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Crítica de Paloma


Paloma
30 septiembre 2019
Este libro me ha impresionado y conmovido profundamente –entre tantos títulos que hoy en día encontramos abordando de manera directa cuestiones como el racismo y la misoginia, me sorprende que una obra de ficción, una novela, logre, de forma breve, tajante y contundente, tratar también estos temas. Y no porque la literatura no pueda lograr esto; al contrario, yo creo fervientemente que ésta nos hace reflexionar sobre cuestiones fundamentales de la vida cotidiana sin por ello sacrificar su calidad como obra de arte. Es quizá que hacía varios meses que no me encontraba con un libro como éste, un clásico, perfecto en ejecución y contenido. Y es que El Color Púrpura es una de esas novelas que permanecerán por siempre conmigo.

El libro presenta las vidas de dos hermanas, Celie y Nettie, nacidas en el sur de los Estados Unidos, a principios del siglo XX. Su infancia y adolescencia es desgraciada: huérfanas de madre, su padre se vuelve a casar, pero Celie es abusada por él y tiene dos hijos a quienes éste hombre le arrebata. al poco tiempo, Celie se casa con un hombre viudo, quien también la maltrata y la obliga a hacerse responsable de los hijos que tuvo con la primera mujer. Unos pocos años después, Nettie también abandona la casa paterna, ya que también está en peligro de ser abusada –después de una pequeña temporada en casa de Celie y su esposo, y al rechazar los avances de éste, debe de nuevo abandonar el lugar y es así como llega a casa de un pastor y comienza su vida como misionera. Pasará los siguientes 30 años en África. Durante todos esos años, siempre le escribirá a Celie, sin tener respuesta, ya que el esposo de Celie, en venganza, le esconderá las cartas.

La novela está de hecho narrada a través de cartas –tanto de Celie a Dios, como posteriormente a Nettie, y las cartas de ésta a su hermana, que a mitad del libro comenzamos a descubrir. Las cartas son una especie de diario en donde consta el sufrimiento de Celie a manos de los hombres que estuvieron en su vida, y el cambio que muchos años después comienza a fraguarse cuando conoce a Shrug Avery, amante de su marido y el único amor de su vida.

El Color Púrpura es una retrato cruel del racismo imperante en las comunidades afroamericanas en los Estados Unidos pero también del mismo racismo, intolerancia y misoginia que los miembros de esta comunidad se inflige entre ellos, particularmente contra las mujeres. Quizá esto fue lo que más me impactó: lo común que resultaba (y resulta) denigrar a la mujer solo por su condición, y lo irracional de prejuicios como éste, que no solo destruyen al persona contra la cual se ejercen sino también a quien lo ejerce –un odio que deshace lo positivo que hay alrededor.

Por otro lado, Celie es posiblemente una de las protagonistas más fuertes e íntegras que la literatura y durante la historia vemos dicho crecimiento año con año. de ser una mujer resignada a, observamos como ciertas situaciones y personas contribuyen a forjar un carácter mucho más decidido. Siempre fue una persona resiliente a la adversidad pero el tiempo hace que lo vivido permee en su forma de ser y comience a defenderse.

Dos mujeres importantísimas en su vida son Sofía y Shrug –Sofía es la esposa de Harpo, hijo mayor de su esposo, y es una chica que se casa enamorada del muchacho. Sin embargo, su felicidad nunca llega a ser completa porque Harpo cree que para demostrar su hombría debe someterla, aunque la ama, y busca pleitos y peleas sin contar que Sofía sabe defenderse. Sus prejuicios, su idea heredada de que el hombre debe tener la última palabra, destruyen su matrimonio. Celie al principio no puede creer que una mujer pueda comportarse así, no porque no deba sino porque tiene miedo. Porque ella solo conoció golpes y vejaciones y no tenía la fuerza para defenderse. Sin embargo, termina admirando a Sofía pues si bien su ‘carácter' contribuye a su separación de Harpo, ella sabe, como un personaje le comenta:

“Me dijo que tu pensabas que tu manera de hacer las cosas era tan buena como la de cualquiera. Y que además era tuya.”

Sofía en todo momento demuestra que ni el ser de color negro ni el ser mujer es una condición para avergonzarse ni para tolerar el abuso de nadie, ni blancos ni negros.

Shrug Avery es también una mujer fundamental –no solo le enseña la posibilidad el amor, sino la belleza de la vida, el derecho que tienen los seres humanos para ser felices y buscar esa felicidad sin importar las circunstancias. Shrug es un importante apoyo para Celie, en su camino a superar los malos tratos de su esposo, y en independizarse. Si bien esta mujer no era una santa –era amante del marido de Celie, había abandonado a sus hijos y llevaba una vida de excesos, es sin duda un personaje que ejemplifica que el ser humano no es blanco o negro y que ciertas acciones no nos condenan o hacen malas personas. Es a través de ella que Celie comienza a perdonar y seguir adelante, aceptando lo que sucedió pero sin amargarse:

“- A mí me parece que Dios se mosquearía si al pasar por un campo no vieras el color púrpura.
-¿Y qué hace Dios cuando se mosquea?
-Oh, seguramente busca otra forma de agradarte. Cree la gente que lo único que a Dios le interesa es que lo alaben. Pero cualquier idiota que viva en este mundo puede darse cuenta de que Dios también quiere contentarnos.
-¿Si?
-Sí. Siempre está dándonos pequeñas sorpresas cuando menos los esperamos.”

Hubo sin duda muchos momentos que me dieron muchísima rabia, el mismo coraje que Celie tuvo y el dolor que afrontó, pero al final, Walker resuelve las cuestiones con una actitud fuerte, feminista pero sin dejar de ser nunca, humana.
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