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ISBN : 8832950057
Editorial: Greenbooks Editore (19/05/2017)

Calificación promedio : 3.95/5 (sobre 39 calificaciones)
Resumen:
La edad de la inocencia (título original inglés: The Age of Innocence) es una novela de Edith Wharton publicada en 1920 y que fue galardonada en 1921 con el Premio Pulitzer. La acción de la novela transcurre en la alta sociedad neoyorquina de la década de 1870.

Al amable mundo de convenciones sociales estrictas en el que se mueve, aparentemente sin roces ni contrariedades, la alta sociedad de Nueva York de finales del siglo pasado, regresa de Europa l... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (28) Ver más Añadir una crítica
casadarebolta
 10 septiembre 2021
Algo similar a lo que me ocurrió con Las Horas, pero unos diez años antes, la única película de Martin Scorsese que me ha gustado realmente, La Edad de la Inocencia me llevó a leer la novela del mismo título, escrita por Edith Wharton (1862-1937).

Incisiva, de una narrativa fluida que nunca se hace pesada, la novela narra las vicisitudes de un hombre atrapado entre su apática adherencia a las convenciones sociales y sus deseos íntimos, y dos mujeres: una que lucha en vano por traspasar los límites de una libertad tan estrecha como el corsé que la moda le impone y la otra, cándida al menos en apariencia, que representa todo lo bueno y todo lo malo de la sociedad neoyorquina de finales del siglo XIX. Estos atípicos protagonistas viven un destino tejido en la ciudad de Nueva York, laberíntica, difícil, llena de estuarios y baches, impertérrita ante el dolor, los vicios o las virtudes de quienes la habitan.
Mucho se ha dicho de esta historia: irónica, aristocrática, sensible pero no demasiado, astuta y dura. Y es cierto. Disfrazado entre las buenas maneras, el encanto más WASP, los encajes y sedas y armiños, los salones bellamente decorados y los platos más elaborados, La Edad de la Inocencia representa un drama interno lleno de quiebros, que no deja sitio para la ternura innecesaria ni respiro para Newland Archer o la condesa Olenska, que navegan inocentemente en un océano de intrigas a sotto voce, de destinos cruelmente marcados por las convenciones sociales y aceptadas por todos, Newland incluido; donde el nombre, la familia, el aspecto exterior significa mucho más, mucho más que la búsqueda de la felicidad, propia y ajena, y cuya continuidad sólo la garantiza la posesión de dinero, único requisito que finalmente se requiere para participar de ese juego de engaños que sofoca a sus protagonistas.

Es, y quizá sea el motivo por el que la historia me atrajo más, la representación de tres formas de ver la vida distintas pero complementarias, y el retrato de una vida que nosotros, los seres humanos, hacemos vil y dañina, sin ser plenamente conscientes de que todo pasa, todo, incluido nosotros mismos, o sobre todo nosotros mismos. Newland, que dentro de su modorra existencia encuentra una razón para sentir, soñar y vivir que rompe los cimientos de una existencia que debía seguir una línea determinada, una tranquila travesía por los años que pasan sin estridencias o sorpresas desagradables. May, la representante de la sociedad, la responsable de que el mundo siga siendo lo que es, encarna lo más sórdido de esas reglas del juego, calladas normas que se aceptan sin pensar, tal como en la actualidad la sociedad norteamericana (una inmensa parte de ella, de cualquier forma) se adhiere a las normas abyectas y caducas de religiones muertas para el siglo en el que vivimos. May, candorosa, esconde en esa serenidad, en esa constante reafirmación de su inferioridad, el verdadero poder, la fuerza que se sabe apoyada de antemano por todos los seres que, como ella, la anteceden o le sucederán en un futuro. En contra de lo que pudiera parecer, May no es un personaje sórdido: es el fruto de su sociedad, del mismo modo que Newland lo es de su tiempo. Pero lo que los diferenciará para siempre es que, en Newland, siempre ha latido esa ansia de apertura, ese tibio furor que le indica que, a pesar de todo, la vida es más brillante, más irresponsable, más diferente de lo que nunca hubo podido ver en los estrechos límites de la aristocracia nativa. Y en May esas dudas nunca se producen, porque su naturaleza inmovilista no se lo permite; su natural tendencia al no-cambio, al apoyo en el cómodo colchón social, no generan en ella el mínimo interrogante, no prende en ella ningún ánimo revolucionario. Sentiríamos más pena por May, viéndola con nuestros ojos dos siglos después, si no supiéramos que esa supuesta inocencia o esa falta de estímulo esconde el fervoroso inmovilismo, el alienante ahogo por lo distinto, por lo diferente, por lo que puede alterar un satus quo absurdo pero muy real, que la lleva a actuar, siempre en la sombra eso sí, de la manera más egoísta posible, y por eso mismo más cruel. Es el personaje más ciego de los tres protagonistas, y el más oscuro también, porque se encuentra ahogada en convencionalismos, en rígidas normas, en lo que debe ser y lo que otros han soñado para ella que debe ser, que lo acepta sin preguntas y, más aún, lo perpetúa simplemente porque así debe ser. Y lo defiende, con todas las armas posibles, frente a cualquier elemento desestabilizador que la perturbe. Y finalmente Ellen, la condesa Olenska, la distinta, de turbulenta vida marital, alejada de la sociedad nativa, que trae consigo los aires de cambio, las esperanzas y las nuevas locuras de, vaya paradoja, el viejo continente. Es el personaje realmente inocente de los tres protagonistas: cree que la sociedad la va a tratar como una más, aunque sus diferencias sean tan estridentes; confía en su corazón; confía en Newland (quizá el único ser que no la decepciona en realidad); y en su familia, sin saber que es la primera en darle la espalda y en tejer el juego de intrigas que la obligará a exiliarse nuevamente, esta vez para siempre.
Es una historia de amor a tres bandas; de desesperanza; de batallas perdidas, y de un amor imposible; de querer lo que no tenemos, o de anhelarlo porque lo que nos rodea no nos es suficiente; de renuncias, de lo difícil que resulta aceptar las consecuencias de nuestras decisiones; y finalmente de una aceptación callada, que nos lleva a navegar por el río de la vida con la errónea impresión que todo lo que ha pasado le ha ocurrido a otra persona.

Pero lo maravilloso de esta historia, y de la magnífica película de Martin Scorsese (remarcada por la espléndida banda sonora de Elmer Bernstein), es el retrato de la crueldad humana, mucho mayor al provenir de una sociedad supuestamente educada, y de lo actual de su trama. Y no me refiero aquí a los convencionalismos sociales; a la represión de una educación errónea; a la renuncia a la felicidad; sino a la eterna dificultad de la sociedad humana por aceptar lo que es distinto de sí misma; a la crueldad con que no asume lo que difiere de sus principios, principios absurdos cimentados sobre el barro de la siempre breve existencia del hombre. Aún hoy, a pesar de la facilidad con la que podemos gritar nuestras frustraciones (algo impensable en ese tiempo), todas persisten, todas sufren la misma lucha, la misma humillación y las mismas derrotas. El día en que la sociedad arranque el fundamentalismo de raíz, la existencia de seres que buscan la aceptación y su libertad, como la condesa Olenska, tendrá sentido; y la tibieza de seres como Newland Archer llegará a la ebullición libre de temores infundados e impuestos desde dentro; y la existencia de personajes como May, anclados en su propia comodidad y deseosos de mantenerla pese a todo, ya no tendrá cabida en una sociedad de verdad liberada de normas absurdas, ya caducas, sin etiquetas ni marcas, y cuyos únicos límites vendrán ajustados por la sensatez y una sensación real de hacer el bien por los demás.
La Edad de la Inocencia es un libro fascinante en ese aspecto, y muy actual, cargado de una simbología que aún hoy, dos siglos después, resuena con un eco propio en nuestro día a día.
Enlace: https://juanramonvillanueva...
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Galena
 02 abril 2020
Hacía tiempo que quería leer algo de Edith Wharton y este fue el momento perfecto para darle una oportunidad a su obra más conocida: La edad de la inocencia.
No sé por qué me esperaba que estuviera narrado desde el punto de vida de una mujer, la verdad es que tampoco sabía mucho sobre la trama de la novela, pero me sorprendió ver que Archer es el protagonista principal.
La novela nos muestra como era la alta sociedad estadounidense a finales del siglo XIX y Archer es un joven que cree conocer bastante bien el mundo. Se considera un hombre cultivado y está deseando casarse con May Welland, una joven sin tacha.
No es tan ciego como para no saber que la chica ha crecido con una venda en los ojos, una venda que va unida a la educación que reciben las señoritas de bien en el mundo. No obstante, está seguro de que eso solo hará que sea para él un placer enseñarle la realidad del mundo porque pese a eso, May es una joven inteligente, amable, bella y moldeable, solo necesita alejarse de sus padres para crecer y madurar.
La llegada de la condesa Olenksa lo trastocará un poco todo. Como futuro miembro de la familia a Archer le tocará involucrarse más de lo que quisiera en ese asunto. Ellen ha dejado a su marido en Europa y parece dispuesta a vivir su vida sin él, creyendo que Estados Unidos era un lugar mucho más abierto y receptivo que el lugar del que provenía.
Ante toda esta historia están muy presentes las reflexiones de Archer y vemos cómo van cambiando y va madurando a lo largo de la novela. Ese es el punto esencial de la historia, apreciar el cambio en Archer y mostrar lo encorsetada que era la sociedad, especialmente para las mujeres.
Ya desde el principio vemos como Archer se da cuenta de su propia hipocresía pero trata de dejar esos pensamientos a un lado porque no le convienen. Rechaza la reacción de la sociedad ante la condesa Olenska, que ha tenido que dejar a su terrible marido, piensa que las mujeres deberían ser tan libres como un hombre, pero luego es consciente de que si su mujer lo dejase a él le gustaría castigarla utilizando los privilegios que esa sociedad le da.

Son reflexiones interesantes por lo reales que se muestran, la autora no trata de maquillar a Archer o hacer de él un protagonista que admirar, es un reflejo de los pensamientos de una persona, incluso de los más mezquinos. Me ha encantado el enfoque que adopta porque Archer es un hombre decente y empieza a ver las injusticias que existen en la sociedad con respecto a los hombres y las mujeres, pero también sabe que no hace nada por mejorarlo de forma activa.
Se aferra a su ilusión de un matrimonio magnífico, igual, con la adorable May, pero en el fondo sabe que ha creado de ella una ilusión alejada de la realidad. Ha idealizado tanto a su novia que llega un momento en el que no está seguro de nada, pero ya no puede deshacer lo que ha hecho.
La edición es en bolsillo, normalita, y han elegido una portada muy bonita.
La narración es amena y bastante ligera así que no creo que sea un libro difícil para nadie. Me parece que la autora plantea de forma clara y directa muchas de las problemáticas de la situación de las mujeres en su época y ha sido una lectura que me ha dejado muy buen sabor de boca. Tengo ganas de leer más de esta escritora y por mi parte recomendada queda.
Si habéis leído el libro o conocéis otras novelas de esta autora estaré encantada de conocer vuestras opiniones.
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maresdelfin
 07 febrero 2021
La edad de la inocencia se publicó en 1920, pero nos habla de la sociedad neoyorquina de 1870. Newland Archer, un joven abogado se promete con May Welland, una joven bien educada, para así formar una familia acorde con la expectativas y cánones propios de su educación y de sus respectivas familias. La llegada de la condesa Ellen Olenska, prima de May, hará tambalear los cimientos de esta relación y trastocará la vida de diversas personas de esta sociedad tan arraigada a sus convencionalismos.
Edith Wharton es una narradora excepcional. Supo plasmar en sus novelas la sociedad de clase alta neoyorquina de antes de las guerras, en la que creció. Siempre con una mordaz crítica a la ignorancia de esta sociedad, a los convencionalismos y las normas sociales absurdas que regentaban la época. Sólo he leído dos de sus obras y en ambas he encontrado esta característica en su narración.
Wharton tiene un estilo de escritura muy cercano que permitió que la gente conociera estas características tan invisibles de la clase alta que ella tan bien conocía.
La autora tiene una gran capacidad para ahondar en la psicología de los personajes y presentarnos unos protagonistas muy carismáticos y con los que fácilmente podemos empatizar. Newland Archer es el eje central de esta historia y el personaje que estará en una constante incertidumbre durante toda la novela sobre hacer lo socialmente aceptado o lo que realmente quiere hacer. Esta dualidad en el personaje de Newland lo hace muy interesante, Wharton consigue que empatice con su situación y que logre entender lo complicado que era ser uno mismo en esta época.
A raíz de Newland Archer he encontrado otra característica que La edad de la inocencia comparte con La casa de la alegría (la otra novela que he leído de la autora), en ambas obras los protagonistas se encuentran con una dualidad que no les permite avanzar, y a lo largo de ambas novelas vemos una lucha interna entre lo socialmente correcto y lo que realmente quieren hacer los personajes, y Wharton lo narra a la perfección.
Por otro lado tenemos la prometida de Newland, May Welland, una mujer educada en los estrictos convencionalismos sociales y aspirando a ser una perfecta esposa para Newland, algo que al inicio de la novela Newland ve como algo positivo, pero a medida que avanzamos con la historia, se va dando cuenta que May no piensa por sí misma.
Y por último os hablaré de la condesa Ellen Olenska, una mujer que vuelve a Estados Unidos tras separarse de su marido, el conde Olenski y huir de un matrimonio muy complicado en unas circunstancias nada claras que son juzgadas por la sociedad neoyorquina que la recibe en su nuevo hogar. La condesa Olenska es una mujer algo más mayor que May, con una visión algo más abierta de la vida, tras vivir en Europa durante su matrimonio, que trae un soplo de aire fresco a esta sociedad tan opresiva, hecho que. no pasa desapercibido en Newland.
Es una historia pausada, sin grandes giros que la hagan trepidante, pero adictiva a su manera, que te permite conocer a la perfección a los personajes y que consigue que tengas ganas de saber qué les pasa y cómo evolucionan sus vidas.
He disfrutado mucho de esta historia, mi última lectura del 2020 que he tenido que incluir en mis mejores lecturas del año y que me reafirma en considerar a Edith Wharton como una de mis autoras preferidas.
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Yani
 27 febrero 2018
Edith Wharton debería dar clases (si pudiera) de cómo se debe transformar una historia sencilla en una que adquiere tanta vida propia por la forma en que está contada, que la simpleza deja de importar. La edad de la inocencia no tendrá el argumento, no es una red intrincada de personajes, intereses y giros, pero compensa todo con una trama que se enreda y va fluyendo sola, casi sin que Wharton la empuje, hacia el final.
La historia está ambientada en la New York de 1870. Allí están los miembros de la aristocracia, esos que se quieren parecer a los europeos pero que no cesan de diferenciarse de ellos, armando sus costumbres y sancionando con el olvido a aquellos que no las respeten. Newland Archer es un joven abogado que está comprometido con May Welland, quien a la vez tiene una prima, Ellen Olenska, que vuelve a New York después de un turbulento matrimonio en Europa. Mientras la familia trata de convencerla de que no se divorcie de su marido y vuelva con él, Newland deberá convivir con algunos sentimientos que pensó que ya había enterrado con su pasado. Las mentiras, lo dicho y lo no dicho, la presión de la sociedad y de las familias serán determinantes.
Es predecible, lo sé. Casi todo el libro se debatirá en las idas y venidas de un hombre que está a punto de casarse y que ve una sombra cada vez que piensa en la palabra “matrimonio”. Y esto es, en parte, un pilar fundamental de la historia, ya que la voz narradora se encargará de desgranar muchas ideas sobre el matrimonio, las obligaciones de las personas que lo conforman y los conflictos. También critica a la sociedad neoyorquina con una ironía cruel que hasta me sonó vengativa. El círculo de gente respetable (hasta cierto punto…) y con poder es tan diminuto, que siempre se queda en el centro del blanco de las conversaciones que se dan en las reuniones. Eso le sucede a Ellen Olenska, que con sus intenciones de divorciarse, su manera de vestir y su pasado dudoso es un tema ineludible. No se lo merece: a lo largo de la historia este personaje demuestra tener un carácter admirable, además de pronunciar la mayoría de las frases geniales que se dicen en La edad de la inocencia.
Sin embargo, el protagonista es Newland. Me encantó como personaje masculino, sin importar que algunas actitudes hacia el final del libro sean un tanto reprochables. Newland aporta una perspectiva ceñida de la sociedad neoyorquina (a la cual él pertenece y debe padecer), en donde la familia de su novia es una de las voces más censuradoras de la misma. Él se debate entre lo establecido y lo que podría ser. Se nota la tensión que vive cuando trata de defender lo indefendible mientras los demás señalan con el dedo y lo meten en compromisos como convencer a Ellen de que no se divorcie porque está mal visto. No es lo único que va a complicar a Newland en el libro, pero en esos lugares surge la riqueza del personaje y me gustó mucho cómo lo manejó Wharton. Hay muchos otros personajes que se destacan por estar de un lado o del otro, como Mrs. Welland y Beaufort, por evocar a dos que serían el agua y el aceite. Y luego está May, la novia en cuestión, que provoca frialdad con su “no opinión” de los asuntos, las descripciones desfavorables de la narración y los pensamientos de Newland. Ella tampoco puede eludir los comentarios malintencionados de algunas personas, pero no despierta simpatía como para defenderla. Y al final, tienen un poco de razón. Lo único que pude admirar de ella fue su entereza.
Está bien narrado, con una voz cargada de flechas contra los “intachables” de New York y sus reglas ridículas que afectan la vestimenta, las visitas a las casas, la Ópera y hasta las bodas. Tanto en esta novela como en algunos cuentos que leí, Wharton apunta a temas de los cuales todavía no se hablaba demasiado o causaban cierta incomodidad, a pesar de situarse ya en el siglo XX. Aunque este libro no presenta ninguna resistencia en el estilo, particularmente me sentí perdida en los primeros capítulos que establecen las relaciones de parentesco de unos cuantos personajes. Como usan doble apellido, algunas parejas me hicieron una maraña en la cabeza, pero fue temporal (por suerte). Más allá de eso, La edad de la inocencia se deja leer y sorprende con escenas muy bonitas y memorables entre los protagonistas. El final es agridulce y esperaba que fuera así por el curso de los acontecimientos.
Disfruté mucho este libro y lo recomendaría a personas que estén enemistadas con el género romántico, como yo. Cuenta una historia de amor pero no la exprime y no la arruina con melodramas innecesarios y agregados de azúcar en proporciones temibles. Trasciende el género. Hay amor y pasión, pero no como uno se lo imagina al leer las contratapas de ciertos libros. Esto es más del estilo de Jane Austen, en donde una relación o un matrimonio que está por concertarse termina sacando a la luz otras cosas, como la hipocresía de ciertos personajes y los convencionalismos endebles. Wharton tiene un estilo propio, muy sencillo pero sin fisuras, y se vuelve una autora muy interesante para ver. No me había convencido con los cuentos, pero esta novela sacó a relucir lo mejor de ella, evidentemente.

Enlace: http://desarmandoclasicos.bl..
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lauralovebook
 22 julio 2021
Edith Wharton escribió ‘La edad de la inocencia' en París al terminar la Primera Guerra Mundial cuando ya era una novelista consagrada. Se publicó en forma de folletín entre julio y octubre en 1920 en la revista Pictorial Review y posteriormente ese mismo año como novela. En 1921 Wharton ganó el Pulitzer de ficción siendo la primera mujer en conseguir dicho galardón.
La novela está ambientada en Nueva York en 1870 (época en que la autora era una niña) y a través de Newland Archer, nuestro protagonista, conoceremos a la encorsetada y anclada al pasado “buena sociedad” neoyorquina que lucha por no extinguirse en un mundo cambiante donde otros colectivos buscan hacerse hueco.
He visto que la novela está catalogada como romántica en varios sitios y no negaré que la historia de amor juega un papel muy importante dentro de la trama pero la novela trata otros temas tan tan interesantes y tan tan bien narrados que vale la pena solo por el retrato social que nos ofrece.
Newland tiene ideas innovadoras y hay momentos en que quiere luchar contra la constricción que le es casi innata por su origen, su casta. Es esa lucha entre lo tribal y lo personal la que impregna toda la trama de principio a fin.
He leído esta novela (y por fin me he estrenado con la autora) este mes de julio dentro del ciclo de #lcbritish. Hemos cruzado el charco como guiño a la celebración del 4 de julio 🇺🇸
Una novela 5⭐️ que he disfrutado muchísimo a pesar del mareo inicial con tantos nombres y familias. Una vez dentro de la trama no podía dejar de leer y disfrutar de cada línea. Wharton habla de muchas cosas aprovechado la trama y eso le da para mi un valor añadido muy importante. Además la forma de narrar es preciosa y hay pasajes que me han quedado grabados a fuego, como un meteorito en la nieve.
Dejo muchas cosas de la trama sin contar y es porque os recomiendo que os lancéis a leer la novela sin más información. Disfrutad.
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Citas y frases (14) Ver más Añadir cita
LecturasparavivirLecturasparavivir04 diciembre 2021
...el matrimonio no era un anclaje en puerto seguro, como le habían enseñado, sino un viaje por mares que no figuran en los mapas.
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LaubytheseaLaubythesea01 diciembre 2021
Y sentía más satisfacción al imaginar un placer inminente que al hacerlo realidad
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GalenaGalena02 abril 2020
Sus propias palabras, según las cuales «Las mujeres deberían ser libres, tan libres como nosotros» llegaban directamente a la raíz de un problema que su mundo había decidido considerar inexistente. Las mujeres «decentes», por agraviadas que hubieran sido, nunca reclamarían el tipo de libertad al que él se refería, y los hombres generosos como él se mostraban por tanto -en el calor de una discusión- especialmente caballerosos al concedérsela.
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marta_lomarta_lo21 junio 2020
Ella decía, por supuesto M’ama! y no , ya que una ley inalterable e incuestionable del mundo de la música ordenaba que el texto alemán de las óperas francesas, cantadas por artistas suecas, debía traducirse al italiano para mejor comprensión del público de habla inglesa.
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GalenaGalena02 abril 2020
Pronto su tarea consistiría en quitarle a esa joven la venda de los ojos e instarla a mirar de frente al mundo. ¿Pero cuántas generaciones de mujeres que habían tenido su misma educación bajaban a la cripta familiar con los ojos vendados? Se estremeció al recordar algunas de las nuevas ideas expuestas en sus libros científicos y el ejemplo, tantas veces citado, de los peces de unas cuevas de Kentucky que habían dejado de tener ojos porque no les servían de nada.
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Cuento de la escritora estadounidense Edith Wharton.
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