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Editorial: ENEIDA EDITORIAL S.L. (27/02/2015)

Calificación promedio : 4.33/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
Una atmósfera inquietante y aterradora gravita sobre estas historias en las que nada es lo que parece y donde el horror nos acecha detrás de cada página. La sorpresa se oculta bajo la piel de lo cotidiano en estos magistrales relatos de fantasmas que constituyen, probablemente, los mejores cuentos de terror del siglo xx.
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Críticas, Reseñas y Opiniones (2) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 18 enero 2018
Qué bonita es esta cubierta, por favor... y qué gusto da tocar estas ediciones rugosas...
Fin del momento superficial :))
Tres son los relatos de la maravillosa escritora norteamericana Edith Wharton que componen esta edición de Eneida. No pertenecen a ninguna colección de relatos única, sino que todos ellos fueron publicados con bastantes años de diferencia entre sí, y cuya recopilación viene dada precisamente por lo que ejemplifica esa preciosa imagen de la portada del libro: no solo son relatos sobre fantasmas, obviamente, sino que los tres están ambientados en el interior de una casa, tienen a una casa como protagonista, o se utiliza la casa para ejemplificar los terrores que tienen lugar en su interior, resguardados de miradas ajenas. Hay un tercer punto de conexión entre los tres relatos: el castigo. de tres maneras diferentes Wharton castiga a un personaje por sus malas acciones... o no, porque el tercer relato tiene su miga.
Aquí terminan las similitudes, pues aunque la narración de Wharton es muy distintiva, siempre preciosista y muy psicológica en el desarrollo de personajes, los tres relatos difieren mucho entre sí. Las voces narrativas cambian (unas veces en primera persona, otras en tercera), la ambientación también (dos de ellas transcurren en Inglaterra y la otra en Francia, donde ella vivió durante muchos años hasta su muerte), y el mismo trasfondo de la historia es totalmente distinto en las tres.
Se podría decir que el orden de los relatos hace que la lectura vaya de más a menos. O eso es lo que pensé cuando terminé de leerlo. Pero a día de hoy (que llevo tal retraso reseñando que se pasan sus buenos días/semanas entre que termino de leer y me siento a escribir la reseña) el último relato me sigue rondando la cabeza. Me sigue pareciendo el más flojo (que no malo, remarco la diferencia), pero también el más confuso, el que más hace trabajar al lector una vez lo ha leído. Puede parecer el más simplón y sin embargo es el que te deja pensando después, porque terminas de leer y te quedas en plan: "esto no puede terminar así... ¿cómo va a terminar así? ¿Pero qué me estás contando, Edith?". Y mirando por internet resulta que esta sensación la viene sufriendo todo aquel que lo ha leído desde que se publicó en 1902. Más de cien años después seguimos sin saber cómo explicar algunas cosas por muchos debates que haya sobre el tema. Así que el runrún este que me ronda al parecer es natural. Me quedo más tranquila.
Pero no adelanto acontecimientos y comento un poco de cada uno sin entrar en detalles, que si normalmente no quiero destripar nada, en un relato de fantasmas menos se puede decir todavía. Sí que debo decir que estos relatos están considerados como algunos de los mejores relatos de fantasmas del siglo XX, y para quien busque "emociones fuertes" o esté acostumbrado a literatura más moderna, pues le parecerán un poco simplones o carentes de misterio. Quizás alguno de ellos haya cumplido años mejor que los otros, pero hay que leerlos en su contexto de principios del siglo XX para sentir la magia que tienen (y su originalidad en algún caso, que también la hay). Yo los he disfrutado mucho. No en igual intensidad (unos más que otros), pero están tan bien escritos que da gusto leerlos.
La recopilación comienza con "Después", que tiene reminiscencias de Henry James (buen amigo de Wharton) en cuanto a la contraposición entre los americanos y los ingleses, y la opinión idealizada que tienen aquellos de estos así como de la vida en la campiña inglesa. Es quizás el mejor de los tres relatos, en el que mejor se mantiene el suspense o al menos la identidad del fantasma hasta bien adelantada la narración, y además introduce algún elemento muy innovador para la época que no puedo comentar porque estaría comentando detalles sobre las características del fantasma. Es lo que comento arriba, a cualquier lector que esté acostumbrado a emociones más fuertes le parecerá muy light (de hecho lo es, porque ni es de terror y ni asusta siquiera; es en el suspense in crescendo de la historia donde radica su valor), pero está muy bien narrada, muy bien desarrollada y la prosa de Wharton te va arrastrando mientras haces cábalas para intentar averiguar qué pasa.
El segundo relato es "Kerfol". Cambiamos de tercio por completo, tanto en estructura narrativa, como en narrador y ambientación. En esta ocasión estamos en Francia (Wharton ya vivía allí cuando lo escribió), concretamente en la Bretaña francesa. La historia está narrada en primera persona, y la historia se presenta de un modo diferente. El narrador visita la casa cuyo nombre da título al relato, allí suceden una serie de cosas que le intimidan, y es a posteriori que conocemos la historia de la casa, cuando le es relatada a nuestro protagonista. Supongo que no tendrá nada que ver (aunque viviendo en Francia y siendo considerada una autora muy francesa, tampoco sería de extrañar), pero en cierto modo esta forma de narrar me ha recordado un poco al Gaboriau de ciertas partes de la trama de El crimen de Orcival, editado el año pasado por la editorial dÉpoca. Volviendo a Kerfol, es un relato muy diferente y original, sobre todo por la historia que cuenta, por los hechos que dan pie al misterio y por la identidad del fantasma.
Se cierra la trilogía de cuentos con "La campanilla de la doncella". Este relato es el que comento más arriba que a priori parece el más flojo de los tres, y es el que luego te deja pensando todo el rato sobre qué carajo has estado leyendo. También narrado en primera persona (en este caso una doncella), conocemos o intuimos muy pronto la identidad del fantasma. Lo curioso de este relato no es esto; es que llegas a un final tan anodino a primera vista que te deja exactamente igual, como si hubieses estado leyendo mientras te encaminabas a un desenlace que no te soluciona ni te aporta nada. Pero empiezas a darle vueltas y te das cuenta de que no sabes por qué actuaba el fantasma como actuaba, si lo hacía para bien o para mal, el por qué de ciertas cosas que no quedan explicadas en la narración, e intuyes que Wharton quiere que trabajes tú. Ella te narra lo que te quiere narrar, el resto lo deja en manos del lector. Te fuerza a releer el relato. Y encuentras cosas que puedes explicar en detalles que te habían pasado desapercibidos, pero otras cosas se quedan como estaban. Y ya, por orgullo propio más que nada, me puse a buscar en internet y descubrí que mi sensación con este relato es la misma que ha sentido muchísima gente desde que fue publicado hace más de cien años, y que aun hoy en día, se siguen barajando posibilidades, alternativas, opciones que expliquen esos agujeros negros del cuento. Y siguen siendo eso, agujeros negros, porque no existe una explicaciòn incontestable que les dé sentido. Cada uno da su opinión, pero jamás se sabrá a ciencia cierta lo que Wharton tenía en mente. La genialidad de Wharton es fascinante, su intención de retar al lector a sacar conclusiones que jamás se verán confirmadas también... Así que ya dudo si es el más flojo o el más brillante de los tres. Probablemente lo segundo, pero el hecho de que no haya modo de explicar ciertas cosas, admito que es frustrante (ahora que no me lee nadie).
Esta recopilación de cuentos, por tanto, presenta tres relatos muy distintos entre sí en todos los aspectos, y que por el hecho de ser diferentes tienen todos y cada uno de ellos un gran valor literario. Pero que nadie se ponga a leerlos buscando emociones fuertes porque no las encontrará, ni pasará miedo, ni se asustará. Si por el contrario, se buscan relatos bellamente escritos (suena cursi, pero sí, están bellamente escritos), con un moderado suspense donde a veces nada es lo que parece, y una buena historia... que les dé una oportunidad porque se leen en un periquete, y es una buena forma de que aquellos que no conocen a Wharton se familiaricen con ella antes de adentrarse en sus novelas más extensas.
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Inquilinas_Netherfield
 12 febrero 2018
Qué bonita es esta cubierta, por favor... y qué gusto da tocar estas ediciones rugosas...
Fin del momento superficial :))
Tres son los relatos de la maravillosa escritora norteamericana Edith Wharton que componen esta edición de Eneida. No pertenecen a ninguna colección de relatos única, sino que todos ellos fueron publicados con bastantes años de diferencia entre sí, y cuya recopilación viene dada precisamente por lo que ejemplifica esa preciosa imagen de la portada del libro: no solo son relatos sobre fantasmas, obviamente, sino que los tres están ambientados en el interior de una casa, tienen a una casa como protagonista, o se utiliza la casa para ejemplificar los terrores que tienen lugar en su interior, resguardados de miradas ajenas. Hay un tercer punto de conexión entre los tres relatos: el castigo. de tres maneras diferentes Wharton castiga a un personaje por sus malas acciones... o no, porque el tercer relato tiene su miga.
Aquí terminan las similitudes, pues aunque la narración de Wharton es muy distintiva, siempre preciosista y muy psicológica en el desarrollo de personajes, los tres relatos difieren mucho entre sí. Las voces narrativas cambian (unas veces en primera persona, otras en tercera), la ambientación también (dos de ellas transcurren en Inglaterra y la otra en Francia, donde ella vivió durante muchos años hasta su muerte), y el mismo trasfondo de la historia es totalmente distinto en las tres.
Se podría decir que el orden de los relatos hace que la lectura vaya de más a menos. O eso es lo que pensé cuando terminé de leerlo. Pero a día de hoy (que llevo tal retraso reseñando que se pasan sus buenos días/semanas entre que termino de leer y me siento a escribir la reseña) el último relato me sigue rondando la cabeza. Me sigue pareciendo el más flojo (que no malo, remarco la diferencia), pero también el más confuso, el que más hace trabajar al lector una vez lo ha leído. Puede parecer el más simplón y sin embargo es el que te deja pensando después, porque terminas de leer y te quedas en plan: "esto no puede terminar así... ¿cómo va a terminar así? ¿Pero qué me estás contando, Edith?". Y mirando por internet resulta que esta sensación la viene sufriendo todo aquel que lo ha leído desde que se publicó en 1902. Más de cien años después seguimos sin saber cómo explicar algunas cosas por muchos debates que haya sobre el tema. Así que el runrún este que me ronda al parecer es natural. Me quedo más tranquila.
Pero no adelanto acontecimientos y comento un poco de cada uno sin entrar en detalles, que si normalmente no quiero destripar nada, en un relato de fantasmas menos se puede decir todavía. Sí que debo decir que estos relatos están considerados como algunos de los mejores relatos de fantasmas del siglo XX, y para quien busque "emociones fuertes" o esté acostumbrado a literatura más moderna, pues le parecerán un poco simplones o carentes de misterio. Quizás alguno de ellos haya cumplido años mejor que los otros, pero hay que leerlos en su contexto de principios del siglo XX para sentir la magia que tienen (y su originalidad en algún caso, que también la hay). Yo los he disfrutado mucho. No en igual intensidad (unos más que otros), pero están tan bien escritos que da gusto leerlos.
La recopilación comienza con Después, que tiene reminiscencias de Henry James (buen amigo de Wharton) en cuanto a la contraposición entre los americanos y los ingleses, y la opinión idealizada que tienen aquellos de estos así como de la vida en la campiña inglesa. Es quizás el mejor de los tres relatos, en el que mejor se mantiene el suspense o al menos la identidad del fantasma hasta bien adelantada la narración, y además introduce algún elemento muy innovador para la época que no puedo comentar porque estaría comentando detalles sobre las características del fantasma. Es lo que comento arriba, a cualquier lector que esté acostumbrado a emociones más fuertes le parecerá muy light (de hecho lo es, porque ni es de terror y ni asusta siquiera; es en el suspense in crescendo de la historia donde radica su valor), pero está muy bien narrada, muy bien desarrollada y la prosa de Wharton te va arrastrando mientras haces cábalas para intentar averiguar qué pasa.
El segundo relato es Kerfol. Cambiamos de tercio por completo, tanto en estructura narrativa, como en narrador y ambientación. En esta ocasión estamos en Francia (Wharton ya vivía allí cuando lo escribió), concretamente en la Bretaña francesa. La historia está narrada en primera persona, y la historia se presenta de un modo diferente. El narrador visita la casa cuyo nombre da título al relato, allí suceden una serie de cosas que le intimidan, y es a posteriori que conocemos la historia de la casa, cuando le es relatada a nuestro protagonista. Supongo que no tendrá nada que ver (aunque viviendo en Francia y siendo considerada una autora muy francesa, tampoco sería de extrañar), pero en cierto modo esta forma de narrar me ha recordado un poco al Gaboriau de ciertas partes de la trama de El crimen de Orcival, editado el año pasado por la editorial dÉpoca. Volviendo a Kerfol, es un relato muy diferente y original, sobre todo por la historia que cuenta, por los hechos que dan pie al misterio y por la identidad del fantasma.
Se cierra la trilogía de cuentos con La campanilla de la doncella. Este relato es el que comento más arriba que a priori parece el más flojo de los tres, y es el que luego te deja pensando todo el rato sobre qué carajo has estado leyendo. También narrado en primera persona (en este caso una doncella), conocemos o intuimos muy pronto la identidad del fantasma. Lo curioso de este relato no es esto; es que llegas a un final tan anodino a primera vista que te deja exactamente igual, como si hubieses estado leyendo mientras te encaminabas a un desenlace que no te soluciona ni te aporta nada. Pero empiezas a darle vueltas y te das cuenta de que no sabes por qué actuaba el fantasma como actuaba, si lo hacía para bien o para mal, el por qué de ciertas cosas que no quedan explicadas en la narración, e intuyes que Wharton quiere que trabajes tú. Ella te narra lo que te quiere narrar, el resto lo deja en manos del lector. Te fuerza a releer el relato. Y encuentras cosas que puedes explicar en detalles que te habían pasado desapercibidos, pero otras cosas se quedan como estaban. Y ya, por orgullo propio más que nada, me puse a buscar en internet y descubrí que mi sensación con este relato es la misma que ha sentido muchísima gente desde que fue publicado hace más de cien años, y que aun hoy en día, se siguen barajando posibilidades, alternativas, opciones que expliquen esos agujeros negros del cuento. Y siguen siendo eso, agujeros negros, porque no existe una explicaciòn incontestable que les dé sentido. Cada uno da su opinión, pero jamás se sabrá a ciencia cierta lo que Wharton tenía en mente. La genialidad de Wharton es fascinante, su intención de retar al lector a sacar conclusiones que jamás se verán confirmadas también... Así que ya dudo si es el más flojo o el más brillante de los tres. Probablemente lo segundo, pero el hecho de que no haya modo de explicar ciertas cosas, admito que es frustrante (ahora que no me lee nadie).

Esta recopilación de cuentos, por tanto, presenta tres relatos muy distintos entre sí en todos los aspectos, y que por el hecho de ser diferentes tienen todos y cada uno de ellos un gran valor literario. Pero que nadie se ponga a leerlos buscando emociones fuertes porque no las encontrará, ni pasará miedo, ni se asustará. Si por el contrario, se buscan relatos bellamente escritos (suena cursi, pero sí, están bellamente escritos), con un moderado suspense donde a veces nada es lo que parece, y una buena historia... que les dé una oportunidad porque se leen en un periquete, y es una buena forma de que aquellos que no conocen a Wharton se familiaricen con ella antes de adentrarse en sus novelas más extensas.

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