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Crítica de Beatriz_Villarino


Beatriz_Villarino
30 julio 2019
Mientras que en algunos lugares, de forma vergonzosa y ultrajante, los políticos cambian el concepto de violencia de género, que en realidad es de sexo, por violencia intrafamiliar, Michael Connelly denuncia las violaciones sexuales, que nada tienen que ver con las familias de las acosadas, violadas o asesinadas todos los días. Pues sí, cuando algunos dan pasos hacia atrás en la concepción de la igualdad y los derechos de la mujer, este norteamericano nos hace pensar, con una novela negra, en el sufrimiento psíquico y físico que arrastran estas mujeres durante años. Si alguien piensa que, efectivamente es violencia intrafamiliar y está leyendo esta crítica, debería recapacitar. Durante años se ha luchado por una sociedad justa en la que el sexo no sea causa de desigualdad sociolaboral. No tienen nada que ver los ancianos, también las mujeres ancianas entran en los derechos de la mujer. No tienen nada que ver los niños, ellos son quienes tienen prioridad de amparo en todos los sentidos. Tiene que ver el que una persona pueda circular libremente sin miedo a que abusen de ella, sin tener que soportar expresiones paternalistas porque es más débil. ¿Qué será lo siguiente? ¿Quitar los derechos del niño que tantos años costó instaurar porque todos, adultos y ancianos también deben ser educados y deben contar con asistencia médica y alimentación diaria? Dan ganas de reír, o llorar, que es lo peor.

Bueno, pues ya me he desahogado tras conocer las últimas decisiones —aberraciones— políticas. Me centraré en El lado oscuro del adiós, novela negra, fabulosa, entretenida, en la que el detective, antes policía, Hyeramus Bosch, es capaz de solucionar dos casos al mismo tiempo y, a pesar de las reticencias mostradas por el capitán de la unidad, hacerse imprescindible hasta conseguir que el propio capitán lo vuelva a apartar de la reserva activa para ofrecerle un trabajo temporal, cobrando, a tiempo completo. Y es que, al igual que los viejos rockeros nunca mueren, las habilidades de un buen detective van mejorando con el paso de los años. Harry Bosch es el investigador ideal, inteligente, sagaz, leal a sus compañeros, trabajador incansable, duro con los agresores o infractores de la ley, rebelde con las normas impuestas sólo para cubrir el expediente, sensible con las víctimas, tolerante… Puede que vaya cumpliendo años y haya de pasar a la reserva, pero seguirá siendo un héroe, lógicamente de ficción, capaz de conseguir que leamos más de cuatrocientas páginas casi de un tirón porque nos sentimos identificados con él, con lo que piensa, porque desearíamos saber decir lo mismo que él para reclamar justicia, porque, llegado el caso, si nos encontrásemos en una situación de abuso, querríamos que se ocupase del proceso.

No quiero hacer ningún spoiler pero El lado oscuro del adiós no es una novela oscura, es una novela negra en la que el detective, ayudado al final por sus compañeros de la policía y por su hermanastro, el abogado Michael Haller consiguen impartir justicia en un caso en el que no deben investigar ningún asesinato, prácticamente tampoco hay ninguno que interfiera en el proceso. Los protagonistas son buenas personas, incluso el capitán Treviño, bastante reacio a tener a Bosch en la unidad, probablemente porque se siente desplazado ante la fama del jubilado, es quien sugiere a los altos cargos que ocupe el lugar de una compañera. A pesar de lo que le gusta la proposición, Harry va al hospital para que ella dé su conformidad antes de aceptar, «necesitaba hablar con Bella Lourdes y asegurarle que no le estaba quitando su trabajo sino guardándoselo hasta que volviera». No sólo el asunto se resuelve favorablemente para Bosch y Bella «Tu bala le partió la médula. Es un violador y ya no podrá volver a hacerle eso a nadie»; también el hermanastro de Harry sale beneficiado «Soy asesor legal de la Fruit Box Foundation». La novela podría ser llevada al cine; de hecho está escrita de manera que los diálogos y la acción cobran casi toda la importancia.

—¿Puedo preguntar algo? —dijo Lewis— ¿Quién quiere saber si Nick dejó un heredero?
—Puede preguntar, señor Lewis, pero es la única pregunta que no puedo responderle.
—Nick no tenía nada, y su familia, muy poco. Tiene que ver con su adopción, ¿no?
Bosch se quedó en silencio, Lewis lo había pillado
[…]
—Gracias, señor Lewis, le agradezco mucho su ayuda.
Bosch colgó y decidió continuar a San Fernando…

El lenguaje utilizado por los malvados es zafio, plagado de tacos, perfectamente caracterizador de aquellos que, o bien no tienen razones para defenderse, o bien se sienten culpables y es su manera de “hacer daño”: «¿Qué coño es esto?» «¿Qué es esto capullos?» «¿Cuatro contra uno? A la mierda» «A ver si entienden cómo la han cagado».

Y, si todo esto no es suficiente para una cinta de cine negro, el final es propio de película, en la que incluso se escapa alguna lágrima. Me quedo con las ganas pero no diré de qué se trata, no diré nada que desvele lo importante, sólo que «era la primera vez que la veía sonreír. Pero era una sonrisa de soslayo que sabía que había visto antes».

No me extraña que Michael Connelly sea uno de los escritores con más éxito del mundo; con un estilo sobrio consigue una narración ágil a pesar de estar plagada de datos, lo que nos sirve, por otro lado, para ir uniendo referentes y enterarnos a la perfección de los pasos que da el investigador. Bosch es contratado por Vance para legar su fortuna a un posible heredero; siendo muy joven dejó a Vibiana embarazada cuando ella tenía 16 años y permitió que su padre los separara, pues ella era mexicana y temían que fuese tras la fortuna: «yo era demasiado cobarde para encontrarla». al mismo tiempo, el detective trabaja en la comisaría, en el caso del violador en serie El Enmascarado.

El autor logra escribir, de manera rápida, haciendo uso de todos los recursos a su alcance como la ironía, la obviedad «Llevaba la cabeza afeitada solo para poder completar el aspecto de tipo duro», o la hipérbole humorística, «Sabía por experiencia que esperar un ascensor en ese edificio podía quitarle las ganas de vivir». Todo conforma una serie de imágenes que van sucediendo ante nosotros para mantenernos en vilo; incluso los finales de capítulo nos dejan con ganas de seguir leyendo «Tuvo a su hijo —susurró— y se lo quitaron».

La novela de Connelly, atrapa todas las características de la novela negra; cuando tenemos la impresión de que el caso se cierra «Eso significa que Santanello había muerto a una edad entre los dieciséis y los veinte», aparece otra pista que lleva al detective a seguir investigando.

Además encontramos un retrato de la sociedad actual: el problema de la falta de atención y razonamiento en unos habitantes acostumbrados a que todo les pase en forma de imágenes por la televisión, y a creérselo por no saber pensar «Todos los juicios que se ven en la caja tonta duran una hora. Los jurados se impacientan en los casos reales.», el problema de los inmigrantes «Los políticos podían hablar de construir muros y cambiar leyes para que no entrara gente, pero al final eran meros símbolos […] Nada podía contener la marea de esperanza y deseo», el problema de la violencia de género «Bosch se dio cuenta de que la víctima había vivido con las consecuencias psicológicas y tal vez incluso físicas del horrible asalto durante todo ese tiempo sin poder siquiera aferrarse a la esperanza de que un día la justicia se impondría», el problema de la guerra «Cuatro hombres pasan la formación básica […] y sólo uno vuelve vivo a casa». El problema de la xenofobia, incluso la mezcla racial es el punto de unión entre los dos casos que lleva Bosch, lo que hace de la novela una narración especialmente sensible y comprometida «Que una navaja robada aquí […] termine en manos de un hombre blanco enmascarado que persigue latinas en San Fernando».

Y tras esta crítica, el autor, sin moralinas, eleva a justicia poética lo que podría ser realidad «La idea de que […] pudiera sobrevivir y pasar el resto de su vida en una silla de ruedas no le suscitaba ninguna compasión».

Pues sí, lo confirmo, novela recomendable para este verano, en la que el título aparece en dos ocasiones: la primera es cuando el narrador razona sobre el comportamiento que tuvo el magnate Whitney Vance, casi ochenta años atrás, con la adolescente a la que dejó embarazada «lo que le había ocurrido a Vibiana no estaba bien. Vance la había dejado en el lado oscuro del adiós». La segunda es el final, cuando Connelly la cierra a la perfección, con un final mágico.

Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
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