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Crítica de MariaT


MariaT
02 marzo 2021
Imaginen levantarse en un hospital y descubrir que algo extraño ocurrió en el mundo mientras dormías. ¿Cómo sería despertar y ser una de las pocas personas que aún pueden ver en un mundo donde casi el cien por cien de la población actualmente es ciega? ¿Y si la ceguera no fuese la mayor amenaza que ahora los supervivientes deben enfrentar? Hoy quiero hablarles de El día de los trífidos, de John Wyndham, una fascinante novela apocalíptica escrita originalmente en 1951 y que el sello Runas de Alianza Editorial acaba de recuperar con la traducción de Catalina Martínez Muñoz.

"Si sabes que es miércoles y la mañana empieza como si fuera un domingo, algo muy grave está pasando en alguna parte".

La novela nos cuenta la historia de Bill Masen, un biólogo que por puro accidente o buena fortuna se pierde el fin del mundo. O al menos del mundo tal y como todos lo conocían. Bill se encontraba ingresado en un hospital con los ojos vendados y por ello no observó la lluvia de meteoritos verdes que el día anterior había cubierto el cielo. Un fenómeno tan inusual que captó la atención de todos y que provocó que durante la noche casi la totalidad de la población mundial perdiese la vista. Despertar en un hospital sin escuchar ningún ruido es el primer indicio que tiene nuestro protagonista de que algo extraño está ocurriendo. Para cuando reúne el valor de quitarse las vendas que por casualidad lo salvaron de la ceguera, descubrirá que ya nada volverá a ser igual.

Explorar un Londres casi desierto en el que los únicos habitantes con los que se encuentra nuestro protagonista son personas ciegas y desesperadas por encontrar alimentos es descorazonador y también peligroso. Bill pronto experimentará de primera mano que ver supone un riesgo, porque no serán pocos los que en medio del caos quieran apresar a los que aún ven para que sean sus guías. Qué es más sensato: ¿ayudar a los que no pueden ver con los riesgos y responsabilidades que ello supone o alejarse y dejarlos a su suerte para no alargar un final que parece inevitable? A esta y a otras muchas preguntas más se debe enfrentar Bill en esa nueva normalidad.

“Nosotros vemos y ellos no. Sin visión, nuestra superioridad desaparece. Peor todavía: nuestra posición se vuelve inferior, porque ellos se han adaptado a una existencia sin visión y nosotros no”.

Por si el mundo repleto de personas ciegas fuese poco, esa nueva condición de la humanidad los vuelve vulnerables a una amenaza que no habían supuesto: los trífidos. Plantas carnívoras de más de dos metros de alto que pueden moverse y atacar con su letal aguijón a los humanos que cuando tenían vista eran casi invulnerables, pero que ahora son una presa fácil para unos seres que pronto reclamarán su dominio sobre todo y todos.

Una de las partes más fascinantes del libro es descubrir el origen de los trífidos y como llegaron a expandirse por el mundo con tanta facilidad. El uso que se les daba y cómo eran aprovechados mientras la población podía ver y cómo luego todo cambia cuando la ceguera los deja vulnerables ante esas terribles plantas a los que todos se habían acostumbrado. Una sociedad en decadencia con un enemigo mortal al acecho, las dificultades planteadas no pueden ser más intrigantes.

“Para que la vida resulte soportable, lo insólito tiene que volverse enseguida corriente”.

Pero Bill no será el único que conserve la vista, así que encontrar a otro grupo de personas videntes presenta nuevas oportunidades, pero también muchos retos. ¿Qué deberían hacer? ¿Ayudar a las personas ciegas hasta que lleguen refuerzos de algún tipo o huir lo más lejos posible de las ciudades antes de que las enfermedades acaben con todos? ¿Qué tipo de sociedad se puede fundar desde los cimientos de una que está rota? ¿Deben olvidarse en el camino de los conceptos de correcto o incorrecto? ¿Dejar atrás la moral para adaptarla al ahora? Los dilemas que se plantean no serán pocos o sencillos.

El apocalipsis, ceguera, soledad, plantas carnívoras, decadencia y destrucción en cámara lenta… El día de los trífidos, de John Wyndham, es una novela increíble. Los escenarios que plantea Wyndham son tan reales como aterradores. Y no, las plantas asesinas (aunque perturbadoras) no son lo más preocupante del libro, de nuevo son los humanos y sus acciones los que nos harán estremecer. Si con Las crisálidas el escritor me sorprendió, aquí lo logra igualmente con éxito. Es una suerte que se recuperen estos libros que han inspirado a tantos otros creadores. ¡Dadle una oportunidad!

¿Han leído El día de los trífidos? ¿Les llama la atención?
Enlace: https://inthenevernever.blog..
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