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Crítica de Carampangue


Carampangue
17 agosto 2019
Aún siendo uno de los narradores más destacados del siglo XX, Kurt Vonnegut fue inicialmente un hombre de formación científica, un bioquímico. Y eso se nota en su afición a presentar hechos desnudos en sus novelas, y luego evaluarlos según la evidencia, y no según los prejuicios habituales, así como en la aparición de observaciones y evaluaciones científicas en sus obras. En Galápagos, la novela se ve obligada a seguir la ley de la evolución.


Por otra parte, aunque haya escrito novelas con elementos y detalles científicos, e incluso aunque se le catalogue como un autor de ciencia ficción -de forma claramente equivocada, me parece-, la preocupación fundamental de Vonnegut siempre es humana: su extrañeza ante la espantosa capacidad que las personas tenemos de hacernos daño de forma gratuita y "natural", siendo que no es nada natural. En esto se puede ver la sombra de la biogafía del autor, quien siendo niño recibió la influencia de personas cercanas, miembros de diversas asociaciones sociales, y conoció a gente que le dejó instalada la idea de que no tiene sentido hacernos daño unos a otros, y sí, en lo posible, ayudarnos y mostrarnos compasivos.


Pero, sobre todo, el hecho de mayor influencia para Vonnegut será su experiencia como soldado, en la Segunda Guerra Mundial, y luego como prisionero de guerra. Vivió el bombardeo de Dresden, una canallada absolutamente innecesaria (Dresden no tenía ninguna importancia como objetivo militar, y estaba llena de civiles indefensos que fueron quemados porque sí), y a partir de ahí fue madurando la idea de que la guerra es la mayor de las locuras, en la que niños, o casi niños, son enviados a morir absurdamente. Y en general se preocupará de todas aquellas cosas absurdas y dañinas que hacemos con otros, del hecho sorprendente de que seríamos capaces de crear un paraíso, si nos pusiéramos a ello, pero en cambio solamente creamos una enorme variedad de infiernos sobre la tierra. Y el no menos sorprendente de la importancia que nos damos a nosotros mismos, como si no fuésemos más que otro experimento de la evolución, al igual que los altamente resistentes virus, los ultradaptados cactus o los ridículos perezozos que apenas consiguen sobrevivir.


Dicho todo lo anterior, hablemos de Galápagos. Ese es el nombre de un pequeño archipiélago perteneciente a Ecuador, y de cómo se convirtió en la nueva cuna de la humanidad, después de que nuestras espantosas decisiones llevaran a la Tierra a un colapso total, y a la extinción de la especie... exceptuando a un pequeño grupo que viajaba en un crucero venido a menos, al cual casi todos sus pasajeros habían renunciado, y que curiosamente, al encallar en las islas, le da otra oportunidad a la humanidad.


Y la humanidad había perdido su oportunidad, por culpa de sus voluminosos y fuertes cerebros, capaces de imaginar cosas tan increíbles como los aviones, las vacunas, o los colapsos financieros. O las bombas atómicas. Esos voluminosos cerebros no resultaban adecuados para la evolución: nos volvían paranoicos, o mentirosos, o a veces se volvían locos y el dueño de ese cerebro no se daba cuenta. Terminaban fabricando horrores, uno tras otro, y volviéndose en contra de nosotros mismos.


Los miembros de este crucero, liderados por un inepto cuyo voluminoso cerebro solamente lo ha llevado a tomar decisiones egoístas y estúpidas, terminan en una de las islas, con poquísimos elementos para sobrevivir... y entonces la evolución hace lo suyo. Narrada la historia por un pesonaje capaz de ver los millones de años de evolución, y de contarnos sus resultados, Galápagos resulta una novela brutalmente irónica, una sátira respecto de todos nosotros, una novela aderezada con burlas, citas literarias y filosóficas, fragmentos y disgresiones que parecen ajenas a la obra, pero que terminan siendo fundamentales, y un poco de teoría de la evolución para hacernos entenderlo todo.


Y fundamentalmente, un alegato en contra de nuestra propia y perversa especie, al tiempo que un alegato en favor de las simpáticas focas y leones marinos.
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