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Crítica de AGamarra


AGamarra
15 agosto 2019
"¿Y qué haré, qué haré yo cuando me arrebaten a Robert? ¿A dónde iré? ¡Mi Robert! Ojalá pudiera llamarlo mío con todo derecho, pero yo soy la pobreza y la incapacidad; Shirley es la riqueza y el poder, y también la belleza y el amor, no puedo negarlo"

Un buen libro que lamentablemente no terminó de gustarme tanto como "Jane Eyre" ni "Villette". En mi modesta opinión estamos ante un cambio de Charlotte Bronte en su estilo y su tema a tratar. Extrañé el uso de la primera persona y los paisajes góticos y las situaciones oníricas (aunque sí hay algunas). Me ha parecido, a pesar que no es la última obra de la autora, que como dice en el prefacio tentó con cambiar bastante el estilo ("Tienes ante ti algo real, frío y sólido; algo carente de romanticismo", escribe) y esto a mi parecer no ha calzado de la mejor manera. Quizás con más años hubiera evolucionado un poco hacia ello. Me parece que Gaskell se siente mucho más cómoda en ese estilo realista y sobre todo "costumbrista".
Y es por ello mi calificación, la primera parte de la novela lamentablemente demasiado pesada para mi gusto, cosa que para mí siempre le resta a un libro y más si se demoran tanto en introducir al personaje o a los personajes principales cientos de páginas. Me parece que se pudo haber resumido mucho más la presentación del ambiente rural y urbano de la ciudad así como de sus personajes (realmente insoportables sobre todo los varones) para luego recién ir a la historia principal y a lo que en realidad Charlotte es experta: la introspección, las ensoñaciones y el amor. Cosa que a pesar del párrafo introductorio que comenté es imposible separar a la autora de esos grandes temas.
Como siempre está el otro gran tema de Charlotte: la desesperanza, que están en todas sus novelas. Creo que es un tema a considerar pues desde luego para su época es algo bastante novedoso el de las protagonistas que no siempre son perfectas ni llevan una vida ligera sino con bastante carga emocional y patética, me hace pensar en las corrientes mucho más posteriores como el surrealismo donde el problema a tocar es el papel del hombre aunque claro los motivos de esa desesperanza son muy diferentes.
La historia nos cuenta un episodio que a mi manera de ver puede llamarse novela histórica (nueva innovación de esta novela en la obra de la autora y que a mi parecer no está excelentemente tratado). Estamos en el año 1812 en Inglaterra, Napoleón todavía es combatido por las principales monarquías europeas y mientras el rey inglés ha declarado las "Reales órdenes" una serie de medidas impopulares que venían a ser la respuesta a la política exterior ordenada por Napoleón (el famoso "Bloqueo continental") pero que a cambio ocasionó una gran depresión, con la consiguiente pobreza y hambruna en las clases bajas.
Robert Moore es uno de los industriales afectados por ellas pero también gracias a sus máquinas modernas se gana un gran problema con los trabajadores de textiles (tema como mencioné ampliamente desarrollado por Gaskell, Dickens y toda la generación de la segunda mitad del siglo XIX y desde luego la corriente realista). Aquí como comentaba no me pareció ver a la mejor versión de la autora, muchas escenas bueno no resultaban tan bien pintadas como sí lo sabe hacer cuando se habla de romanticismo e introspección.
Tenemos a la prima de Robert Caroline Helstone, hija del rector de la ciudad el Sr. Helstone, quien es el típico personaje femenino de Charlotte que ya hemos visto en Jane Eyre y Villette. Tiene desde luego muchas cosas que contar y siempre estará pendiente de su primo. Hasta que llega Shirley, una joven heredera, una novedad en la galería de personajes de Charlotte, que aunque tiene un desarrollo y constitución muy atractiva no llegó a encantarme, muchas de sus peroratas por momentos resultan un poco artificiales o exageradas. Es una personaje que tiene bastante de "masculino" para la época, es más la misma autora lo dice. Me pareció eso algo muy novedoso y especial. Shirley parece querer a Caroline de forma muy especial, la protege y asume como digo un papel que ella misma se jacta de hacerlo. No teme cuando hay peligro ni cuando se le encarga cuidar de las mujeres.
Esto es sólo el corazón de la obra en mi opinión, Charlotte gasta muchas páginas (quizás algunas innecesarias) en contextualizar y hacer una crítica enorme a la parte religiosa, no a sus principios (aunque en realidad nunca aprecié tanta decepción religiosa como en esta obra) sino a los encargados de conducirla. Los rectores y sobre todo los coadjutores Donne, Malone y Sweeting son descritos como personajes sin sentido, machistas, tercos, carentes de talento, casi de determinación y profundamente viles.
Es una obra un poco heterogénea, como mencioné el inicio muy lento y recargado, el medio y el final demasiado corto a mi parecer, no la sentí tan bien organizada como sus otras novelas. La relación entre Caroline y Shirley también tiene puntos altos y muy buenos pero algunas situaciones y diálogos incluso de personajes secundarios como que decaen un poco la obra.
Ya estoy finalmente feliz de haber acabado y sólo me queda "El profesor" para decir que leí todas sus grandes obras.
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