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Crítica de laurass89


laurass89
24 noviembre 2018
¿QUIÉN ERES TÚ? ¿QUÉ SOY YO? LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD DE URSULA K. LE GUIN

Con unas palabras simples, aisladas, pero grandiosas y complejas en su contexto, comienza la novela de ciencia ficción La mano izquierda de la oscuridad de la autora estadounidense Ursula K. le Guin, quizá mi novela de CF favorita. Sin embargo, puede que su nombre nos suene más por otras novelas englobadas en su serie fantástica de Terramar. Por desgracia, la poca fama que tuvo el género de la ciencia ficción frente al fantástico (Terramar) ha hecho que no se preste tanta atención entre el púbico a una de las mejores novelas de nuestro tiempo. Así, de hecho, ha sido contemplada entre de los expertos en el género y recompensada con un gran número de premios.

Lo que me propongo ahora es mostrarla –en un momento donde los prejuicios contra la ciencia ficción están en desuso, aunque no hayan desaparecido– tal cual y sin adscripciones ideológicas. En una sociedad que anda en pañales con la cuestión del respeto y la adscripción genérica, e incluso diría más, que anda en pañales en cuanto a la oposición masculino-femenino, mujer-hombre, este libro, creo que aún puede levantar ampollas porque estas etiquetas llevan implicaciones políticas. Os comento, no es de ayer... se escribió en 1969.

Y como andamos en pañales y señalamos con un dedo inquisidor lo extraño, no vemos el árbol en el bosque. Las especulaciones de esta estupenda escritora son maravillosas, pero no dejan de ser especulaciones de cómo habría de ser una sociedad donde el género no sea determinante. Su propuesta política es que sería determinante algo más peligroso, bajo mi punto de vista, el prestigio. Por ello no quiero centrarme en el aspecto político, sino en lo que sí podemos aplicar ahora mismo y que creo que es urgente aplicar. La novela nuestra algo tan insólito como desconocido: ellos, vosotros, nosotros.

Buscando la enseñanza

Ai, un hombre de Terra (terrano) viaja hasta Gueden, en terrano Invierno, para anexar el planeta a la confederación intergaláctica del Ecumen, parecido a nuestra Unión Europea. En dicho planeta habitan los «guedenianos», humanoides andróginos y cuyo sexo biológico está determinado una vez cada tres semanas por el contexto hormonal en el que se encuentren en ese momento. Esto que podría parecernos que reside en la esfera de lo privado, sin embargo, se convierte en dominio público, quizá debido a la periodicidad de estos cambios, ya que el estado atiende a ellos como un elemento más de la sociedad guedeniana. Todo está configurado en torno a las fases de kémmer (¿‘sexualidad', ‘apetencia sexual'...?): desde la monarquía, que contempla que su rey pueda quedarse embarazado y lo que ello conlleva, hasta el mundo laboral, ya que se han de dar días libres y el estado estará comprometido a garantizar la satisfacción del kémmer de cada ciudadano. de este modo podemos ver que la novela nos ofrece un estupendo escenario donde se nos permite contemplar otra manera de relacionarnos. Otro sistema del que tendremos que aprender para comprendernos a nosotros mismos.

¿Por qué a nosotros mismos? ¿Cómo entidad colectiva? He leído el libros varis veces y mi evolución personal ha ido cambiado en cuanto a su comprensión. En unas primeras lecturas Cuando vez me pareció interesante fabular con ese estado político sin etiquetas.


Publicado por Laura Santiago Sánchez noviembre 23, 2018
¿QUIÉN ERES TÚ? ¿QUÉ SOY YO? LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD DE URSULA K. LE GUIN


Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación. […] sin embargo, no hay tampoco en estas páginas ninguna falsedad y todo es parte del relato.

Con estas palabras, tan simples, aisladas, pero grandiosas y complejas en su contexto, comienza la novela de ciencia ficción La mano izquierda de la oscuridad de la autora estadounidense Ursula K. le Guin, quizá mi novela de CF favorita. Sin embargo, puede que su nombre nos suene más por otras novelas englobadas en su serie fantástica de Terramar. Por desgracia, la poca fama que tuvo el género de la ciencia ficción frente al fantástico (Terramar) ha hecho que no se preste tanta atención entre el púbico a una de las mejores novelas de nuestro tiempo. Así, de hecho, ha sido contemplada entre de los expertos en el género y recompensada con un gran número de premios.

Lo que me propongo ahora es mostrarla –en un momento donde los prejuicios contra la ciencia ficción están en desuso, aunque no hayan desaparecido– tal cual y sin adscripciones ideológicas. En una sociedad que anda en pañales con la cuestión del respeto y la adscripción genérica, e incluso diría más, que anda en pañales en cuanto a la oposición masculino-femenino, mujer-hombre, este libro, creo que aún puede levantar ampollas porque estas etiquetas llevan implicaciones políticas. Os comento, no es de ayer... se escribió en 1969.

Y como andamos en pañales y señalamos con un dedo inquisidor lo extraño, no vemos el árbol en el bosque. Las especulaciones de esta estupenda escritora son maravillosas, pero no dejan de ser especulaciones de cómo habría de ser una sociedad donde el género no sea determinante. Su propuesta política es que sería determinante algo más peligroso, bajo mi punto de vista, el prestigio. Por ello no quiero centrarme en el aspecto político, sino en lo que sí podemos aplicar ahora mismo y que creo que es urgente aplicar. La novela nuestra algo tan insólito como desconocido: ellos, vosotros, nosotros.

Buscando la enseñanza

Ai, un hombre de Terra (terrano) viaja hasta Gueden, en terrano Invierno, para anexar el planeta a la confederación intergaláctica del Ecumen, parecido a nuestra Unión Europea. En dicho planeta habitan los «guedenianos», humanoides andróginos y cuyo sexo biológico está determinado una vez cada tres semanas por el contexto hormonal en el que se encuentren en ese momento. Esto que podría parecernos que reside en la esfera de lo privado, sin embargo, se convierte en dominio público, quizá debido a la periodicidad de estos cambios, ya que el estado atiende a ellos como un elemento más de la sociedad guedeniana. Todo está configurado en torno a las fases de kémmer (¿‘sexualidad', ‘apetencia sexual'...?): desde la monarquía, que contempla que su rey pueda quedarse embarazado y lo que ello conlleva, hasta el mundo laboral, ya que se han de dar días libres y el estado estará comprometido a garantizar la satisfacción del kémmer de cada ciudadano. de este modo podemos ver que la novela nos ofrece un estupendo escenario donde se nos permite contemplar otra manera de relacionarnos. Otro sistema del que tendremos que aprender para comprendernos a nosotros mismos.
¿Por qué a nosotros mismos? ¿Cómo entidad colectiva? He leído el libros varis veces y mi evolución personal ha ido cambiado en cuanto a su comprensión. En unas primeras lecturas Cuando vez me pareció interesante fabular con ese estado político sin etiquetas donde:

En Invierno no existen. Uno es respetado y juzgado solo como ser humano. La experiencia es asombrosa
Pero después de leerlo unas cuantas veces más decidí mirarlo desde otro punto de vista ¿Y si hay que empezar la pirámide por abajo? ¿Y si es la práctica y no la teoría la que podría llevarnos a ese estado? Así que decidí que si tenía que destacar algo eran las conclusiones a las que había llegado en todas las lecturas.

Incapacidad en la otredad

Y empecé el planteamiento. Si los guedenianos no tenían definido el sexo la mayor parte del tiempo, el trato sería algo neutro, es decir, no habría nada biológico que inclinara a un guedeniano a hablar o no con otro, no habría ningún tabú frente a un otro diferente... Entonces, ¿cómo se veían entre ellos? La respuesta era sencilla: como guedenianos. La traducción a nuestro mundo es sencilla también, aunque abre una cuestión harto compleja, se veían como seres humanos morfológicamente iguales, se trataban como humanos. Pero, ¿qué es un ser humano?

Esto, en mi opinión, es lo que explora la novela por dos medios: por un lado, tendremos la concepción del terrano Ai, con el que el lector se sentirá identificado, que tiene un primer problema básico, su primer descubrimiento es el de la incapacidad de nombrar a los guedenianos tal cual eran.

El lenguaje queda así anulado, puesto que las fórmulas ‘él' o ‘ella', y lo que conllevan en cuanto a nuestras ideas sobre cómo comportarnos, no se adecúan a la realidad que está viviendo Ai. Por tanto, la capacidad de análisis social de Ai queda mermada, sus informes no son capaces de transmitir las relaciones de poder y cuando lo intenta, sin querer habla de actitudes femeninas o masculinas. Él se siente completamente diferente a ellos, pero sin embargo, lo tratan como a un igual, siendo de hecho diferente, lo que provoca a su vez su rechazo.

Por otro lado, tendremos la visión de «el otro», lo ajeno, representada por el personaje de Estraven. Guedeniano, perteneciente a la clase política y desterrado por su apoyo a Ai, aunque siempre están soterradas las cuestiones del prestigio, no entiende cuál es la diferencia entre él y el terrano. Atender a las particularidades de Ai, fuera de su sistema de prestigio, es algo de lo que no es capaz y la comunicación gestual y social (no la verbal) queda anulada en su caso. Sin embargo, al contrario que Ai, él no queda aislado sino que es el que aísla, algo inusual en Gueden donde hay uniformidad tanto física como social. Y esto precisamente es lo que hace que sienta curiosidad por el terrano.

Toda comunicación basada en la convención, en un principio, quedaría destruida y la relación entre ambos debe establecerse en otro plano. Con esta dificultad lo que se consigue es romper el término de normalidad, puesto que Ai querrá ser como los guedenianos para no sentirse aislado, es decir, ser «normal», concepto que estaría enfrentado con su propia noción terrana (y la del lector) de normalidad. Por su parte, Estraven busca la diferencia para poder comprender a Ai, cuando es algo inconcebible en la mentalidad guedeniana, donde prima, como hemos dicho, la uniformidad.
De este modo, se rompen en la novela las dos convenciones sociales más fuertes de una sociedad: el lenguaje y la homogeneidad. Es decir, nos quitamos los revestimientos que nos hacen ser un ser social para quedarnos, en un sentido figurado, en la infancia de las relaciones entre los hombres. Observamos y nos dirigimos a la primera categoría que se nos puede adscribir: lo humano, el ser, sin ninguna otra carga más que lo individual.

Lo humano, el otro, el yo

En ella, es donde llegamos a la única característica que obtenemos con certeza sobre la concepción de lo «humano». Ambos personajes, diferentes e iguales, descubren, no al mismo tiempo, que hay una cosa que tienen en común por encima de toda enseñanza o convención La única verdad es que moriremos. Ambos recorren caminos paralelos que en algunos momentos se entrecruzan, llegando, Estraven en primer lugar y finalmente Ai, a conocer cuál es el verdadero significado de la palabra humano. le Guin no hace un libro de autoayuda, no resuelve las cuestiones, solo las plantea para que nosotros pensemos, para que lleguemos a la verdad reconociendo nuestra propia ignorancia.

Enlace: http://ellibroenelbolsillo.b..
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