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Crítica de lector_salteado


lector_salteado
22 enero 2019
Es habitual encontrar en las novelas de buena calidad un elemento en común con la poesía: el pasaje de lo ordinario a lo extraordinario. Ese deslizamiento funciona como una iluminación. Se trata de una conmoción estética o intelectual por la que irrumpe una toma de conciencia que habilita nuevos significados. Lo que creíamos entender, lo que parecía tener un sentido obvio, sencillo, se vuelve súbitamente tembloroso, abierto, complejo. La filosofía de la Grecia Clásica se caracteriza por ese mismo atributo: el asombro. Sin embargo, más allá de lo saludable que pueda parecer este salto benigno, pueden también surgir graves peligros, tal como lo advierte Herbert Clyde Lewis en El Caballero Que Calló al Mar. Henry Preston Standish, el protagonista, es un acartonado hombre de negocios, exitoso, feliz, normal, muy normal. En un lapso de pocas semanas, sin embargo, lo obvio de la vida cotidiana, lo conocido, lo aburrido, se vuelve ajeno, sombrío, el mundo de Standish sufre un terremoto existencial. Este trauma desconcierta al conformista Standish, yanqui, corredor de bolsa, padre de familia, con esposa ejemplar y dos hijos de poca edad en perfecto crecimiento. Pareciera que esa fábrica de salchichas que es el capitalismo tardío del siglo XX se rompió de golpe. Justo cuando el salchicha-Standish estaba en fase de empaquetado, de consolidación como producto de la sociedad moderna, la máquina se detuvo. Se rompió el domo totalitario del significado obvio porque la condición humana parece hacer reclamos incompatibles. Standish parece enfermo. Necesita viajar. Y viaja. El destino es cualquier destino. Sólo importa escapar, respirar aire fresco. Se sube a un barco. Tiene tiempo de descansar, de pensar. Sin embargo, accidentalmente cae al agua. Para no incurrir en un antipático spoiler me limito a comentar sólo ese episodio que el mismo título de la novela adelanta. Opino que esta novela propone una inteligente reflexión sobre los efectos del asombro filosófico, de las iluminaciones que, en definitiva, son un reclamo que viene desde muy adentro de la condición humana. Pareciera que el hombre-engranaje que presenta Chaplin en Modern Times, luego de mucho tiempo en perfecto funcionamiento, tomara conciencia de ser un engranaje. Y se rompe el engranaje. Este curioso evento puede resultar bueno pero también puede ser malo. Platón, por ejemplo, expulsa a los poetas de la República. Pareciera que según algunas opiniones, hay que clausurar el domo, promover la alienación de los hombres-engranaje, no permitir que Standish se percate de ser una salchicha. En síntesis, la condición humana que reclama humanidad para los humanos es vista con optimismo por algunos, con pesimismo por otros. En esta novela, H. C. Lewis sugiere un posible desenlace para esta disyunción excluyente. Hay que leerla. El problema que plantea es si conviene la felicidad de la ignorancia o el dolor de la lucidez. Una marioneta contenta o un caballero que cayó al mar y despertó. La condición humana hace reclamos, la sociedad responde. Creo que se trata de una novela alegórica, al menos pareciera ser esa una lectura posible. Standish cree que un caballero bien educado, de buena familia, exitoso y amable no puede caerse al mar por algo tan trivial como una mancha de aceite en la cubierta del barco. Ese Standish imaginario, ideal, marioneta, que la persona de Standish ha forjado durante tanto tiempo -toda su vida-se quiebra sólo en las últimas páginas del libro. La visión de Lewis sobre la condición humana es tan lúcida como implacable.
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