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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
10 abril 2018
Leí El fantasma de Canterville hace muchos años, y era uno de esos libros que quería releer desde hace ya tiempo. Digamos que los años te hacen ver con otros ojos determinados libros, determinados clásicos. Muchas veces esos mismos años te hacen descubrir un libro nuevo, una profundidad distinta, unos detalles que te pasaron desapercibidos la primera vez, unas connotaciones que ni siquiera intuiste en la anterior lectura. También suele pasar que ya no lo disfrutas como antes, o que te das cuenta que el libro no era para tanto, así que hay que tener cuidado con las relecturas juveniles, que luego nos llevamos disgustos. Afortunadamente este no ha sido el caso.

Tendría unos 14 o 15 años cuando leí esta nouvelle de Wilde, así que tampoco es que fuese una cría y que haya descubierto un mundo nuevo en esta segunda relectura, pero sí que es verdad que la he disfrutado muchísimo más y, sobre todo, me he reído mucho más con las mordacidades que se le ocurrían al bueno de Oscar. Más vieja, más pelleja. Y con un humor más... negro :)

Inglaterra y Estados Unidos lo tienen todo en común, menos el idioma, naturalmente.

Esta es de esas frases que a quien más o a quien menos le suena, y resulta que sale de la pluma de Wilde (luego me he enterado que otro dublinés de pro, George Bernard Shaw, dijo algo muy parecido. ¿Quién fue primero? Tengo que enterarme). El caso es que define a la perfección la trama del libro. Una familia americana (el padre es ministro de los Estados Unidos, nada menos) compra el castillo de los Canterville en Inglaterra, muy cerca de Ascot. Se les avisa reiteradamente sobre la presencia de un fantasma muy poco amigable, pero son americanos, y los americanos, como bien se encarga de recordar el ministro, no creen en fantasmas. Así que allí que se mudan todos (ministro, esposa y cuatro hijos), y aunque al principìo siguen renegando de la existencia de dicho fantasma, pronto descubren que realmente existe. ¿Pero qué hacen? Como buenos americanos, comportarse de un modo de lo más pragmático y moderno: le aconsejan engrasante para las cadenas, mejunjes para el dolor de estómago, le tiran almohadas a la cabeza, le preparan trampas nocturnas o incluso le pagan con la misma moneda en lo que a sustos se refiere. Y claro, el fantasma, temido tras haber destruido vidas y asesinado criados y familiares durante 300 años, ufano de sus viles hazañas y terroríficas apariciones, se siente de lo más injuriado y furioso, porque tremenda falta de respeto hacia su persona y de miedo en general hacia sus artes, jamás la hubiese creído posible. Así que planea el asesinato de algunos de los miembros de la familia... concretamente de todos ellos. O casi. Los odia a todos a excepción de Virginia, la dulce hija de quince años del matrimonio, que jamás se ríe de él, sufre por él, y a larga será clave en la resolución de la historia del fantasma. El caso es que nunca sale nada como lo tiene previsto, empieza a sentirse débil, fatigado y deprimido. ¡Es su deber y obligación hacer las cosas que hace, y estos americanos materialistas le están dejando sin trabajo!

Y no cuento más, que mucho ha sido ya. Lo importante, lo genial, es leerlo con la prosa de Wilde. Esta parodia y sátira de relato gótico hay que disfrutarla leyendo despacio cada página; riendo ante las ocurrencias tanto de los americanos como del fantasma, con esa eterna comparación entre los materialistas americanos y los aristocráticos y encorsetados ingleses; saboreando la elegancia del bueno de Oscar Wilde, su talento, su inteligencia, su fina ironía, su ingenio y delicadeza a la hora de escribir. Son ochenta páginas de puro deleite, pero también reside en ellas cierto poso de tristeza, personificada en un personaje que se siente vilipendiado solo por ser cómo es y por ser fiel a su naturaleza; se siente incomprendido, y él solo quiere llevar a cabo su trabajo y hacer lo que le corresponde por ser quién es. No cuesta mucho imaginarse a Wilde sintiéndose identificado con la incomprensión que sufre el personaje de Simon de Canterville.

Quien lo haya leído sabrá de lo que hablo (si es que le gusta esta breve novela tanto como a mí, que imagino que no será del gusto de todo el mundo), y quien no lo haya leído, dentro de que no me gusta recomendar, son apenas ochenta páginas, y es de esas historias que hay que leer alguna vez en la vida. Es divertida, es satírica, pero tiene su propia moraleja y un final tierno que la primera vez que se lee choca si lo comparamos con la primera mitad de la historia. Es un clásico imprescindible. Y hay que leerlo. Sí o sí.

Para terminar, me voy a detener un momento en la traducción, porque llama mucho la atención en esta edición de Funambulista. Más que nada porque es una traducción antigua, de los años 50 (evidente en cosas como traducir Simon con la tilde castellana, Simón), y no solo te la resaltan como algo digno de ser mencionado, sino que además el postfacio no está dedicado al autor y su obra, como sería lo normal, sino a él mismo, al traductor: Mario Lacruz. Y me chocó tanto (nunca lo había visto antes, de hecho) que estuve investigando un poco, y resulta que este señor fue un reputado editor de sellos tan importantes como Seix Barral o Plaza&Janés, y que fue uno de los descubridores de autores como Rosa Montero, Paco Umbral, Antonio Muñoz Molina o Julio Llamazares. Fue él también quien publicó casi toda la obra de Saramago en España. Vamos, que está considerado uno de los editores más importantes en lengua española del siglo XX. También era novelista. En vida había prohibido el acceso a un amario de su propiedad, y tras su muerte, una vez abierto, apareció una columna de escritos que se elevaba metro y medio de altura, que ahora se están publicando poco a poco. El postfacio irradia tanto amor, cariño, respeto y admiración por parte de su hija (también traductora, entre otras cosas, por lo que he visto), que dejo aquí este párrafo en honor a su padre, por si hay alguien por ahí a quien le guste tanto como a mí investigar y cotillear este tipo de cosas y quiere conocer un poco su legado.

Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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