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Crítica de RiKanna


RiKanna
07 marzo 2019
SOY INCAPAZ DE QUITAR LAS ESTRELLAS ASÍ QUE EN FIN, SE QUEDA ASÍ, PERO NO IMPLICA DEMASIADO.
Estoy teniendo mala suerte con los libros de masa crítica. O quizás simplemente es que soy una cascarrabias incorregible, pero no, siguiendo mi línea, no me ha gustado el libro. Pero en fin, yo no desisto y oye por lo menos estoy contenta de estar leyendo cosas que probablemente por mi misma no hubiera leído así que si tengo la suerte de seguir recibiendo libros a cambio de opiniones yo contenta.
Vayamos por partes, quizás suene algo cruel con esto pero las quince, quizás siendo optimista, las treinta primeras páginas que leí de este libro me llenaron de ternura y de compasión por este pobre protagonista que lleva una vida normal y corriente que realmente no vive grandes dramas pero que no por ello sufre menos. El problema es ese, que alrededor de la cincuenta ya había dejado de empatizar con el dolor de este señor y a la trescientas, por mucho que tuviera más motivos y hubiera convivido más páginas y historias con él sentía hastío y hasta cierta rabia. Pero en fin, dejad que me explique.
Mi pregunta básica leyendo el libro era la siguiente: ¿Por qué? ¿Por qué narices a alguien le parece buena idea escribir en forma de diario la historia de este señor? ¿Por qué narices le parece a alguien interesante reproducir la voz de este señor? Y aún no encuentro la respuesta porque el libro se mueve entre dos direcciones que para mi no funcionan y hacen que fracase bastante, por lo menos a nivel de estilo.
Por una parte, el libro pretende estar escrito como un diario, cuaderno de reflexiones, lo que sea, con lo cual la ficción pretende que esto sea escrito por alguien de clase media-baja, con una cultura media también, por lo cual el estilo llano y simple se correspondería con el personaje. Hasta aquí todo bien, incluso paso eso que nos vende tan épicamente la contraportada de “dar voz a una generación de hombres que no han sabido sentir” o algo así. El problema con esta vertiente es que hace que esto se haga muy poco interesante de leer (y si llamadme lo que queréis, lo entiendo), que la prosa sea puramente funcional y que bueno nos tengamos que centrar en lo que cuenta. Lo cual supongo que justifica la cantidad aberrante de tópicos que tiene este libro y la sensación de estar leyendo en muchas ocasiones frases o direcciones de pensamiento que ya he leído mil veces antes. Y la verdad, si hay algo que me da rabia últimamente es la sensación de haber leído algo ya.
Pero lo peor de todo es que de vez en cuando, por suerte pocas veces, al libro le da la gana de meter alguna pedantería aleatoria no justificada y que desentona bastante con la voz que ha creado el libro. Si este señor escribe sus intimidades, sus lamentos y reflexiones sobre sus sentimientos más profundos que no ha sabido como llevar en un estilo plano y lleno de tópicos, ¿Por qué narices de repente le parece buena idea hablar de como todo el mundo debería conocer a Flaubert y leerlo como si fuera casi una educación moral? Recuerdo algún momento similar, y de nuevo, no es cuestión de decir que este señor no se puede enamorar de la considerada alta cultura, no es ese tipo de chorradas lo que me preocupa, lo que me molesta es que tenga que aguantarlo diciendo semejantes tonterías y esos aires elitistas de la nada, cuando generalmente encima, lo único que hace es decir estupideces.
Y sin embargo, mis problemas con este libro no acaban ahí. ¿Tengo que sentir compasión por este sujeto que me narra sus vivencias de la forma más aburrida posible y que además de tener todos los tópicos del mundo a la hora de explicar sus sentimientos, de vez en cuando, le parece buena idea también tenerlos en cuanto a género o raza? Porque es evidente que todos podemos tener pensamientos racistas, sexistas y que si se supone que tengo que comprar la ficción que esto es una escritura de su intimidad es evidente que puede tenerlos, obviamente y si “compramos” que esto es un diario pues nada, puede escribir lo que le dé la real gana. Pero quizás, solo quizás, con un poquito, nada, un gesto irónico, pensar que escribir ciertas cosas implica ciertos prejuicios, reírse de uno mismo y de como todos somos imbéciles, hablar de como incluso puedes sentirte culpable al pensar según qué cosas y sin embargo se te han pasado por la mente porque estamos conviviendo con este tipo de mensajes... Yo que sé que hay mil estrategias retóricas para que siga comprando que esto es un diario y que el señor se cuestiona a sí mismo. Pero no, el señor recuerda, el señor escribe hechos, escribe sus opiniones sobre la realidad pero lo que es cuestionarse a sí mismo digamos que lo hace poco.
Y no, que el señor tenga cincuenta años no me sirve, y toda esta cosa de la generación de la crisis, de gente que se ha quedado sin saber que hacer por culpa de un sistema que ha prescindido de ellos y los ha dejado sin lugar me parecería un buen punto desde donde partir la reflexión si no fuera porque, de nuevo, la voz que nos cuenta todo esto no reflexiona demasiado. Y me diréis ¿pero no son 300 páginas de reflexión? Y yo os diré sí, lo serían sino fuera porque de nuevo, la voz narrativa cuenta más que reflexiona y cuando lo hace no parece ir más allá de frases hechas.
En fin, quizás no ha sido tan mala novela como parece por todo lo que os escribo pero bueno, por lo menos, es cierto que llegamos a conocer a Tomás después de las 300 páginas, quizás, simplemente el estilo me ha matado a mi, nada más. O quizás es que no quería conocer a Tomás si Tomás tenía que ser así.
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