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Crítica de AlhanaRhiverCross


AlhanaRhiverCross
10 September 2021
Tengo que empezar reconociendo que esta historia me entró por los ojos con esa portada tan de neón estridente, los rosas chillones y el título tan curioso. A su favor también tenía que tengo muy presente a Lucía G. Sobrado por redes sociales y que además ya había probado anteriormente su pluma con "Eslabón". Supongo que lo único que puedo decir para ser justa es que la historia en aquella ocasión no me impactó tanto como yo me esperaba y aunque tenía claro que seguiría leyendo a la autora, no fue un libro que se quedó en mi corazoncito, no sé si me explico. de todas formas, aquí vuelvo a la carga repitiendo con ella y cayendo, ahora sí, a sus pies. "Somos píxeles" ha roto mis esquemas porque pensaba que se trataba de una novela ligera sobre el mundo de los videojuegos, chicas gamers y un romance cuqui (que también es todo esto), pero resulta que me he encontrado una trama mucho menos superficial de lo que a mí me parecía.

Como protagonista, la autora nos presenta a Myriam, que aunque no narra en primera persona, es a ella a quien seguimos sin perderla de vista ni un momento. Pese a la tercera persona del narrador, conocemos de primera mano todo lo que piensa (y también el subtexto de lo que no se atreve a pensar o decir). La habilidad de la autora ha logrado que la conozcamos casi mejor que a sí misma, porque sabemos perfectamente por lo que esté pasando (porque estas situaciones siempre se ven mejor desde fuera que viviéndolas, que nos volvemos avestruces enterrando la cabeza). A su alrededor tiene varios personajes con una función muy clara y relevante: Mario, su novio; Kinan, su amiga virtual; y en un segundo plano más apartados, su propia familia (su madre y su hermano) y su grupo de amigos virtuales. A Myriam le apasionan los videojuegos de rol y ha conseguido formar su propia pandilla, su equipo desde hace años, con los que queda para jugar online y desconectar un rato de la realidad estrechando lazos con personas que viven a kilómetros de ella. Sin embargo, un hackeo acaba con Atron, su videojuego favorito, de forma fulminante, perdiendo todo contacto con sus compañeros de partida, y transcurren varios años hasta que Myriam puede retomar el juego y también su avatar, Dhria. Mientras tanto, muchas cosas han cambiado, como que ella ha empezado una relación con Mario, su madre tiene problemas económicos y su hermano está retrasando todo lo posible irse a vivir con su novio por ayudarlas a salir adelante. La pequeña alegría que le da volver a Atron y reencontrarse con Kinan como si el tiempo no hubiera pasado la ayuda a romper la rutina monótona en la que se ha instalado con Mario.

Hasta aquí podríamos decir que sería la premisa de la novela, en la que apenas podemos ver el contexto en el que se va a desarrollar lo verdaderamente importante: las relaciones. Este es un libro de relaciones, más que de personajes, como se suele decir. Hay dos relaciones clave en las que el nexo común es obviamente Myriam y, no, no es un triángulo amoroso (thank God….). Por una parte, tenemos a Myriam y su novio Mario, a todas luces una relación toxiquísima, rayando (y sin rayar) el maltrato psicológico. Es angustioso ver cómo lentamente pero hacia delante Myriam va dándose cuenta de todo el daño emocional que le está causando tener a una persona como Mario en su vida. El problema es el amor (¿amor?) que sienten el uno por el otro, que son muchos años, que Myriam no tiene a nadie más con quién relacionarse porque se ha ido aislando… ¿No tiene a nadie más? Aquí aparece de nuevo Kinan, a quien por fin va a poder poner cara y nombre real, sin pantalla de por medio, después de que su amiga virtual le proponga conocerse en la vida real. Kinan ha sido probablemente mi personaje preferido con diferencia, con su forma desenfadada de vivirlo todo, su carácter directo y su sencillez a la hora de ayudar a Myriam de la manera en que ella quiera y hasta donde ella quiera. A partir de ese momento la perspectiva con la que Myriam empieza a ver su forma de relacionarse da un giro de 180 grados y comienza a ver la cruda realidad en la que la ha metido Mario, la anulación a la que la ha sometido progresivamente, los desprecios, el asilamiento…

Myriam me ha parecido una protagonista adorable, realista y humana, con sus defectos, con sus errores, completamente fácil de empatizar con todo lo que siente, piensa o le ocurre. También he disfrutado muchísimo de los secundarios y, sin ánimo de hacer spoiler, sí, como me esperaba, el romance principal es de lo más cuqui y a la vez explosivo, porque la química es innegable y ha sido uno de los aspectos que más adictivo me ha resultado. Así que sobra decir que me han encantado los personajes, incluido Mario, porque cada uno cumple su rol a la perfección y ayudan al lector a identificar las conductas sanas y separarlas de las tóxicas incluso cuando los propios personajes no lo dicen en voz alta. Simplemente asistimos como espectadores a una serie de situaciones muy bien reflejadas por la autora que nos mantienen atrapados en el libro y con el corazón en un puño ante cualquier pico de tensión, cualquier aparente calma y cualquier posible explosión de emociones. Creo que es una de las mejores cosas que tiene esta novela, que va equilibrando ese tensiómetro de forma que no siempre estemos angustiados ni demasiado relajados. Además, para que la trama sea más distendida, el mundillo gamer está continuamente presente y va salpicando diversos momentos de la historia, como parte importante en la vida de la protagonista, cuando además se acerca uno de los campeonatos más importantes al que deciden apuntarse como equipo los compañeros de Myriam (y no he podido evitar acordarme de Ready Player One en ciertas escenas, salvando las distancias).

Por lo demás, resalto de nuevo lo mucho que me gusta el estilo de Lucía G. Sobrado y reconozco que me gusta mucho más cómo se mueve en este género, quizás porque importa menos la trama y más la profundidad de los personajes (podría ser porque en fantasía o ciencia ficción estoy más atenta al entretenimiento y menos a las emociones,). Se atreve a romper con muchos de los estereotipos que rodean a los gamers, y en concreto a las chicas jugadores, y también trata con naturalidad la diversidad en las relaciones, libre de cualquier prejuicio. Además, ha sido genialísimo ese repaso que hace la autora de la cultura pop de las últimas décadas, tanto musical como de otros ámbitos (la misma relación principal es una clara alusión a Sk8er boi de Avril Lavigne, porque Myriam practica ballet y Kinan es una punkarra de manual), hay muchísimas referencias frikis y se respira punk por todas partes. Se me ha hecho muy corta, he podido leer rapidísimo y me ha costado soltar el libro cada vez que tocaba, así que eso para mí siempre es muy buena señal.

Dicho todo lo anterior, me he encontrado una historia que me ha fascinado tanto en lo bueno como en lo malo, aunque haya partes que quizás me hayan removido menos emociones y se me hayan hechos más “aburridas” (pese a que soy gamer habitual, no me entretiene apenas leer sobre ello, no me preguntéis por qué), por lo general ha sido un torrente de sentimientos provocados, así que Lucía G. Sobrado se convierte en una autora clave a la que seguir muy de cerca. Ha merecido la pena haberme lanzado de nuevo con esta autora y meterla definitivamente en mi lista de referencia porque me ha dado una de las mejores historias que podido leer este año, de esas que sí que se quedarán conmigo durante mucho tiempo y de esas que recordaré con mucho cariño por todo lo que me ha hecho sentir.
Enlace: https://enmitiempolibro.blog..
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