también, del sol que los quema.

Hambre por aquella cualidad que en los países latinoamericanos, incluida Colombia, es un privilegio de pocos y un beneficio al cual solo tienen derecho los miembros de ciertos niveles de la sociedad, sí, las estrellas del libro, incluido Irra, tienen hambre de dignidad.

Libros como este nos permiten acercarnos a una realidad que para muchos de nosotros es desconocida, porque no nos afecta, porque no nos limita y aunque suene cruel y horroroso, porque a la mayoría no nos importa, hasta que un día esa realidad golpea nuestra puerta y se nos convierte en una necesidad, solo ahí nos empieza a parecer importante, cobrando relevancia lo que dijo alguna Vez Arturo Pérez-Reverte «No hay como el hambre, ¿Verdad? Para cambiar los puntos de vista».

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