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Crítica de Monica_Ruano


Monica_Ruano
06 December 2022
“El duelo, del latín dolus (dolor) es la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo”.

Una vez mas, cuando leo sobre duelo, creo haber leído lo más intimo y profundo de una persona. Abrirse en canal en cada una de sus páginas, descarnarse y, quizás así, nosotras, las lectoras, encontrarnos en ellas y así formar parte de ese círculo. Siempre he creído que en este proceso hay algo en común y que todas las personas que perdemos a alguien estamos de alguna manera conectadas.

Isabel nos ha brindado su diario más íntimo, el acompañamiento de ella, su padre y sus hermanos para con su madre, para su final digno y sin dolor. Respetando su decisión. Los últimos pasos vitales de su madre pero también los primeros hacía el descanso sabiendo que hay vía de escape para esquivar el sufrimiento por decisión propia. Que la enfermedad no arrebate el control de las vidas y sobre los cuerpos.

Aquí no vas a encontrar ni miedo a la muerte ni ira o rabia por ella. Yo aquí me he encontrado otra arista de la ausencia y la pérdida. Y es el acompañamiento previo. Emocional, terrenal, de cuidados, etc. Esa escena de todos los hermanos alrededor de su madre cantando, tomándose su tiempo para la despedida... me pareció bonita y dolorosa a partes iguales. He de decir que este libro se me asemejó a “Estrellas” de Paula Vázquez. Un antes y un después de la marcha de una madre. El registro de todo lo vivido, quizá con un poco de urgencia, también un poco de prisa por crear últimos y únicos recuerdos. Los últimos cuidados donde la vida se ve invertida, ahora eres tú quien cuida y vela por tu madre y dónde el valor de la palabra “mamá” vuelve a tener el sentido como cuando lo pronunciábamos siendo niñas.

Y, efectivamente, me encontré en el libro. Leí cosas que yo también he experimentado y que sigo viviendo: la memoria en la piel, el tacto, el calor del cuerpo en un abrazo, los besos, el olor... encontrar a esa persona en gestos, en situaciones y objetos. Halos de luz, flores, reflejos del agua...

Podría decir que este libro son dos cosas: una cápsula de recuerdos y “el acompañar”. Un verbo que me parece precioso. El arte de acompañar no lo domina cualquier persona. Y en este caso es más difícil aún. Y lo de los recuerdos es porque cuando perdemos a alguien son nuestro único vehículo para volver a esa persona; una fotografía, un instante grabado en nuestra memoria, un objeto. El apego no se borra así como así.

Este libro bien podría ser un regalo para la madre de Isabel, para su padre y sus hermanos... pero sobre todo es el mejor de los homenajes. Un acompañamiento lúcido y respetuoso.
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