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Crítica de rmrobles


rmrobles
11 enero 2019
Sobre El amor, las mujeres y la vida, de Mario Benedetti

Para Dora Angélica

Uno de los escritores más famosos y populares es, sin duda, el uruguayo Mario Benedetti. Quien se haya acercado a su obra –teatro, ensayo, novela, poesía o cuento–, notará un caso relativamente atípico: su escritura es muy clara, entendible; sencilla, pero no simple. Este rasgo siempre lo he agradecido en un escritor, pues para lograr esa sencillez estoy seguro que ha pasado por un largo proceso de auto lectura y corrección; tal vez más lo último.

Esa fama es, me atrevo a suponerlo, en gran parte por la característica mencionada. Ahora traslademos ese rasgo a su poesía, y ¿qué tenemos? Poemas celebrados por una gran multitud de seguidores, de admiradores. El hecho no resulta demasiado sorprendente. Benedetti es autor de muy famosos poemas que incluso han sido musicalizados; alguno por un famoso cantautor español.
Recuerdo en este momento, casi al azar, los siguientes: Táctica y estrategia, Viceversa, Hagamos un trato, Chau número tres, Ustedes y nosotros, Los formales y el frío…

Retomo lo de la fama: Hay muchos otros poetas que no gozan, no gozaron de una popularidad semejante. He señalado lo que para mi gusto, influyó para obtener ese reconocimiento. Pienso en un poeta similar, nuestro Jaime Sabines. Hay, para mí, una diferencia entre ambos: las imágenes poéticas de Sabines son un poco más elaboradas que las de Benedetti; como lectores más o menos familiarizados con el lenguaje poético, entender a Sabines implica un poco más de trabajo que con Benedetti.

Sobre el mismo tema, la crítica ha sido demoledora con su obra. Un vago pudor me impide repetir los calificativos empleados para referirse a ella. Cierto crítico, cuyo nombre no merece mencionarse, mete en el mismo saco a Benedetti y sus seguidores, dando a entender que él es un pésimo poeta y que quienes lo siguen y admiran –una legión de perezosos– lo han encumbrado hasta un lugar insospechado.

Estoy en desacuerdo con lo anterior. Si bien es cierto que se ha señalado que en su poesía hay un excesivo sentimentalismo aunado a lugares comunes, eso no quiere decir que por sí mismos ambos elementos den como resultado una obra literaria de calidad. Se da a entender que escribió con esta fórmula, como si esta fuera infalible. Ahí está la historia: ¿cuántas obras podemos recordar que sean tan famosas como las de Benedetti, y no solo eso, sino que hayan gozado del favor popular?

Parece ser que el problema es que el eje central de sus poemas es el amor. ¿No hay sentimentalismo en el amor? ¿No hay lugares comunes en el más común de los sentimientos? Quienes critican su poética olvidan algo básico: el amor es tal vez el sentimiento universal por excelencia, pero eso no quiere decir que todos sintamos lo mismo. La persona fundamental del amor es el yo, y lo que enuncia es su discurso; en este radica su singularidad, lo que hace que cada uno de nosotros lo experimentemos de distinta forma.

Sin embargo, en la diferencia también está la semejanza: el amor, al ser un código compartido por todos, encontrará ecos y resonancias de otros en uno mismo. En otras palabras, las experiencias de otros nos parecerán familiares, y no precisamente porque las hayamos experimentado sino porque, por decirlo de alguna forma, la estructura externa de la experiencia nos resulta conocida, aunque el contenido –la vivencia– no lo sea en ningún aspecto, pues eso es, como dije, individual.

No es extraño que este tema resulte complejo y divida opiniones. De hecho, esta obra de Benedetti surge como oposición al planteamiento que postula una obra titulada “El amor, las mujeres y la muerte”, la cual es una recopilación de ensayos del filósofo pesimista Arthur Schopenhauer sobre estos temas. El uruguayo nos dice que al leer aquella obra, dedujo que al meter los tres temas en un mismo enunciado, Schopenhauer “los convertía en ingredientes de su inextinguible misoginia”.

Una relectura de la misma obra, casi a los sesenta años, le reafirmó su creencia, su oposición al planteamiento que antes había pensado sobre el filósofo. Esto le permite afirmar al uruguayo que “el amor es uno de los elementos emblemáticos de la vida, y que aun Schopenhauer “no puede evitar una constancia esperanzada: El amor es la compensación de la muerte; su correlativo esencial”.

Así pues, se entiende que para Benedetti, “el amor y las mujeres están más cerca de la vida que de la muerte”. Al partir de este supuesto, se entiende que su poética sea en esencia una celebración constante al amor y a la mujer; a la vida. Sus poemas son variaciones sobre el mismo tema, el cual, sin embargo, es inagotable. Me atrevo a asegurar que cualquier enamorado encontrará alguna línea en esta antología hecha por el propio autor, con la cual se identificará, o que dedicará a su amada o amado; y al hacerlo, no estará pensando en que es muy sentimental o que está repitiendo hasta el hartazgo dicha frase.
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